lunes, 4 de julio de 2016

Efectos de un verano distinto


Para sorpresa de todos los analistas económicos, que esperaban que con el brexit y la ausencia de gobierno, los datos del paro del mes de Junio fueran absolutamente desastrosos, las cifras que hemos conocido hoy, resultan ser  las mejores desde el año 2009, por lo que podría deducirse, poniendo un poco de malicia de nuestra parte, que a los españoles se nos contrata más, cuando no tenemos Presidente.
La noticia, que sería buena si no supiéramos que la precariedad y la temporalidad están presentes en todas estas nuevas contrataciones,  pone de manifiesto, al menos, que estando como está el gobierno en funciones, por cuestiones de carácter electoral, el país sigue marchando, sin que por lo tanto nadie pueda adjudicarse las claves de esta mejoría relativa.
Con un Mariano Rajoy asentado en una postura de absoluto mutismo y un Pedro Sánchez desaparecido desde la misma noche electoral, cualquier teoría sobre pactos, para una investidura que debiera ser indiscutiblemente urgente, se convierte en una mera elucubración y los ciudadanos seguimos en vilo, asombrados por la parsimonia y la falta de responsabilidad que demuestran nuestros políticos, para encontrar una solución al problema.
Pero entre el campeonato de fútbol europeo y la llegada de las vacaciones estivales, que ya de por sí lo paralizan todo, en este país nuestro, las dificultades para el ejercicio de una política que requiere cierto nivel, por lo complicado de la situación, parecen haberse multiplicado por mil  y mucho nos tememos que se agotarán todos los plazos posibles, hasta que podamos saber quién será nuestro próximo Presidente.
Entretanto, los de Podemos hablan de una renovación total en su manera de plantearse las líneas que seguirá su Partido, a partir de ahora y los de Ciudadanos, hasta ayer solícitos y dispuestos a facilitar la investidura a cualquiera que comulgara con su ideología liberal, dan un paso atrás, dejando que sean los socialistas quiénes carguen con la responsabilidad de decidir y también con los riesgos que conllevaría para su prestigio como Partido, aupar hasta la Presidencia a quién hasta hace bien poco, consideraban como su peor enemigo.
La forma de afrontar el problema no se antoja precisamente como la más correcta y mientras el tiempo pasa, y ya son siete meses los que nos separan de aquellas elecciones de diciembre, todo sigue parcialmente paralizado en una especie de compás de espera que se está haciendo eterno, sin que seamos capaces aún de saber qué sucederá, ni qué clase de futuro nos aguarda a todos los que pagamos escrupulosamente, los sueldos de estos políticos ineptos.
Lo que intuimos que pasará, es que al final,  todos acabarán cediendo y que será Rajoy, apoyado por una gran abstención en la sesión de su investidura, el que se alce con una agónica victoria que le permita gobernar, en una legislatura que se augura para él, corta y plagada de sufrimiento.
Afectados también nosotros, por la desgana que produce el insoportable calor, sólo nos queda, armarnos de paciencia y disfrutar, en el caso de poder permitírnoslo, de esas vacaciones a las que todos tenemos derecho, con la esperanza de que a nuestra vuelta, los políticos hayan sido capaces de ponerse de acuerdo y ya tengamos Presidente.




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