lunes, 18 de julio de 2016

Venganza incontrolada


Nada hay peor, que no saber permanecer dentro de los límites que marca estrictamente la justicia, cuando se sale vencedor de algún conflicto y caer en la tentación de ejercer una venganza extrema, contra los que resultaron perdedores, en aras del ejercicio de un poder, que suele obnubilar al que lo posee y más aún a aquel que habiéndolo tenido en sus manos, sintió la amenaza de perderlo violentamente, por medio de las armas.
Mucho entendemos los españoles de esa represión inhumana y brutal que persiguió  sin tregua a los perdedores de nuestra guerra civil y que convirtió al que venció en una persona odiosa que nunca consiguió conciliar las relaciones entre los ciudadanos que pertenecieron a uno y otro bando, haciendo que el conflicto se haya prolongado, en esencia, muchos años después de su muerte y que todavía hoy, haya personas que esperen una restitución del honor de sus familiares, al pie de las fosas que aún quedan sin abrir, a lo largo y ancho de muestra geografía.
Las medidas que está tomando Erdogán en Turquía, tras sofocar el intento de golpe de Estado de la pasada noche del Sábado, parecen ir directamente encaminadas en esa dirección y hacen concluir que ese país no tardará mucho en convertirse en una dictadura , en la que la figura del actual Presidente, se vaya convirtiendo en imprescindible, a juzgar por los más de siete mil detenidos que ya se contabilizan, apenas en una jornada y que incluyen no sólo a militares relacionados con la intentona golpista, sino también a jueces y periodistas declaradamente contrarios a las políticas de un Presidente, que se ha sentido reforzado con el apoyo recibido por su pueblo, que permanece en las calles.
Erdogán, que ya ha sido apercibido por Europa, al sugerir que podría volver a instaurar la pena de muerte en el país y que siempre ha sido un personaje oscuro, de cuyas auténticas intenciones se sabe muy poco, no ha tardado en tomar el mando de modo absolutamente radical, dejando claro que no perdona ni perdonará nunca a los que intentaron arrebatarle el poder, sino que tampoco consiente ni va consentir en el futuro, ningún tipo de oposición que pueda poner en peligro su permanencia en el cargo.
Este peligrosísimo viraje, complica extraordinariamente la situación política en la zona, teniendo en cuenta que Turquía era hasta ahora una especie de muro de contención que en cierto modo, frenaba con su aparente europeización, los conflictos entre Oriente y Occidente y coloca a la Unión Europea, que aparentemente estudiaba la posibilidad de admitir a los turcos como socio en la Comunidad, en una agónica situación  de la que le va a resultar francamente difícil salir, si allí se instaura una Dictadura.
Con la guerra de Siria en plena ebullición y los radicales islamistas atentando indiscriminadamente de manera periódica en pleno corazón de Europa, el golpe de Estado en Turquía y las consecuencias que traerá consigo, a partir de ahora, reclaman con urgencia un análisis a fondo del panorama político que puede abrirse ante nuestros ojos en aquella zona y una toma de decisiones milimétricamente estudiadas, que no vayan a constituir un nuevo error del que después sería difícil resarcirse.
Porque permitir que siga produciéndose esta purga indiscriminada que ha seguido al golpe y que continúe esa especie de llamamiento a la radicalización ciudadana que está alentando el Presidente, podría llevar a una nueva guerra civil, de características similares a la que se desarrolla en Siria y a una nueva intervención del llamado Estado Islámico en el conflicto, deseoso como está, de ampliar límites territoriales, del modo que sea.
Con el atentado de Niza muy presente y la amenaza del terrorismo latente en todo el Continente, sin excepción de Países  ni ciudades, Europa no puede permitirse mirar hacia otro lado mientras se desarrollan ante sus ojos, hechos de la contundencia de los que están ocurriendo en Turquía.
Bien está, que se juzgue a los golpistas y que paguen por su acción, con las penas que marca la ley, los instigadores de la intentona, pero atendiendo a los hechos ocurridos y teniendo en cuenta el estrepitoso fracaso del golpe en sí, carece de toda verosimilitud que hubiera más de seis mil personas implicadas en la acción, por lo que no cabe sino deducir, que un buen número de los detenidos, lo han sido por motivos, meramente políticos y según el criterio personal del Presidente.
Teniendo en cuenta que en España aún no hemos conseguido saber, después de treinta y cinco años, quiénes formaron parte de la trama civil del 23F, cuesta trabajo creer que en Turquía hayan sido capaces de dilucidar la participación de todas y cada una de esas siete mil personas, en un solo día, en el intento del asalto al poder.

Con esa reflexión les dejo.

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