domingo, 15 de mayo de 2016

El sueño tangible


Con la perspectiva que suele dar el paso de los años, las piezas que al principio estuvieron desparramadas van encontrando encaje, reconduciendo las historias colectivas que empezaron a construir los individuos cuando decidieron unirse y convirtiendo en realidades tangibles, lo que en un primer momento, sólo fue un sueño.
Aquel clamoroso estallido de indignación que despertó espontáneamente las conciencias de los ciudadanos un 15 de Mayo y que tuvo en una juventud que hasta entonces permanecía aletargada, cómodamente instalada en un ficticio estado de bienestar, su principal artífice, permanece aún fresco en el recuerdo y sus protagonistas, que decidieron entonces intentar que las cosas cambiaran, reclamando una mayor participación ciudadana en las cuestiones políticas de este País, han madurado, aunque conservando la ilusión de que todo es factible de ser cambiado, cuando se consigue mantener la unidad de todos aquellos que coinciden en un mismo ideal, aunque procedan de  posiciones diferentes.
Que cinco años después, una parte de aquellos indignados hayan conseguido sentar a setenta de los suyos en el Parlamento  y que afronten ahora la celebración de otras Elecciones habiendo aumentado las posibilidades de llegar mucho más lejos, supone, para cualquiera de los que salimos a la calle aquel 15M, la demostración de que las  utopías pueden hacerse, en cualquier momento, realidad y de que nosotros podemos ser los promotores necesarios, para alcanzar los objetivos  propuestos.
Quizá por eso, los que se encuentran cómodamente instalados en las posiciones de privilegio que ellos mismos crearon, con el firme pensamiento de que llegarían a ser eternas, nunca nos aceptaron y mucho menos, desde que empezaron a comprender que representábamos mucho más que una confluencia de soñadores sin recursos, acampados a la luz de la luna, que se dedicaban a debatir en asambleas, todo aquello que se nos imponía por decreto, pero que no contábamos con los medios suficientes para emprender otro camino, que no fuera el que se nos marcaba desde las Instituciones ocupadas, por los mismos que alternativamente se disputaban un poder, hasta entonces, vedado para los ciudadanos de a pie, que miraban con desesperación, pero sin actuar, cómo los políticos de turno, manipulaban sus vidas.
Su sorpresa debió ser mayúscula, a medida que fue pasando el tiempo, sobre todo, cuando empezaron a comprobar que el mensaje salido directamente de los movimientos asamblearios  de las calles, caló y de qué manera, en muchos millones de españoles, dejando estupefactos a los representantes de los dos grandes Partidos políticos y obligándoles a replantearse su manera de entender la política, pero esta vez, teniendo indefectiblemente, que contar con nosotros.
Cinco años después, aquellos indignados van a plantar cara, en la próxima campaña electoral, al mismísimo Partido Popular y puede incluso, sobrepasar en cifras, a esos millones de votos leales con los que cuenta la derecha desde hace más de cuarenta años y sobrepasando también, con amplitud y si nada lo remedia, las expectativas electorales de los socialistas.
Mucho camino hemos recorrido en estos cinco años y no exento de dificultades, esencialmente  impuestas desde las posiciones del poder, que se ha afanado reiteradamente en vilipendiar o menospreciar, cualquier iniciativa que proviniera de  nuestra parte, llegando a poner en duda nuestra inteligencia, pero que pese a su insistencia, no ha conseguido minar, en absoluto, la determinación que nos mueve y que se sustenta, básicamente, en nuestra imagen de limpieza.
Porque también es verdad que las cosas no han evolucionado nada bien para los grandes Partidos y los motivos que causaron entonces nuestra indignación, se han ido multiplicando por diez mil, envileciendo la situación que nos vemos obligados a padecer, hasta convertirla en prácticamente insostenible, por su propia indecencia.
Puede que muchos ya no sean aquellos jóvenes  idealistas que descubrieron por primera vez la fuerza de la unión de los de su clase y que a otros, mucho mayores, nos parezca que esta, quizá, puede ser la última oportunidad de hacer factible una parte de nuestro sueño, pero a veces, tropezar de bruces con la realidad, tener la posibilidad de analizarla y razonarla desde dentro, afrontar la dificultad escudriñando las entrañas de la oscuridad e intentar, apenas sin medios, hallar nuevas vías de solución, puede ser una forma impagable de crecimiento.
Ahora que nos hemos hecho gigantes y que  en contra de lo que pensaban los líderes caducos de los dos grandes Partidos,  seguimos aquí, estar tan cerca de conseguir los objetivos, acariciar con los dedos el sueño, no puede, sino fortalecer aquella primera idea que nos unió, aquella sensación de tener que salir corriendo de entre las tinieblas, para ver, junto a otros muchos, la luz y para convertirnos, sin  censuras, en dueños y señores de nuestro propio destino.



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