La imagen de Pablo Iglesias y Alberto Garzón fundidos en un
abrazo, como confirmación del acuerdo firmado por sus respectivos Partidos, en
el incomparable marco de la Puerta del Sol, que inevitablemente nos devuelve al
recuerdo del 15M, se convirtió ayer por la tarde en la noticia más importante
de cuantas hemos conocido en los últimos días, pues nunca ha sido fácil que la
izquierda se ponga de acuerdo en este País, pensando exclusivamente en el bien
de las mayorías.
Pero tras el fracaso de las conversaciones con el PSOE,
emprendidas a raíz del pasado 20 de Diciembre, no quedaba otro remedio que
intentar otras coaliciones, para tener alguna posibilidad de apear al PP del
poder que ha venido ejerciendo tiránicamente durante los últimos cuatro años y
era una cuestión de compromiso, admitir que resulta mejor concurrir unidos a
las próximas elecciones, que hacerlo por separado, desperdiciando una buena
cantidad de votos que con la Ley Dhont corresponderían indefectiblemente, a los
Partidos más votados.
No tenía ya razón de ser que dos Partidos de parecida
ideología, que han destacado por la fuerte oposición ejercida contra las
medidas aprobadas por los populares, durante sus años de Gobierno y por
entender como necesaria la participación ciudadana en las decisiones políticas,
continuaran comportándose como contendientes en un Parlamento que,
afortunadamente, en nada se parece ya a los que se constituyeron con
anterioridad y que cuenta ahora con un buen número de diputados provenientes de
nuevas Formaciones, que no comulgan con la pasada hegemonía del bipartidismo.
Tuvo Pedro Sánchez la oportunidad de presidir un Gobierno de
progreso, pero prefirió o le hicieron elegir, como única alternativa, una
coalición con Ciudadanos, negando la incontestable verdad de que únicamente un
pacto por la izquierda podría hacer cambiar la clase de política que
actualmente padecemos y que de otro modo, volvería a instalarse entre nosotros,
para los próximos cuatro años.
La jugada de intentar la abstención de Podemos, una vez
cerrada la coalición con el Partido de Rivera, fracasó y los barones
socialistas habrán ahora de atenerse a las consecuencias que podría traer para
su Partido un más que probable sorpasso, quedando seguramente relegado a una
tercera posición en el arco Parlamentario, que le colocaría en el peor lugar
ocupado nunca en el Hemiciclo, desde la misma llegada de la Democracia.
Pero en política, no siempre se gana y es de ley reconocer
los errores e intentar corregirlos, sobre todo cando se aspira a procurar el
bien de los ciudadanos y no a ocupar posiciones de poder, dentro de la
Formación a la que uno pertenece o incluso aspirar a la Presidencia de la
Nación, en un futuro más lejano, como sería el caso de la propia Susana Díaz.
El acuerdo entre Podemos e IU, deja pues al PSOE, en una
incómoda posición entre la derecha y la izquierda y sólo de las decisiones que
tome a partir de ahora, dependerá que se le identifique con una u otra
corriente. Porque está claro que nadie va a negar la pertenencia a la izquierda
de la flamante coalición, ni que el PP y Ciudadanos pertenecen, como todos
sabemos a la derecha.
Así que los socialistas, de repente, han quedado
momentáneamente anclados a una especie de limbo ideológico aún por definir, que
ira tiñéndose de rojo o azul, según las posturas que vayan adoptando, cuando se
forme un Nuevo Parlamento y aquel Partido que Pablo Iglesias fundara en 1879,
podría terminar siendo considerado como una especie de balsa flotante entre los
extremos políticos naturales, sin conseguir una definición que aclare al
electorado a dónde, realmente, pertenece.
Buscando un poco de
cordura en esta inquietante realidad, Podemos intenta una última oferta, en la
que propone a los socialistas ir en listas conjuntas para el Senado y,
naturalmente, espera respuesta.
Sánchez y los suyos, habrán de meditar escrupulosamente qué
contestar. Decir que no, bien podría ser interpretado como una rendición
absoluta a los pies del bloque contrario y significaría, pese a quién pese, que
el PSOE se encuentra decidido a abandonar del todo, la izquierda.

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