Ver a Julio Anguita abrazando a Pablo Iglesias en un mitin
celebrado el pasado fin de semana y medir la emoción que se respiraba en el
ambiente, a través de esta imagen, puede dar una idea del potencial que puede
llegar a tener la alianza firmada por Podemos e IU y y representa que la unidad entre los
viejos y los nuevos políticos, cuando
son de ley, es posible.
Anguita, que durante años ha mantenido una postura de
estricta rectitud y que ha sido uno de los pocos políticos que regresó a su
profesión anterior, cuando decidió abandonar la vida pública, ha respaldado
desde el principio la posibilidad del pacto entre Partidos que en definitiva,
defienden, las mejoras sociales y siempre apostó porque a través del diálogo,
se pudiera aspirar a una buena posición de la izquierda en el Parlamento
español, aunque para ello hubiera que hacer concesiones, por todas las partes.
Su amplitud de miras y su determinación al apoyar el
proyecto, desde el respeto y la tolerancia a los que no piensan como él, dice
mucho de su talla como político y ofrece un ejemplo demoledor, a todos aquellos
que durante años han envilecido la profesión, preocupándose únicamente de su
enriquecimiento personal, a través de las prácticas corruptas que hemos venido
conociendo, casi siempre a través de los medios.
Ya quisieran los líderes de PP o PSOE, que tanto se afanan
ahora en amenazarnos con la llegada del comunismo, contar entre sus filas con gente mínimamente parecida a este
incansable luchador que afortunadamente para él, puede mirar limpiamente a la
cara a los ciudadanos, después de treinta años, sin haberse desdicho jamás de
sus principios, ni habiendo necesitado nunca emplear el juego sucio contra los
demás, para ganarse el puesto que tiene en nuestra historia.
Que Julio Anguita apoye la coalición, no solo es un honor
para los que ya contamos con algunos años, sino que significa, para los jóvenes
idealistas de ahora, la ratificación de que son capaces de atreverse a contar
con la experiencia, proporcionando un lugar de relevancia, a todos aquellos que
les antecedieron en este largo camino de lucha por la libertad, que se estaba
viendo ostensiblemente perjudicado, por el sometimiento de los líderes de los
grandes Partidos, a una política basada únicamente en el enaltecimiento de la
economía capitalista.
No someterse, hacer de la rebeldía, mientras ocurran
injusticias imperdonables, una bandera que enarbolar, a favor de los más
desfavorecidos, deja claro que también en política, existen hombres y mujeres
capaces de hacer de la decencia un modo de vida, consiguiendo con ello
ridiculizar, aún más si cabe, a todos aquellos que con sus actos se han
encargado, sobre todo en los últimos años, de robarnos cualquier atisbo de
ilusión que pudiera quedarnos, sobre la limpieza profesional de nuestro representantes.
Naturalmente, la alianza firmada por IU y Podemos, no puede,
sino aterrorizar a todos esos prebostes de una vieja escuela, que pensaban
desde que se asentaron alternativamente en el poder, que sus privilegios de
casta, se habían convertido en eternos.
Para ellos, mirar a Julio Anguita, debe ser, como si de
pronto alguien se atreviera a exponer sin tapujos todas sus vergüenzas, ante
los ojos de los electores, sin tener la más mínima posibilidad de poder rebatir
de ninguna manera, por la honestidad del personaje, ninguno de sus argumentos.
Quizá por eso, Pablo Iglesias lloraba al abrazar al Califa.
La verdad es que no hay muchos grandes líderes que conserven la pureza de este
comunista convencido, al que nunca lograron comprar, ni el poder, ni el dinero.

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