Continúa la investigación de la trama Gurtel, que parece no
tener fin y cada novedad que aparece en los medios viene a confirmar que el
tamaño de la tela de araña urdida por políticos y empresarios para beneficiarse
de favores mutuos, es en realidad, mucho mayor de lo que en principio todos
imaginamos y que los implicados hasta ahora conocidos, representan únicamente
una pequeña parte de lo que podría ser el trasfondo de esta historia de
corrupción.
Avanza hoy la prensa que el juez ha admitido una grabación de
las conversaciones telefónicas de la secretaria de Correa, en las que no sólo
admite que Bárcenas visitaba a su jefe para hacer negocios por la noche, sino
que asegura que por el despacho en el que trabajaba pasaron en reiteradas
ocasiones, muchos de los ya imputados en la trama, un hombre de confianza de
Javier Arenas y también el actual Presidente del Senado, Pio García Escudero.
La gravedad de estas acusaciones no puede ser mayor, si se
tiene en cuenta que se habla del que es la cabeza de una de las Cámaras de
representantes de nuestro Parlamento y que como tal, el personaje ha de manejar
una información absolutamente privilegiada de todo lo que sucede en el País.
Naturalmente, García Escudero se ha apresurado a desmentir
tal afirmación, casi al mismo tiempo en que era interpelado por los
representantes de las otras fuerzas políticas, que le urgen a ofrecer una
explicación de lo que dice la secretaria e incluso, a dimitir, si llegara a
probarse la veracidad de sus palabras.
De momento, Rajoy ni siquiera se digna a comentar el incidente, enfrascado como está en la dura batalla que libra contra Mas y sus
socios independentistas y como en otras muchas ocasiones, amparándose en la
tranquilidad que le ofrece la mayoría absoluta que obtuvo cuando llegó al
poder y que impide cualquier tipo de
acciones contra él mismo y contra su Partido, por parte de los demás
representantes parlamentarios.
Sin embargo, nadie podrá impedir que esta legislatura se
recuerde como la etapa en que se produjeron más casos de corrupción, ni la constante sospecha de que personas muy
relevantes del PP hayan estado implicadas en ellos, para enriquecimiento propio
o para financiar ilegalmente las actividades de su Partido.
Esta última posibilidad ya la señalaba con toda claridad el
juez Rus, antes de tener que abandonar su puesto, en plena ebullición del caso
Gurtel y los ciudadanos, en general, no tenemos por qué dudar de las
conclusiones judiciales, aunque muchas más veces de las que nos gustaría, los
implicados escapen a la acción real de la justicia, inexplicablemente.
Lo que si podemos hacer, es no volver a votar nunca más a
todos aquellos sobre los que recaigan dichas sospechas y mucho menos, a los
Partidos políticos que consideran al país, como un feudo en el que actuar a su
antojo, por encima de la opinión de los ciudadanos e incluso de las leyes.
Echando la vista atrás
y analizando uno por uno todos los escándalos que han salpicado a
miembros del PP, desde que Rajoy llegara a Moncloa, en 2011, la voluntad de muchos
que le otorgaron su confianza en aquellas elecciones, ha de ser necesariamente,
cambiante y terminar por decidir otras opciones que al menos, ofrezcan una
imagen de total transparencia.
No se puede ni se debe vivir de espaldas a una realidad
manifiesta y menos aún, huir continuamente hacia adelante, con el único
propósito de dilatar en el tiempo que nos alcance la verdad, porque es terca y
acaba colocando a cada cual, en su sitio.

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