lunes, 25 de julio de 2016

Todos quieren el cambio


Siguen pasando los días sin que ninguno de los Partidos  del país, excepto Podemos, se atreva a definir qué línea seguirán, si mariano Rajoy decide, por fin, atreverse con la Investidura y una especie de urgencia por un cambio por el que sólo apostaban unos cuántos, a los que se tildaba de locos y populistas, se ha apoderado de todos y cada uno de los líderes políticos, incluido Mariano Rajoy, que está dispuesto a negociar, como hemos visto días atrás, hasta con los nacionalistas, con tal de mantenerse en el poder, ahora que las cosas se le han torcido y aquella mayoría absoluta con la que nos tiranizó durante cuatro años, ha quedado muy lejos.
La insufrible ambigüedad con que se comportan unos y otros, sin atreverse en algunos casos ni siquiera a confesar los votos que emitieron en la elección de la mesa del Parlamento y los vaivenes entre el sí, el no y la abstención que airean ante los medios Rivera, Sánchez y los nacionalistas, transformando cada día, aquello que afirmaron ayer, han  convertido estos tiempos que vivimos en una especie de pasillo de comedia de enredo, en la que los ciudadanos no terminan de saber nunca quién es quién y menos aún, a qué corriente de pensamiento pertenece, pues todo indica que estarían dispuestos a vender a su propia madre, a cambio de una parcela de poder, aunque eso sí, declarándose adalides de un cambio que a este paso va a tardar muchísimo en llegar, si es que llega, cosa que dudamos seriamente los que apostamos por él, desde el principio.
Van y vienen, estos políticos ineptos para la negociación fuerte y sincera, de un ángulo al opuesto, en sólo una fracción de segundo, dejando al personal absolutamente boquiabierto con su más que evidente indecisión y sobre todo, con la capacidad de culpar a los demás que han desarrollado mientras fracasaban en sus encuentros con otras Fuerzas, como si cada uno de ellos rozara, en sí mismo, la perfección y fueran los otros los que no queriendo abandonar ciertas posiciones definitorias de su signo, quiénes erraran permanentemente en sus decisiones, sin nunca reconocerlo.
Pero el caso es que han pasado siete meses desde que votamos en Diciembre y aun habiendo tenido que recurrir a unas segundas elecciones en Junio, nada se ha avanzado en lo que desde las urnas ordenaron los ciudadanos, es decir, en el arte de negociar los unos con los otros, para hallar una buena solución que garantice que alguno de ellos se convierta en Presidente y empiece a trabajar de una vez, por mejorar la situación del territorio patrio.
Llegados a este punto, a uno no le queda más remedio que preguntarse si realmente no estamos mejor sin Gobierno, en una especie de sentimiento anarquista sobrevenido a través de la ridícula situación que estamos viviendo y sobre todo, si verdaderamente alguno de estos inútiles merece por mérito propio ser investido Presidente de la Nación, o estaría mejor en su casa, ejerciendo otras labores que nada tuvieran que ver con las disciplinas políticas.
Y lo peor, es que los ciudadanos, cansados de tanta incompetencia, estamos perdiendo todo interés por lo que sucede en este peculiar país nuestro, que de momento, avanza como pollo sin cabeza, hacia no se sabe dónde, bajo la batuta de un gobierno en funciones que se está haciendo eterno y más que se va a hacer, si no se encuentra pronto un camino que termine por romper la monotonía y  el tedio que provocan, la indefinición absoluta de todos éstos.
Muchos, se han marchado de vacaciones y otros lo haremos pronto, con la sensación de que a nuestra vuelta, nada se habrá resuelto y sobre todo, de que aún falta mucho para que a cada cuál le cuadre aquello que espera obtener, casi siempre gratuitamente, de la benignidad de los otros.
Dan ganas de mandarlos a todos a hacer puñetas.



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