martes, 24 de mayo de 2016

Resaca fútbolera


Los festejos relacionados con la celebración del Partido de fútbol de anteayer, movilizan a muchos miles de personas que salen a las calles de Barcelona y Sevilla, para recibir, como si de héroes se trataran, a los jugadores de sus respectivos equipos, entre aplausos, cánticos y toda una serie de eventos lúdicos, que duraron hasta bien entrada la madrugada.
Atrás quedaron el episodio de las banderas y las connotaciones políticas que se relacionaban con el enfrentamiento y una nube de inmenso entusiasmo se apodera de perdedores y ganadores, demostrando que verdaderamente, el fútbol es capaz de levantar de su asiento, hasta al más inmovilista de los mortales.
Lástima que este mismo frenesí no recorra las venas de las masas, cuando se trata de salir a reclamar derechos, quizá porque la capacidad de convocar que tienen los que organizan las manifestaciones alrededor de temas que a todos nos afectan gravemente, se encuentra de frente, con la desilusión que produce en la gente, el hecho de que sus exigencias no hayan sido escuchadas jamás, por los políticos de turno, como si ellos vivieran una realidad bien distinta, de la que nosotros padecemos.
Bien está, que todos tengamos una necesidad perentoria de evadirnos de los problemas y que muchos encuentren en este negocio millonario del fútbol, una vía de escape por medio de la cual quemar adrenalina semanalmente, pegados al espectáculo de los campos. Bien está tener un equipo de referencia al que adorar y perdonar, en la misma medida, los triunfos y los fracasos y bien está, ¿por qué no?, agruparse junto a otros seguidores, cuando las cosas se dan bien, para ver de cerca a los ídolos.
Pero la vida, esta nuestra, que tantos altibajos está sufriendo, en esta última etapa de dolor, en la que todos nos hemos visto afectados por una ola de degeneración absoluta, de valores e Instituciones, merece mucha más atención de la que la mayoría le prestamos y vendría estupendamente bien, que generara en todos nosotros, al menos, las mismas ganas de unirnos para llevar adelante un proyecto, que de triunfar, podría beneficiar grandemente nuestras expectativas de un futuro, que por ahora se presenta, bastante imperfecto.
Y aunque puede que momentáneamente parezca que todas las reclamaciones que hacen unos pocos valientes en las calles, caen, inevitablemente, en saco roto, la verdad es que sin esas intervenciones, llevadas a cabo a lo largo de varios siglos, la historia no hubiera evolucionado jamás, en el terreno de lo social y aún permaneceríamos anclados a las condiciones de esclavitud que soportaron los primeros obreros que emigraron a las ciudades, al principio de la Revolución Industrial.
Volviendo al símil que nos ocupa, mientras el fútbol que mueve a las masas no reporta a nuestra vida cotidiana, más que la satisfacción de ganar determinadas competiciones, la lucha por conseguir mejoras sociales, sin rendirse, puede condicionar, si tiene éxito, el resto de nuestra existencia y no es igual, por supuesto, la satisfacción que produce haber sido capaz de lograr aquellas metas que nos marcamos y que benefician a todos los que nos rodean, que la efímera sensación de haber ganado un determinado trofeo, cuya única relevancia será ocupar las vitrinas de un Club, en algún viejo estadio de rancio abolengo.
Y sin embargo, qué fácil resulta abandonar la comodidad del hogar, para participar en las celebraciones de estos eventos y qué difícil, dar el primer paso para unirse a otros de nuestra misma clase, para reivindicar nuestros derechos.

Seguramente, aún no hemos sido capaces de idear un hipnótico capaz de producir efectos similares a los que origina el fenómeno futbolero, que consigue alienar a millones de personas en todo el mundo, logrando a la vez, que no piensen en la cruda realidad que padecen, cuando termina el espejismo de los goles, cada Domingo.

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