Los cincuenta puntos que Podemos e IU han presentado
conjuntamente, como reflejo del acuerdo a que han llegado, de cara a los
próximos comicios, marcan las directrices del que podría llegar a ser el
programa de un nuevo gobierno, si después del 26 de Junio se diera la ocasión
de conseguir un apoyo numérico, que respaldara el cambio que reclama la mayor
parte de la sociedad, asfixiada por las medidas impuestas en los últimos años,
durante el mandato de la derecha.
Después de que el PSOE,
rechazara ayer la propuesta de Pablo Iglesias para presentarse
conjuntamente para el Senado, aunque algunas voces socialistas de unas cuantas
Autonomías manifestaran su apoyo al ofrecimiento, solo cabe esperar que los
resultados electorales varíen notablemente de los anteriores y que la nueva
coalición consiga adelantar a los de Pedro Sánchez, relegándolos a una tercera
posición en el Parlamento.
Esta circunstancia, que parece bastante probable, si nos
atenemos a lo que dicen las encuestas, propiciaría un cambio total de la
situación y daría a Pablo Iglesias la posibilidad de apostar por presentarse a
la Investidura, empujando entonces al PSOE a decidir, a las claras, sus
auténticas preferencias.
Porque tener la sartén por el mango, otorga cierto poder al
que la sostiene y no es lo mismo esperar a que el probable candidato quiera
contar contigo, que ser tú el que ofrece la posibilidad de una negociación,
pasando, por cierto, a ser quién la dirige.
Es de suponer que a los líderes del PSOE, no les va a resultar
nada cómodo quedar por detrás de los mismos con los que se negaron a contar,
solo unos meses antes, pero la sola idea de quedar fuera de cualquier opción de
gobierno, podría forzar que aunque fuera a regañadientes, se avinieran entonces
a un acuerdo, que evidentemente ya no va a ser el mismo que hubieran
conseguido, si se hubieran afanado en hacerlo, a su debido tiempo.
Hay que decir que las propuestas de la coalición, responden,
en su totalidad a las que se esperan de un Gobierno de la izquierda y que
negarse a discutir, por tanto, unas medidas absolutamente necesarias para
mejorar la situación de los ciudadanos, representaría un apoyo tácito por parte
del PSOE, al continuismo que proponen
los de Rajoy y Rivera, que sí tienen claro cuál es su sitio, en el panorama
político español.
El empeño de concurrir a las elecciones en solitario,
manifestado por Pedro Sánchez y en cierta medida impuesto por la intolerancia
de sus barones, el rechazo demostrado reiteradamente hacia cualquier propuesta
que venga de Podemos, no hacen más que incidir en la idea de que los
socialistas españoles están sufriendo una transformación, que rebaja
sensiblemente las pretensiones de sus propias raíces ideológicas.
No puede haber nada peor que ponerse una venda en los ojos, esperando
que desaparezca una realidad, que sin embargo termina por alcanzarnos, por la
contundencia de su existencia y guste o no a los Partidos tradicionales, quizá
demasiado acostumbrados a protagonizar periódicamente una alternancia en el
poder, las nuevas Formaciones han llagado para quedarse y de manera permanente.
Culpar de los propios errores, de los fracasos sobrevenidos a
raíz de ellos a los demás y tratar de esconderse en una inexpugnable burbuja de
cerrazón, no puede traer otra cosa, que debilitamiento.
Antes de que sea demasiado tarde para actuar, sería
recomendable para los socialistas, dedicar un tiempo a la reflexión y a la
autocrítica, entender que no ha funcionado en absoluto la estrategia de culpar
a Podemos del fracaso de las pasadas negociaciones y quizá, aprender a saber
perder, sobre todo cuando las cosas no tienen ya remedio, porque los electores
empiezan a no tener claro cuál es la posición de este PSOE, al que hasta hace
bien poco, todos consideraban de izquierdas.

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