Las elecciones catalanas forman ya parte del pasado y habrá
que fijar la atención, a partir de hoy, en otras e importantes noticias, aunque
la estela de esta etapa trepidante de
nuestra historia, continuará durante bastante tiempo salpicando la temática de los debates, hasta ver qué
hacen unos y otros, mientras se consigue o no, formar allí nuevo Gobierno.
Todos se han declarado vencedores en los comicios, pero los
escaños son los que son y la única certeza que sobrevuela el entorno catalán,
es la fortísima división que existe entre la totalidad de sus ciudadanos.
Ganar por cincuenta y tres por ciento a cuarenta y siete, no
puede servir a los que no son partidarios de la Independencia, para alzar las
campanas al vuelo y hacer como si se hubiera resuelto un problema, que en
realidad, no puede estar más candente, ni para pensar que han derrotado
ampliamente a los que se atrevieron a plantear el desafío, estando como están,
orgullosos de haber obtenido una amplia representación en el Parlament.
Habrá que hacer borrón y cuenta nueva, a la vista de la poca
capacidad de seducción que han tenido las otras fuerzas políticas, incluido
Ciudadanos y obligatoriamente, convertir el diálogo en una costumbre que ayude
a clarificar posiciones para poder llegar
a una solución aceptable, que el pueblo catalán exige, como ha demostrado con
sus votos.
Quienes piensen que
todo ha terminado aquí, se equivocan de pleno y sólo habrán de esperar a la
celebración de las Elecciones Generales para comprobarlo.
Mariano Rajoy, seriamente tocado por los resultados de su
Partido en Cataluña y atacado de frente por una ciudadanía que no perdona ni
sus ataques continuos ni su maléfica política de recortes, no podrá seguir
dilatando la que será la convocatoria que le ratifique en el cargo o le apee
del poder, quizá después de haber pasado el peor de los trances a que se ha
tenido que enfrentar en toda su carrera política y habiendo fracasado
estrepitosamente, quedando incluso peor que en las Municipales.
No había más que ver la cara del portavoz del PP anoche, para
adivinar tras su triunfalismo españolista, un halo de amarga incertidumbre y
una desazón que probablemente, acompañará los populares, hasta después de los
próximos comicios.
Pero es que ha sido tan grande su error, al ningunear a siete
millones y medio de ciudadanos, al ignorar las señales que llegaban altas y
claras desde Cataluña y al empecinarse en defender un nacionalismo español,
ciertamente obsoleto y retrógrado, que no
podía suceder otra cosa que lo que ha sucedido y que puede ser , por la premura
del tiempo, el principio del fin del cuatrienio conservador y de la figura
política que ha representado nuestro
actual Presidente.
Y es que más que el resultado de estas elecciones, lo que se
ha hecho patente ayer es que ni en España ni en Cataluña, goza el PP de la
simpatía popular y que así se le demuestra cada vez que los ciudadanos son
llamados a las urnas.
En una situación normal, cualquier Presidente, reconocería en
buena lid la magnitud de sus errores, aprendería de ellos y reconduciría su
actitud, para tratar de llegar a la mayor parte de la sociedad y no sólo a
aquellos que le acaman en los mítines que celebra y que le son incondicionales,
por razones de ideología o de intereses.
Todos sabemos que nada de esto sucederá. El autoengaño que
proporciona ese cincuenta y tres por ciento que en ningún modo le es atribuible
al PP, será seguramente bastante, para afirmar que la sociedad catalana no
quiere la independencia y para continuar presumiendo de habernos sacado de una
crisis, que para muchos de nosotros continua siendo un gigante contra el que
luchar, precisamente con la mirada puesta en las urnas.
Cuando se vaya diluyendo la inmediatez mediática de este
plebiscito a Rajoy no le quedará otro remedio que caminar, en soledad, hacia el
camino que le depare el futuro, seguramente en el mes de Diciembre. Se habrá
terminado su huida hacia adelante y tendrá que enfrentarse, por fin, con la
cruda realidad que ha venido ignorando durante los cuatro años que ha durado su
nefasto mandato y que a todos nos han parecido un siglo.

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