jueves, 10 de septiembre de 2015

Mucho que pensar


Por si no estuviera suficientemente complicada la cuestión catalana, la celebración de la Diada, en pleno periodo electoral, podría dar una idea aproximada de hacia qué lado se inclinará finalmente el voto de los ciudadanos o, al menos, ofrecer una imagen real de lo que podría representar el próximo 27 de Septiembre, según el número de gente que decida acudir a la convocatoria.
 Entretanto y mientras Rajoy y Mas, acompañados de sus más fieles seguidores, continúan lanzándose mutuas acusaciones y reproches, que en algunos casos rozan peligrosamente el límite de la legalidad, Pablo Iglesias entra en Campaña, desligándose absolutamente de unos y otros, volviendo a cargar las tintas sobre las terribles políticas de recortes, que han sido impuestas por igual, a catalanes y españoles.
Está Iglesias, en la línea de los que pensamos que el ahínco con que Mas defiende la independencia, no es más que una cortina de humo que ha conseguido ocultar casi por completo la desastrosa gestión que ha sido su mandato y que ha dejado a los catalanes mucho más empobrecidos de lo que estaban, cuando se hizo cargo de la Generalitat.
Y es verdad, como decía ayer un reconocido economista, que la Independencia catalana, si llegara a conseguirse, funcionaría de modo desigual, según a qué corriente ideológica perteneciera su primer Presidente, por lo que los ciudadanos que acudan a votar el día veintisiete, habrán de tener en cuenta que no sería lo mismo que Cataluña fuera gobernada,pongo por caso, por Ada Colau, que por este Artur Mas que intenta privatizar la Sanidad o la Enseñanza, en su línea de neoliberal convencido.
De momento, la nueva Alcaldesa de Barcelona, que ya debe haber pensado estas cuestiones, ha decidido descolgarse de la Convocatoria de la Diada, por considerar que acudir a ella sería como mostrar su apoyo tácito a Convergencia, con cuya manera de gobernar no está en absoluto de acuerdo, como por todos es sabido y que está siendo seriamente investigada por asuntos de corrupción, precisamente estos días.
Así que en esta Campaña subyacen varios frentes encubiertos y aunque pudiera parecer que el grueso de la sociedad catalana espera el día veintisiete como si representara la liberación de un largo cautiverio, la verdad es que un importante número de ciudadanos, a la vista de la particularísima situación que se vive en este momento en ese territorio, tienen aún por decidir a quién votarán, porque no todo el monte es orégano.
Comete Mas el error de creerse ya vencedor absoluto en los Comicios y de adoptar una soberbia inadmisible antes de conocer los resultados que saldrán de las urnas y Rajoy peca de amenazar con implantar medidas demasiado drásticas, como las que propone su Ministro de Exteriores, dando por sentado que perderá, no ya como miembro del PP, sino como Presidente de España.
Los ríos revueltos, suelen traer, dice el refrán, jugosas ganancias a los pescadores y en esta durísima partida, parece que será Albert Rivera quién vea incrementados sus beneficios, pues ya las encuestas le colocan en un dignísimo segundo lugar, que ni se hubiera atrevido a soñar, hace sólo unos meses.
Así están las cosas, mientras los catalanes de preparan para celebrar su Día Grande y nadie podría aventurar qué ocurrirá en las próximas semanas, ni qué estrategias se les ocurrirán, en la recta final, al PP o a Convergencia.
En el fondo, yo creo que todos deseamos que pase de una vez el día veintisiete, aunque sólo sea para despejar todas las dudas de manera real y no a base de elucubraciones, como han venido haciendo, los dos grandes protagonistas de esta historia.




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