domingo, 10 de julio de 2016

Compuesta y sin novio


Se queda Sevilla, engalanada, relimpia como los chorros del oro, adornada con miles de flores multicolor que duramente resistirán la solemnidad de los 42 grados de temperatura que incidirán directamente sobre ellas, tomada por un despliegue de seguridad faraónico, montado para una ocasión de esas que algunos consideran irrepetibles y hasta libre de la delincuencia habitual, que ha huido despavorida, en la seguridad de ser pillada infraganti por alguno de los policías camuflados que esperarían entre la multitud, el corto paseo entre la Catedral y el Alcázar, que pensaba dar el Rey, en compañía de Obama, y digo pensaba, porque finalmente, no ha venido.
Con la circulación a punto de ser cortada y los grandes aparcamientos de la ciudad cerrados a cal y canto, para evitar posibles tentaciones y la gente, preparada con sus mejores galas para aguantar el sol de justicia y la ilusión de estrechar la mano del Amo del Mundo, todo el dispositivo se ha venido abajo y también, las arcas del Ayuntamiento, a las que nadie restituirá el desembolso que ha tenido que hacer, en espera de la visita.
A la vista de lo ocurrido, uno no puede por menos que recordar, por la enorme similitud de ambos sucesos, aquella magnífica película de Berlanga “Bienvenido, Mr. Marshall”, en la que el imborrable Pepe Isbert se volcaba afanosamente en preparar su pequeño pueblo, para la visita de los americanos, llegando a contratar a una cantante de copla, que protagonizaba Lolita Sevilla y a la que representaba un Manolo Morán, en todo su esplendor, que tanto nos hizo y nos hace reír, cada vez que volvemos a verla.
Claro que esta vez, ni siquiera han tenido los vecinos ocasión de ver pasar por la ciudad, a toda velocidad, el coche del Presidente y tampoco les quedará el consuelo de que venga el Rey, que ha cancelado, naturalmente, su visita, en vista de los acontecimientos.
Un poco más de suerte van a tener los roteños, que también habrán gastado lo suyo, pero a los que la presencia física de la base americana concede ciertos privilegios y quizá alguno pueda contar a sus nietos que vio a Obama pasar cerca de sí, como si rozar la mano del Presidente fuera a solucionar alguno de los graves problemas que padece la zona, por arte de una magia secreta.
Puede que hasta tengamos la oportunidad de contemplar alguna de esas manifestaciones contrarias a las políticas que se practican en USA y hasta que se detenga a los participantes, bajo el amparo de la Ley mordaza aprobada por el PP y que no deja títere con cabeza desde que entró en vigor, como hemos podido comprobar, a menudo, los que defendemos la libertad de expresión que nuestro gobierno nos niega.
Así que todo el esfuerzo que ha puesto Mariano Rajoy en recuperar las buenas relaciones con Estados Unidos, que se rompieron estrepitosamente cuando Zapatero retiró las tropas españolas de Irak, con toda  la razón, por cierto, van a quedar finalmente eclipsados por la gravedad de los sucesos vividos en Dallas durante estos días y por el peso de un problema racial que aquel territorio, continúa produciendo miles de víctimas y al que nunca termina de dársele solución, probablemente  porque las enormes desigualdades  entre negros y blancos, continúan creciendo.
Pero eso, poco importa a quiénes se habían hecho a la idea de pasar el día de aquí para allá, persiguiendo un selfie con el Presidente y que ahora, por el rigor estival, han tenido que meterse en las caravanas domingueras que conducen a las playas más cercanas, con los niños, el perro y sin tiempo para hacer las tortillas y lo que es aún peor, con la sensación de que nunca más tendrán la posibilidad de estar cerca de un líder de estas características.
Menos mal que la mayoría de nosotros no pertenecemos a esa extraña especie y poco o nada nos importa si viene Obama o no, para disfrutar de un fin de semana pleno de diversión, cada cual, a su propia manera.
De todos modos, ya se encargarán las televisiones de dar, hasta la saciedad, cobertura al evento y hasta puede que con un poco de suerte podamos ver a Pablo Iglesias decirle al number one, alguna de esas cosas que a todos nos gustaría poder decirle.






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