jueves, 28 de julio de 2016

Un sí con condiciones


Acepta mariano Rajoy el encargo del Rey para presentarse a la investidura, con la condición de obtener el plazo necesario para buscar los apoyos que le faltan y que de momento, le niegan todos los Partidos, excepto Ciudadanos, que le ofrece  su abstención en segunda vuelta, pero cuya decisión podría cambiar, a juzgar por la trayectoria que lleva, de aquí a que llegue el día señalado.
No hay error más grande que jugar con certezas, cuando de política se trata, pues la información que llega a los medios y a la ciudadanía, nada tiene que ver con lo que a la vez, pueda estar sucediendo en las altas esferas, dónde las negociaciones, las cesiones y las renuncias, se plantean a un nivel absolutamente desconocido para la gente corriente  y rodeadas de un inmenso secretismo, que los propios artífices siempre se encargarán de preservar, aunque sea contra viento y marea.
Pero la imaginación  y la capacidad de formar hipótesis, de momento, continúan siendo libres, por lo que la lectura de las palabras que acaba de pronunciar el todavía Presidente del Gobierno, bien puede ser entendida como una señal de que la negociación encubierta continúa avanzando, aunque quizá no con la celeridad que Rajoy esperaba y que con toda probabilidad, en los próximos días, los españoles conoceremos que los de Rivera, apelando a cuestiones de patriotismo, estarán dispuestos a apoyar la investidura , empujando con ello a los socialistas a la abstención, o al menos, a ofrecer a sus diputados una libertad de voto, que aporte al popular  la ayuda necesaria, para volver a ser Presidente.
Al no haberse dado jamás, en la corta historia de nuestra democracia, un caso como este, resulta especialmente difícil dilucidar cuál será finalmente la reacción de cada cual y el oscurantismo y la ambigüedad con que se están afrontando las negociaciones, por parte de casi todos, obliga a estar continuamente leyendo entre líneas y también, a poner una especial atención a los pequeños detalles que suceden a nuestro alrededor y que en otros momentos, carecerían importancia, sobre todo cuando las mayorías parlamentarias resultan suficientes, para no necesitar ningún tipo de apoyos.
Y sin embargo, esa misma indefinición en la que se mueven los principales protagonistas de esta historia, no hace, sino acabar de convencer a los ciudadanos de la ineptitud de una clase política, incapaz de afrontar con éxito, cualquier tipo de situación que se salga, por su complejidad, de unos cánones que durante años han sentado un precedente de una continuidad, de la que ahora  se carece
Naturalmente y ellos lo saben, los populares serían los más beneficiados, si Rajoy fuera reelegido como Presidente, pues el éxito final de la operación concedería al PP una impagable oportunidad de regenerarse, sin haber tenido que pagar precio alguno por la corrupción, ni por los recortes infringidos, aunque dejándole una deuda con los de Rivera que a lo largo de la legislatura habrá que pagar, sin que aún se hayan determinado cuáles han sido las condiciones de los a cuerdos.
Sólo Sánchez, acosado por su permanente inestabilidad, saldría seriamente perjudicado, si finalmente claudica  y casi se podría afirmar que en cierto modo, estaría certificando su propia defunción política, tragado inexorablemente por las aguas turbulentas que se mueven bajo sus pies, en el seno de su propio Partido.
A este PSOE atrapado entre los populares y Podemos, le aguarda, irremediablemente, un futuro difícil que incluso podría terminar con un cisma entre los partidarios de izquierda y los complacientes benefactores de la derecha.

Ya se verá. Pero ya les adelanto y no creo equivocarme, que Rajoy, para nuestra desgracia, será otra vez, Presidente.  

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