domingo, 20 de septiembre de 2015

Una simple cuestión numérica



Entra la Banca a saco en la Campaña de las Elecciones Catalanas, comunicando a los partidarios de la Independencia que de triunfar su opción, no les quedará otro remedio que abandonar el territorio para posicionarse junto a Europa y el dinero.
Se suma a los grandes empresarios que ya manifestaron hace tiempo esta misma intención, dejando claro que las fuerzas de poder se hallan bien cohesionadas en esto de manejar nuestros destinos y que no dudan en anteponerse a nuestras decisiones, incluso en cuestiones políticas de las que debían mantenerse al margen, para dejar a los ciudadanos elegir en libertad plena, a quienes quieren que los representen.
Pareciera que no le queda al hombre de hoy otra salida que acatar sumisamente los mandatos de los magnates del capital, si no quiere vivir en la más extrema pobreza, sólo o en compañía de otros, como si no quedara ya ninguna posibilidad de recuperar la esencia misma de lo que fue la Democracia y el mundo hubiera sido derrotado, en su totalidad, por entes sin rostro a los que ni siquiera podemos mirar a los ojos, mientras manifestamos nuestro profundo desacuerdo.
Y así nos va. Hemos estado demasiado relajados durante muchos años, aletargados por los oropeles que se nos ofrecían a precio de saldo durante la era dorada de las burbujas y se nos acostumbraba de forma torticera a un tren de vida, del que después nos apearon bruscamente, cuando ya se había convertido para nosotros en  una auténtica necesidad, seguros de que haríamos lo que fuera, por recuperarlo de nuevo.
Ahora nos tienen en sus manos y no les duelen prendas en hacer valer su hegemonía con toda la crudeza, siempre empleando el miedo como arma principal de cualquier argumento, sabiendo como saben, que ya ganaron nuestra voluntad y aplastando inmisericordemente cualquier intento de rebelión, en Grecia, en Cataluña  o allá donde surgiere.
Ha de ser por tanto nuestra respuesta, global. Ellos han tenido desde el principio muy claro que la unión hace la fuerza y han llevado esa bandera ideada por los trabajadores hace siglos hasta sus últimas consecuencias, demostrando con su vil ejemplo, que quién la ideó tenía la razón de su parte, aunque después la perdiera en el camino por el fraccionamiento incomprensible de la clase obrera.
No me voy, por supuesto, a posicionar hoy al lado de ninguno de los grandes nacionalismos, ni el español ni el catalán, ante la inminencia de estas elecciones, pero no me queda otro remedio, para conservar la coherencia, que recriminar sin ningún género de dudas esta inadmisible injerencia de Banca y Empresariado en asuntos de estado que sólo a la decisión libre de los ciudadanos corresponde, sin que existan de por medio amenazas que coarten el color de los votos que se introduzcan en las urnas.
Muchos catalanes, han empezado a retirar ayer sus fondos de las entidades bancarias que han firmado la nota. Yo haría lo mismo. Y no por ser independentista, sino porque  sé que sin los fondos de los ahorradores, a esos bancos no es quedaría otro remedio que amoldarse a lo que a sus clientes convinieran y no al revés, como parecen querer dejar claro los que intentan manipular nuestras opiniones.
¿Qué sería del sistema bancario si todos nos sumáramos a esta iniciativa?
¿Y a dónde irían a parar las grandes empresas si los trabajadores recuperáramos ese espíritu combativo que nos robaron después de hacernos creer falazmente que podíamos ser ricos?
Es una simple cuestión numérica, que todos deberíamos plantearnos, si de verdad queremos volver a recuperar la esencia de ser hombres.


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