martes, 17 de mayo de 2016

El arrepentimiento fingido


Se está poniendo de moda la figura del arrepentido, mientras  se juzgan casos de corrupción y han salido a la luz, unos cuantos de ésos que los imputados en cuestión no dudarían en calificar de traidores, pero que para los jueces vienen a representar una fuente inagotable de información, que ayuda poderosamente a clarificar los entramados urdidos por una cierta clase política, que se ha dedicado a esquilmar los recursos del país, a cambio de recalificar terrenos y adjudicar obras, únicamente, a los que cedían de buen grado a su chantaje.
Estos arrepentidos, que lo son, sólo cuando se les ha pillado con las manos en la masa y que nunca acuden a los juzgados la primera vez que se les propone un negocio de tales características, suelen en ser, en su mayoría, empresarios que durante años colaboraron estrechamente con políticos sin escrúpulos, que les proporcionaban enormes beneficios que después ellos se ocupaban de esconder, lejos de la mirada inquisitoria del Ministerio de Hacienda.
Quiere esto decir, que ninguno se arrepintió realmente de sus acciones mientras duraba la función en la que cooperaban con los corruptos de turno y que por mucho que quieran ahora hacer ver a la opinión pública que se han convertido de repente en honestos y que  siempre se hallaron dispuestos a colaborar con la justicia, para el esclarecimiento del asunto que les compete personalmente, no pueden, ni podrán hacer nada, por borrar un oscuro pasado plagado de graves delitos, por los que también debieran pagar, al mismo tiempo que quiénes les reclamaron las mordidas.
Hoy hemos tenido la oportunidad de ver a Marjaliza, implicado junto a Francisco granados en la trama Púnica, haciendo un elogio enardecido de los que dicen la verdad y atribuyéndose una actuación ante la justicia, que bien pudiera haber realizado muchos años atrás, cuando se repartía con sus benefactores ingentes cantidades de dinero, proveniente de recalificaciones que le deparaban jugosos contratos de adjudicación de obras, en todo el periplo de Madrid.
Buscar ahora el perdón de los ciudadanos, cuando uno vende información, a cambio de una reducción de condena, o intentar quitar hierro a un asunto en el que uno participó alegremente y sin rechistar, durante varios años, supone, en sí, una descarada manera de trivializar la auténtica realidad de lo que sucedía y aún sucede en muchos lugares de España, para desgracia de todos los españoles.
Verdad es, que si de la información que estos personajes ofrezcan, pueden sacarse nuevas conclusiones que lleven a los ladrones de chaqueta y corbata a las cárceles, en las que debieran estar, todos las recibiremos de buen grado, pero al mismo tiempo, debe quedar muy claro que los delitos en los que ellos mismos participaron, no deben quedar impunes e indigna bastante, tener que ver a estos “arrepentidos”, disfrutar de una libertad, que de ninguna manera merecen.
Si peca más, aquel que ocupando un cargo de relevancia, prevarica o se corrompe, que un empresario que admite ser el artífice de esa corrupción, es una cuestión que dejo a la conciencia de los lectores, para que cada cual pueda sacar las conclusiones que le parezca.
Pero, sinceramente, el arrepentimiento es otra cosa, porque la verdad, resulta mucho más fácil arrepentirse cuando se tienen los bolsillos llenos y uno sabe, que gracias a eso, no tendrá que pasar ninguna clase de penurias económicas, el resto de su vida.


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