Los festejos relacionados con la celebración del Partido de
fútbol de anteayer, movilizan a muchos miles de personas que salen a las calles
de Barcelona y Sevilla, para recibir, como si de héroes se trataran, a los
jugadores de sus respectivos equipos, entre aplausos, cánticos y toda una serie
de eventos lúdicos, que duraron hasta bien entrada la madrugada.
Atrás quedaron el episodio de las banderas y las
connotaciones políticas que se relacionaban con el enfrentamiento y una nube de
inmenso entusiasmo se apodera de perdedores y ganadores, demostrando que
verdaderamente, el fútbol es capaz de levantar de su asiento, hasta al más
inmovilista de los mortales.
Lástima que este mismo frenesí no recorra las venas de las
masas, cuando se trata de salir a reclamar derechos, quizá porque la capacidad
de convocar que tienen los que organizan las manifestaciones alrededor de temas
que a todos nos afectan gravemente, se encuentra de frente, con la desilusión
que produce en la gente, el hecho de que sus exigencias no hayan sido
escuchadas jamás, por los políticos de turno, como si ellos vivieran una
realidad bien distinta, de la que nosotros padecemos.
Bien está, que todos tengamos una necesidad perentoria de
evadirnos de los problemas y que muchos encuentren en este negocio millonario
del fútbol, una vía de escape por medio de la cual quemar adrenalina
semanalmente, pegados al espectáculo de los campos. Bien está tener un equipo
de referencia al que adorar y perdonar, en la misma medida, los triunfos y los
fracasos y bien está, ¿por qué no?, agruparse junto a otros seguidores, cuando
las cosas se dan bien, para ver de cerca a los ídolos.
Pero la vida, esta nuestra, que tantos altibajos está
sufriendo, en esta última etapa de dolor, en la que todos nos hemos visto
afectados por una ola de degeneración absoluta, de valores e Instituciones,
merece mucha más atención de la que la mayoría le prestamos y vendría
estupendamente bien, que generara en todos nosotros, al menos, las mismas ganas
de unirnos para llevar adelante un proyecto, que de triunfar, podría beneficiar
grandemente nuestras expectativas de un futuro, que por ahora se presenta,
bastante imperfecto.
Y aunque puede que momentáneamente parezca que todas las
reclamaciones que hacen unos pocos valientes en las calles, caen,
inevitablemente, en saco roto, la verdad es que sin esas intervenciones,
llevadas a cabo a lo largo de varios siglos, la historia no hubiera
evolucionado jamás, en el terreno de lo social y aún permaneceríamos anclados a
las condiciones de esclavitud que soportaron los primeros obreros que emigraron
a las ciudades, al principio de la Revolución Industrial.
Volviendo al símil que nos ocupa, mientras el fútbol que
mueve a las masas no reporta a nuestra vida cotidiana, más que la satisfacción
de ganar determinadas competiciones, la lucha por conseguir mejoras sociales,
sin rendirse, puede condicionar, si tiene éxito, el resto de nuestra existencia
y no es igual, por supuesto, la satisfacción que produce haber sido capaz de
lograr aquellas metas que nos marcamos y que benefician a todos los que nos
rodean, que la efímera sensación de haber ganado un determinado trofeo, cuya
única relevancia será ocupar las vitrinas de un Club, en algún viejo estadio de
rancio abolengo.
Y sin embargo, qué fácil resulta abandonar la comodidad del
hogar, para participar en las celebraciones de estos eventos y qué difícil, dar
el primer paso para unirse a otros de nuestra misma clase, para reivindicar
nuestros derechos.
Seguramente, aún no hemos sido capaces de idear un hipnótico
capaz de producir efectos similares a los que origina el fenómeno futbolero,
que consigue alienar a millones de personas en todo el mundo, logrando a la
vez, que no piensen en la cruda realidad que padecen, cuando termina el
espejismo de los goles, cada Domingo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario