Votan las bases de Izquierda Unida, a favor del pacto con
Podemos y lo hacen mayoritariamente convencidas de que será el único modo de
avanzar hacia el Gobierno de cambio que quiere nuestra Sociedad y que se
encarga de desbaratar la maldita Ley electoral por la que nos regimos, cuando
los Partidos se presentan por separado.
Ya hemos visto que no se puede contar con el PSOE cuando
aventaja en votos a otras Formaciones y
vendría bien adelantarlo, para demostrar que cuando los brazos están abiertos,
lo están, en las duras y en las maduras.
Beneficia también a la alianza las encarnizadas guerras
internas que mantienen los socialistas entre ellos, perfectamente alineados en
dos corrientes particularmente distintas y que generan una crisis de liderazgo
que no pasa desapercibida para una ciudadanía, mucho más inteligente de lo que
desgraciadamente se le presume y harta de soportar que los políticos
acostumbren a pensar mucho más en sus
intereses personales, que en el bienestar de las mayorías.
Ciudadanos, PP y también el PSOE, se han apresurado sin
embargo a criticar el posible pacto, por razones bien evidentes, que no hacen
sino retratar claramente una postura de terror a ser superados en votos, de manera
incontestable, por unos recién llegados a los que se han afanado en
desprestigiar, prácticamente desde que aparecieron y que están jugando sus
cartas con mano maestra, mientras ellos se van desgastando, los unos
acorralados por los casos de corrupción, los otros por sus luchas internas y los
terceros, por esa terquedad en apoyar al Gobierno de Rajoy, al que los
ciudadanos consideran culpable de todas sus desdichas.
La alianza, que de lograrse constituiría un hito en la
Historia de este País, poniendo fin a la maldición de la Izquierda y que si se
repitieran los resultados del 20 de Diciembre, podría aproximarse
peligrosamente a los votos conseguidos por el PP, terminaría con el bloqueo
político que ha paralizado a un Parlamento fuertemente dividido e incapaz de
alcanzar acuerdos que permitan la gobernabilidad, posibilitando una salida
digna a esta ruptura de un bipartidismo, reacio a perder toda una suerte de
apetitosos privilegios.
A los detractores que como Gaspar Llamazares o Errejón, se
pronunciaban en contra del pacto, habría que decirles que los Partidos que se
deben a la opinión de sus bases, no pueden hacer otra cosa que llevar a cabo el
mandato de las mayorías y que no cabe otro temor que poder fracasar en las
urnas, cosa que a día de hoy, parece bastante improbable, dada la decisión que
parecen manifestar los ciudadanos en mantener la elección que ya hicieron, hace
sólo unos meses.
Por primera vez, los que hasta ahora han sido considerados
como los dos grandes Partidos del País, son conscientes de que es posible que
su alternancia en el poder haya terminado para siempre y que otras vías han
logrado atraer la atención del electorado, seguramente para asentarse en
un panorama político español, en el que
escaseaba la ilusión por comprometerse con nuevos proyectos, hasta que estos
jóvenes nos enseñaron que todo era posible.
De nada habrá servido el esfuerzo denodado de los medios
afines a los poderosos por denostar a estas Formaciones durante tanto tiempo,
ni el manido discurso amenazador que preludia apocalípticas condiciones de
vida, en el caso de que llegara al poder, esta posible alianza de progreso.
A veces, hay que romper con lo establecido para poder,
simplemente, avanzar y como todos ya sabemos, jamás se ha conseguido nada sin
arriesgar, para que las utopías se hicieran
realidades tangibles.

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