lunes, 30 de mayo de 2016

¿Qué tiene que pasar?


Un nuevo escándalo de posible corrupción se destapa, esta vez en la Comunidad de Murcia, cuyo Presidente, del PP y una senadora del mismo Partido, están a punto de ser imputados, parece que por  estar estrechamente relacionados con elementos de la trama Púnica y haber usado sus servicios, entre otras cosas, para blanqueo de imágenes en Internet, como ya ocurriera en otros casos conocidos anteriormente.
En plena pre campaña electoral, faltan a Mariano Rajoy y los suyos rincones en los que esconderse, con tal de no tener que contestar todos los días a las reiteradas preguntas de los informadores, a los que ya no saben qué decir, para tratar de mantener una imagen de limpieza que no se sostiene, al  menos, hasta que se celebren las próximas elecciones.
La última estrategia ideada por los conservadores, está consistiendo en tratar de diferenciar aquellos casos de corrupción que reportaron beneficios personales a muchos de sus miembros, de aquellos en los que el montante en cuestión fue destinado, de algún modo, a financiar determinados actos de Partido, como si la relevancia de estos últimos fuera menor y mucho más disculpable, en contra de lo que ocurriría con los primeros.
Pero es que se mire dónde se mire, continúan apareciendo noticias de esta índole y hasta parece que por fin, los árboles han dejado de impedir que veamos un bosque, cuya extensión ocupa prácticamente todo el territorio patrio… y continúa creciendo.
No puede haber perdón para tales acciones, ni para las cometidas individualmente por cargos de relevancia, ni para las que beneficiaron claramente las arcas del Partido, en primer lugar porque la corrupción hermana los dos delitos, por muy diferentes que sean y después, porque parece llegado el momento de que corruptores y corruptos empiecen a pagar, con contundencia, por lo que hicieron, fundamentalmente, para que los ciudadanos puedan recuperar la confianza en un sistema judicial, bastante tocado por la relativa impunidad en que se han movido durante años, estos individuos.
En cualquier otro País, los votantes del PP, hace mucho que hubieran huido despavoridos, tras conocer todo lo que está sucediendo, pero en el nuestro, se me antoja que puede más el miedo a esa inseguridad que pregonan apocalípticamente los mismos que nos han llevado al desastre, que  la valentía de intentar un cambio radical, que acabe de un plumazo con estas huestes de ladrones de traje y corbata, que se han asentado en nuestras Instituciones, con el deseo de quedarse en ellas, para siempre.
Así que ese veintinueve por ciento en intención de voto para los populares, parece inamovible y uno no puede por menos que preguntarse qué tendría que pasar, para que esos votantes abrieran finalmente los ojos , colocando, por medio de las urnas, al PP, exactamente dónde, en justicia, merece.
En el caso de Murcia, concurre además, que el gobierno de esta Comunidad se sostiene, gracias al apoyo de Ciudadanos y aunque todos esperábamos que los de Rivera dieran un paso atrás, a tenor de lo que se intuye en las noticias, a esta hora, sólo sabemos que piensan esperar tranquilamente, a ver si se produce la imputación, antes de retirarse de la alianza que mantienen allí con los conservadores.
Les digo una cosa: que alguien que como Rivera, conoce al detalle todo lo que acontece en torno al PP, siga apostando por una gran coalición que incluye a los conservadores, después del 26 de Junio, hace sospechar que poca o ninguna importancia dan realmente estos Ciudadanos, al oscuro trasfondo de la corrupción y por tanto, tampoco merecen, en  mi opinión, la confianza del electorado.
Pero como decíamos antes, el caso español es excepcional y por ello resulta prácticamente imposible prever lo que sucederá, sobre todo, si no conseguimos apartar el  fantasma del miedo.
Antes fueron Madrid y Valencia, ahora Murcia y mañana, vaya usted a saber. No cabe en la cabeza que el PP se mantenga en primera línea como Partido, ni que sus líderes no hayan asumido aún su auténtica responsabilidad, en estos graves asuntos. Quizá, toda la culpa sea nuestra, por no exigir, con rotundidad, una dimisión en pleno de este Gobierno.


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