jueves, 17 de septiembre de 2015

Difícil de cumplir


Unas de las amenazas más comunes en el discurso de Rajoy y los suyos, en contra de los independentistas catalanes, es la que se refiere a su permanencia en la Unión Europea, si llegara a constituirse como nuevo País, separándose de esta España que hasta ahora conocemos.
La teoría catastrofista que tanto gusta al PP, si se diera tal circunstancia, pinta un panorama desolador para los habitantes de esta tierra, que tendrían que empezar desde cero, sin el amparo de los que hasta ahora habían sido sus socios en el Continente e incluso, cambiar de moneda, pues inmediatamente dejarían de pertenecer al “selecto club” de los que manejan el euro.
Esta hipótesis, que algunos dan como cierta y sobre la que ninguno de los dirigentes de la Comunidad se ha pronunciado con claridad, al menos hasta este momento, adolece sin embargo, de una seguridad absoluta en que las cosas habrán de ser así, sobre todo porque si nos paramos a pensar, su puesta en práctica tendría unos costos tan altos, que quizá resultara mucho más conveniente mantener a Cataluña en la misma situación que ahora se encuentra, que expulsarla de la Unión, colocando a varios millones de personas en la tesitura de tener que cambiar su modus vivendi, sus leyes y su dinero, en un corto plazo de tiempo, para en definitiva, ponerse a la cola para volver a Ingresar en una Comunidad, a la que ya pertenecen desde hace tiempo.
No está la situación europea para menudencias de este calibre, ni goza Rajoy de un amor tan incondicional por parte de Merkel y sus íntimos, como para que se le llegue a dar la razón en el conflicto, creando un problema en pleno corazón del Continente, con un Estado nuevo, independiente y libre de la influencia comunitaria, que puede costar más de un disgusto serio a los que manejan los hilos del cotarro.
Guste o no a nuestro Presidente, si Cataluña llegara a alcanzar la independencia, nadie les va a obligar a salir de la Unión, porque resulta más provechoso para todos mantener la situación tal y como se encuentra.
Y aunque puede que la estrategia del miedo funcione el día veintisiete con mucha de la gente que acuda por fin a las urnas, lo cierto es que los populares saben bien que sus aspiraciones contra el fervor independentista en Cataluña no sólo no se cumplirán, sino que ni siquiera serán tomadas en serio por aquellos a quienes solo ellos, consideran como sus amigos.
Preso de sus propias convicciones, si Cataluña se independizara, Rajoy habrá de rendirse al culto que quienes gobiernan Europa profesan al dinero y triunfará, sin ningún género de duda, la postura que resulte más útil para aquellos que más poseen. 

Si ya con Grecia, en la situación que se encuentra, Merkel y los suyos han luchado con uñas y dientes para que no abandonaran el euro, imagínense lo que harían si unas cuantas provincias económicamente bastante saneadas se quisieran marchar. Juzguen ustedes mismos.

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