Las múltiples agresiones sexuales que vienen ocurriendo, año
tras año, en las Fiestas de san Fermín y que la mayoría de las veces no son
denunciadas, por temor a que las versiones de las mujeres no resulten creíbles,
al desarrollarse los hechos en un ambiente sobrecargado de alcohol y sustancias
estupefacientes, se están convirtiendo en una macabra rutina que atenta directamente sobre el papel de la
mujer en una sociedad, cargada aún de un machismo sin control, imperdonable en
la época que vivimos.
Todos hemos visto concretamente en estas fiestas, ataques de
mayor o menor envergadura, cometidos contra mujeres abiertamente y en presencia
de las miles de personas que se congregan durante estos días en Pamplona, como
si las leyes establecidas pudieran obviarse, por motivos meramente lúdicos y lo
que es peor, como si el hecho de ser mujer, en medio de una marea de
semineardentales ansiosos de mantener contacto corporal con las hembras de su
especie, fuera considerado como una permanente provocación que da patente de
corso para agredir, tocar o violar, sólo o en compañía de otros, sin que por
ello se pague ninguna clase de castigo.
La indiferencia de las autoridades navarras en este tipo de
hechos y la falta de vigilancia en los lugares más concurridos, en los que
estamos hartos de ver cómo se producen tocamientos, delante mismo de las
cámaras que retransmiten los festejos, sin que se produzcan intervenciones
policiales contra los agresores, resulta ser inaceptable y merece en sí misma,
una denuncia colectiva que contribuya a erradicar estas prácticas abusivas
sobre las mujeres, que son en definitiva, las únicas víctimas reales de su
incompetencia.
No cabe, sino preguntarse qué clase de educación están
recibiendo estos delincuentes sexuales, que para mayor inri, suelen atacar en
manada y grabar sus ataques para colgarlos después en las redes sociales, como
si hubieran ganado una copa del mundo y qué parte de culpa podría atribuirse,
primero a las familias de las que
proceden y después a la sociedad en general, en la poca evolución mental que
han experimentado estos individuos que permanecen anclados al mundo de las
cavernas, sin que su mente se haya desarrollado más allá, de sus propios
instintos.
Tampoco se entiende que las mujeres navarras permanezcan
inertes ante la reiterada consumación de este tipo de aberrantes delitos en su ciudad y que no hayan exigido aún, a las
autoridades pertinentes, una intervención seria que les garantice la seguridad
de poder andar por las calles libremente, en condiciones de igualdad con los
del sexo opuesto y sin tener que estar mirando continuamente alrededor, con
miedo a ser agredidas en cualquier momento, del día o de la noche.
Sinceramente, las Fiestas de San Fermín, se están
convirtiendo en peligrosas para todas y cada una de las mujeres y no estaría
mal, en vista de los sucesos que vienen ocurriendo, recomendar que no se asista
a ellas, hasta que no se logree erradicar esta lacra social, que equipara a
ciertos hombres, con las peores bestias.
La indignación que causa comprobar que los festejos siguen
adelante, como si no hubiera ocurrido nada, mientras las víctimas tienen que
acostumbrarse a vivir con toda la crudeza del trauma que les han producido, no
puede ser mayor y reclama, con toda urgencia, una justicia poderosa que castigue
hasta sus últimas consecuencias a estos agresores reprimidos, machistas
recalcitrantes y orgullosos de serlo, con penas que les hagan aprender todo lo
que nunca quisieron saber sobre la igualdad y el respeto que se deben entre sí
los seres humanos, sean hombres o mujeres, indistintamente.

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