Unas de las amenazas más comunes en el discurso de Rajoy y
los suyos, en contra de los independentistas catalanes, es la que se refiere a
su permanencia en la Unión Europea, si llegara a constituirse como nuevo País,
separándose de esta España que hasta ahora conocemos.
La teoría catastrofista que tanto gusta al PP, si se diera
tal circunstancia, pinta un panorama desolador para los habitantes de esta
tierra, que tendrían que empezar desde cero, sin el amparo de los que hasta
ahora habían sido sus socios en el Continente e incluso, cambiar de moneda,
pues inmediatamente dejarían de pertenecer al “selecto club” de los que manejan
el euro.
Esta hipótesis, que algunos dan como cierta y sobre la que
ninguno de los dirigentes de la Comunidad se ha pronunciado con claridad, al
menos hasta este momento, adolece sin embargo, de una seguridad absoluta en que
las cosas habrán de ser así, sobre todo porque si nos paramos a pensar, su
puesta en práctica tendría unos costos tan altos, que quizá resultara mucho más
conveniente mantener a Cataluña en la misma situación que ahora se encuentra,
que expulsarla de la Unión, colocando a varios millones de personas en la
tesitura de tener que cambiar su modus vivendi, sus leyes y su dinero, en un
corto plazo de tiempo, para en definitiva, ponerse a la cola para volver a
Ingresar en una Comunidad, a la que ya pertenecen desde hace tiempo.
No está la situación europea para menudencias de este
calibre, ni goza Rajoy de un amor tan incondicional por parte de Merkel y sus
íntimos, como para que se le llegue a dar la razón en el conflicto, creando un
problema en pleno corazón del Continente, con un Estado nuevo, independiente y
libre de la influencia comunitaria, que puede costar más de un disgusto serio a
los que manejan los hilos del cotarro.
Guste o no a nuestro Presidente, si Cataluña llegara a
alcanzar la independencia, nadie les va a obligar a salir de la Unión, porque
resulta más provechoso para todos mantener la situación tal y como se
encuentra.
Y aunque puede que la estrategia del miedo funcione el día
veintisiete con mucha de la gente que acuda por fin a las urnas, lo cierto es
que los populares saben bien que sus aspiraciones contra el fervor independentista
en Cataluña no sólo no se cumplirán, sino que ni siquiera serán tomadas en
serio por aquellos a quienes solo ellos, consideran como sus amigos.
Preso de sus propias convicciones, si Cataluña se
independizara, Rajoy habrá de rendirse al culto que quienes gobiernan Europa
profesan al dinero y triunfará, sin ningún género de duda, la postura que
resulte más útil para aquellos que más poseen.
Si ya con Grecia, en la situación que se encuentra, Merkel y
los suyos han luchado con uñas y dientes para que no abandonaran el euro,
imagínense lo que harían si unas cuantas provincias económicamente bastante
saneadas se quisieran marchar. Juzguen ustedes mismos.

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