jueves, 7 de julio de 2016

Las huellas de Irak


Las demoledoras conclusiones del informe Chilcot, sobre lo que ocurrió en los meses previos a la invasión de Irak, que capitanearon los protagonistas de la foto de las Azores, viene a corroborar todos los temores que se barajaron entonces sobre la manipulación descarada que se hizo sobre un conflicto que podría haberse resuelto por la vía diplomática, pero que por cuestiones de intereses, se derivó intencionadamente hacia un camino belicista, cuyas consecuencias aún estamos pagando.
En dicho informe, se menciona especialmente la estrecha relación que mantenía el entonces Presidente español, José María Áznar , con Blair y cómo entre ambos diseñaron una estrategia para manipular la opinión de sus respectivos conciudadanos, para justificar una intervención armada en Irak, a la que se opusieron, no sólo los Organismos internacionales, sino también, masivamente, los ciudadanos de todo el mundo.
Como todos sabemos, Áznar es el único de los protagonistas de aquella fatídica foto, que todavía no ha  pedido públicamente perdón por las mentiras sobre las armas de destrucción masiva que entonces se manejaron y también el único que continúa manteniendo la tesis de que no se equivocó al sumarse al bando de los invasores, a pesar de que la historia ha ido, inexorablemente, demostrando la naturaleza de su fracaso.
Aquel Partido Popular de entonces, cuyo vicepresidente, por cierto, era Mariano Rajoy, ha intentado infructuosamente, durante años, negar la evidencia de que nuestras tropas intervinieron en Irak y han alimentado de manera descarada y reiterada, teorías de falsas conspiraciones, incluso sobre la autoría de los atentados de Madrid y aún hoy mismo, han negado, por boca del entonces ministro de defensa Federico Trillo, la existencia real de aquella guerra.
La importancia fundamental de este informe, que está poniendo en auténticos apuros al ex Presidente Blair, es que viene a dar la razón a todos los que en aquel momento defendimos que se estaba cometiendo un gravísimo error de incalculables consecuencias y también a los que afirmaron que la invasión de Irak potenciaría el crecimiento de un terrorismo islamista, cuyas acciones estamos sufriendo de manera indiscriminada en la actualidad y que se deriva, en gran medida, del odio generado por aquellos líderes occidentales de entonces, a los que no importó al parecer, el incontable número de víctimas que acarrearon sus decisiones.
A pesar de haber pasado mucho tiempo, la memoria conserva fresco el recuerdo de aquellas multitudinarias manifestaciones, en contra de esta guerra que ahora desearían muchos borrar, como si nunca hubiera existido y también, una por una, las palabras que pronunciara el señor Áznar, en el Parlamento y ante los medios, defendiendo la imperiosa necesidad de una intervención, que ya por entonces costó a su Partido, la pérdida del poder, después de las mentiras fabricadas deliberadamente, tras los atentados de Madrid, en 2004.
Afortunadamente, la Historia, acaba por colocar a cada uno en su sitio y este informe que ahora aparece, esclareciendo secretos inexpugnables  y estrategias inconfesables que entonces se practicaron impunemente, encaja por fin, todas las piezas del puzzle que  fabricaron minuciosamente los protagonistas de Las Azores, en uno de los episodios más vergonzosos de cuántos nos han tocado vivir y que reclama a gritos, por lo menos, un poco de justicia para las víctimas.
El mutismo de Áznar y las evasivas de Rajoy, ponen de manifiesto que en nuestro país, jamás se pedirá perdón por lo ocurrido entonces y sobre todo, da una idea de lo que podría ser capaz el PP, para llevar adelante cualquier resolución en un futuro, que no puede por menos, que antojársenos cómo incierto.
Al menos, queda la decencia de haber defendido la verdad, de haber participado activamente en aquellas manifestaciones contra la guerra y de haber mantenido, inamoviblemente, la postura de la orquestación de la invasión de Irak, que ahora viene a rebelarse como innegablemente cierta y que más tarde o  más temprano, terminará de minar el prestigio de los tres líderes Occidentales que tanto sonreían, cuando les hicieron aquella foto, de infausto recuerdo.


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