Por si no estuviera suficientemente complicada la cuestión
catalana, la celebración de la Diada, en pleno periodo electoral, podría dar
una idea aproximada de hacia qué lado se inclinará finalmente el voto de los
ciudadanos o, al menos, ofrecer una imagen real de lo que podría representar el
próximo 27 de Septiembre, según el número de gente que decida acudir a la
convocatoria.
Entretanto y mientras
Rajoy y Mas, acompañados de sus más fieles seguidores, continúan lanzándose
mutuas acusaciones y reproches, que en algunos casos rozan peligrosamente el
límite de la legalidad, Pablo Iglesias entra en Campaña, desligándose
absolutamente de unos y otros, volviendo a cargar las tintas sobre las
terribles políticas de recortes, que han sido impuestas por igual, a catalanes
y españoles.
Está Iglesias, en la línea de los que pensamos que el ahínco
con que Mas defiende la independencia, no es más que una cortina de humo que ha
conseguido ocultar casi por completo la desastrosa gestión que ha sido su
mandato y que ha dejado a los catalanes mucho más empobrecidos de lo que
estaban, cuando se hizo cargo de la Generalitat.
Y es verdad, como decía ayer un reconocido economista, que la
Independencia catalana, si llegara a conseguirse, funcionaría de modo desigual,
según a qué corriente ideológica perteneciera su primer Presidente, por lo que
los ciudadanos que acudan a votar el día veintisiete, habrán de tener en cuenta
que no sería lo mismo que Cataluña fuera gobernada,pongo por caso, por Ada
Colau, que por este Artur Mas que intenta privatizar la Sanidad o la Enseñanza,
en su línea de neoliberal convencido.
De momento, la nueva Alcaldesa de Barcelona, que ya debe
haber pensado estas cuestiones, ha decidido descolgarse de la Convocatoria de
la Diada, por considerar que acudir a ella sería como mostrar su apoyo tácito a
Convergencia, con cuya manera de gobernar no está en absoluto de acuerdo, como
por todos es sabido y que está siendo seriamente investigada por asuntos de
corrupción, precisamente estos días.
Así que en esta Campaña subyacen varios frentes encubiertos y
aunque pudiera parecer que el grueso de la sociedad catalana espera el día
veintisiete como si representara la liberación de un largo cautiverio, la
verdad es que un importante número de ciudadanos, a la vista de la
particularísima situación que se vive en este momento en ese territorio, tienen
aún por decidir a quién votarán, porque no todo el monte es orégano.
Comete Mas el error de creerse ya vencedor absoluto en los
Comicios y de adoptar una soberbia inadmisible antes de conocer los resultados
que saldrán de las urnas y Rajoy peca de amenazar con implantar medidas
demasiado drásticas, como las que propone su Ministro de Exteriores, dando por
sentado que perderá, no ya como miembro del PP, sino como Presidente de España.
Los ríos revueltos, suelen traer, dice el refrán, jugosas
ganancias a los pescadores y en esta durísima partida, parece que será Albert
Rivera quién vea incrementados sus beneficios, pues ya las encuestas le colocan
en un dignísimo segundo lugar, que ni se hubiera atrevido a soñar, hace sólo
unos meses.
Así están las cosas, mientras los catalanes de preparan para
celebrar su Día Grande y nadie podría aventurar qué ocurrirá en las próximas
semanas, ni qué estrategias se les ocurrirán, en la recta final, al PP o a
Convergencia.
En el fondo, yo creo que todos deseamos que pase de una vez
el día veintisiete, aunque sólo sea para despejar todas las dudas de manera
real y no a base de elucubraciones, como han venido haciendo, los dos grandes
protagonistas de esta historia.

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