A punto de empezar una nueva campaña electoral, el PSOE no
parece avanzar en sus luchas internas y pierde a Carme Chacón por el camino y
no precisamente por los motivos personales que ha pretendido argumentar Pedro
Sánchez, sino más bien por discrepancias con las líneas que sigue el candidato
socialista, que continúa balanceándose en el filo de una navaja, que sus detractores no dejan de afilar, seguros
de que fracasará en los resultados de los próximos comicios.
También se le apea Irene Lozano, por la que apostó
personalmente cuando abandonó UPyD, a pesar de las duras críticas que había
venido vertiendo contra el PSOE en los últimos tiempos y a la que sus
compañeros de Madrid no recibieron precisamente con los brazos abiertos, sino
más bien todo lo contrario.
No ha bastado la concesión que supuso firmar el acuerdo con
Ciudadanos, ni apartar violentamente a Podemos de la negociación, ni
achacar a Pablo Iglesias una culpa que
no le corresponde en absoluto, en el fracaso, para lograr el afecto de los
suyos, que continúan arropando las ínfulas presidencialistas de una Susana
Díaz, cada vez más convencida de que tiene ante sí una carrera exitosa en la
política nacional y que espera como agua de Mayo que Sánchez se estrelle el 26
de Junio, para presentarse como salvadora de un Partido que se ha movido en un declive imparable,
desde que Zapatero cometiera el error de ponerse a disposición de las
exigencias europeas, hace ya más de cuatro años.
Nunca, ningún secretario general socialista contó con tan
pocos apoyos y nunca antes había protagonizado ninguno de ellos un fracaso tan
estrepitoso como el que hemos visto en los días anteriores protagonizar a un
Pedro Sánchez que no debió aceptar las exigencias de sus barones acerca de unas
alianzas que le hubieran salido redondas de haberlo intentado por la izquierda,
en lugar de por la derecha, llegando incluso a renunciar con dignidad a su
puesto, de no haber conseguido convencer a sus correligionarios más
recalcitrantes.
En su lugar, Sánchez accedió a regañadientes al acuerdo con
Ciudadanos, aún estando seguro de antemano que los números resultaban ser del todo
insuficientes y quedando así maniatado, no sólo por la maniobra de Rivera, sino
también por la que se tramaba en sus propias filas, negándole cualquier
oportunidad de conseguir su sueño.
Ahora sus actos están empezando a traer consecuencias y ya
nadie oculta que las nuevas elecciones supondrán la muerte política de este
candidato socialista que nunca ha conseguido verdaderamente ganarse las simpatías
de sus compañeros y al que probablemente, se ha utilizado como parachoques en
las horas más bajas del PSOE, mientras los auténticos pesos pesados se
rearmaban en las sombras, con la intención predefinida de aupar a Díaz, primero
a la Secretaría General y después a la candidatura a la Presidencia del País,
que tanto desea la andaluza, desde que empezara a escalar puestos en la vida
política.
No les quepa la menor duda de que tras la celebración de
elecciones, este candidato de transición que ha sido Sánchez, será duramente
recriminado por sus correligionarios más relevantes, sobre todo si la alianza
de Podemos e IU se acaba materializando y los socialistas pasan a ocupar un
tercer puesto, que supondría el mayor fracaso en los resultados electorales, de
cuántos han conocido en su historia.
Nadie parece sin embargo contar con que la perspicacia de los
votantes pueda llegar a descubrir este juego sucio que se está produciendo,
mientras se tratan de manipular
peligrosamente las esperanzas de
un buen número de votantes que apostaron decididamente por un cambio y a los
que las batallas internas del PSOE ha frustrado cualquier oportunidad de
conseguirlo, sin que nadie haya sido capaz de explicarles por qué, ni a qué ha
venido este acercamiento inexplicable, con un Partido de derechas.
Los votantes, no estamos aquí para potenciar que Susana Díaz
pueda lograr sus aspiraciones, sino para intentar, a través de las urnas,
mejorar en lo posible nuestra actual situación y así lo haremos saber, otra
vez, cuando se celebren las próximas elecciones.
Verán, de haber querido que PSOE o Ciudadanos lideraran el
cambio que ansiamos, no les quepa la menor duda de que los resultados
electorales hubieran sido otros bien distintos y eso, es una verdad
indiscutible que debiera ser suficiente para curar la ambición de la señora
Díaz y para hacerla reflexionar profundamente sobre las limitaciones que se
imponen sobre sus argumentos.
Solo trescientos mil votos, separaron a Podemos del PSOE en
diciembre. IU tuvo entonces un millón de votos, que de poco sirvieron, por
nuestra injusta Ley electoral.
Sin embargo, los seis millones y pico de votos que supondría
la alianza de ambas Fuerzas de izquierdas, superaría, con mucho, cualquier
aspiración real que los socialistas pudieran albergar, aproximándose
numéricamente además, a los resultados del PP y rompiendo todos los esquemas
conocidos hasta ahora, en el panorama político español.
Solo un pacto PP, PSOE, podría dar carpetazo al proyecto de
cambio que los ciudadanos desean. Tal vez corresponda a Susana Díaz, entonces,
el más que dudoso honor de protagonizarlo, contribuyendo así a la agonía de su
amado Partido.

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