miércoles, 6 de julio de 2016

Sin acuerdos


Tanto se ha preocupado el PP, durante los años que ha estado en el Gobierno, de grajearse la enemistad del resto de las fuerzas del arco parlamentario español, a las que ha ignorado sistemáticamente, en la toma de todas las decisiones, que ahora que necesita apoyos para poder mantenerse en el poder, no encuentra a nadie que quiera arriesgarse a pactar, pues ello  supondría causar una grave decepción a los ciudadanos que les votaron.
Hemos dicho muchas veces que los errores políticos terminan por pagarse y aunque por circunstancias que todos conocemos, los electores no hayan respondido con contundencia a lo que ha ocurrido en el pasado más reciente, los incontables casos de corrupción, los recortes y la considerable merma de derechos civiles y sociales, pululan sobre la mesa de negociación abierta tras el 26J y nadie quiere ser el primero en alinearse con un Mariano Rajoy, al que persigue la naturaleza de sus propios actos , encadenándole sin remisión, al aislamiento.
Así, los nacionalistas vascos y catalanes le han negado la mano que les pedía y aunque aún no  tengamos certeza de lo que ocurrirá finalmente, para ninguno resulta fácil prestar ayuda  al mismo que ignoró las voces que reclamaban insistentemente el cese de unas políticas de austeridad, que sólo a sus socios europeos convencían, por motivos más que evidentes.
Con Pedro Sánchez desaparecido y el PSOE debatiéndose agónico entre los partidarios de no pactar jamás con el principal enemigo y los que son favorables a facilitar con la abstención, el nombramiento de Rajoy como Presidente, el resto de las Formaciones han debido pensar que esta batalla debe librarse, en toda su intensidad, entre los dos grandes Partidos tradicionales y todos se apartan prudentemente de los primeros planos de la actualidad, esperando que entre ellos, sean capaces de resolver una situación que  generaron y que ahora les pesa como una losa, de la que no pueden desprenderse, por mucho que lo hayan intentado.
Porque pactar con Rajoy ha de acarrear necesariamente serios perjuicios, ni siquiera los que comparten ideario con él, pueden justificar de manera natural la firma de un acuerdo que supondría perdonar y olvidar, no solo los gravísimos casos de corrupción que circundan al candidato, rozándole peligrosamente incluso en el plano personal, sino también, la situación desesperada  a la que ha llevado a millones de ciudadanos, que reclaman de sus representantes en el Parlamento, por lo menos, un poco de justicia.
Así, ni tan siquiera Ciudadanos se atreve a ponerse abiertamente al lado del candidato conservador y prefiere aguardar, en la penumbra, a que el PSOE tome por fin una decisión que marcará un antes y un después en la propia historia de este Partido, históricamente enemigo de la derecha  y tradicionalmente líder de una oposición que ahora se antoja mucho más colorida y variopinta, por la composición del Parlamento.
Los  fantasmas del pasado, acosan a un Mariano Rajoy que al menos, se está viendo obligado a pagar, con enormes dosis de incertidumbre, lo ocurrido durante una legislatura plagada de soberbia y tiranía.

Pase lo que pase, el debilitamiento de su figura política es una evidencia que nadie puede negar y el futuro que tiene por delante, no podría ser menos halagüeño. 

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