La crisis de los refugiados y la Campaña electoral catalana
acaparan la actualidad informativa y aunque continúan produciéndose importantes
noticias en el país, todo pasa a un segundo plano, eclipsado por las terribles
imágenes que nos llegan desde los puestos fronterizos y los cruces de
acusaciones que se producen entre Mas y Rajoy, dispuestos a mantener su batalla
personal, hasta el último momento.
Atónitos, los ciudadanos contemplamos cómo aparecen, prácticamente
a diario, nuevos casos de corrupción y que los recién imputados siguen
perteneciendo a los mismos Partidos que
tantas páginas de tinta han dejado en los periódicos españoles, sin que de
momento, los escándalos hayan provocado ni una sola dimisión, aunque hace
tiempo que sobran motivos para ello.
Algunos gestos puntuales de los Ayuntamientos, como la
iniciativa de Ada Colau, de multar a los bancos que acaparan pisos procedentes
de los desahucios, pasan inadvertidas al resultar para los medios más
interesante si la Alcaldesa apoya o no a los independentistas de Mas, aunque la
medida es significativamente plausible y merece una consideración que no ha
obtenido, fagocitada por el fragor de la
Campaña.
Pasa también incomprensiblemente desapercibido, el crimen
atroz de la peregrina del Camino de Santiago, a pesar de ser un hecho que pone
en cuestión la seguridad de unos caminos tremendamente transitados por personas
de todo el mundo, que a partir de ahora, habrán de pensarse dos veces hacer la
marcha en solitario, a la vista de lo sucedido.
Tampoco se ha dado ningún bombo a la condena del principal
opositor venezolano, como si toda la palabrería empleada por la prensa de la
derecha contra este país en los últimos meses, hubiera de pronto sido
silenciada y ahora que verdaderamente hay algo que criticar, los detractores de
Maduro se hubieran quedado sin argumentos con los que combatir o su ira hubiera
sido dirigida por una mano oculta, exclusivamente, contra los que en Cataluña
se declaran abiertamente independentistas.
Uno no abre un periódico o pone una cadena televisiva, en los
que no copen las primeras páginas las declaraciones de los principales
candidatos a las Elecciones, llegando a obviarse el hecho de que Rajoy aún no
se ha dignado a convocar las Generales, a pesar de que lo tendría que haber hecho
hace tiempo y aunque se maneja el 20 de Diciembre como fecha más que probable,
el Presidente, como siempre, calla y continúa haciendo gala de su abigarrado
nacionalismo español sin percatarse de que comete el mismo pecado que atribuye
a Mas y del que tanto abomina.
No estaría mal preguntarse qué sucederá cuando pase el día
veintisiete, fundamentalmente, porque al acercarse el Otoño, se acaba la
temporada estival para el sector de la Hostelería y el turismo, por lo que con
toda probabilidad, habrá un fuerte incremento en las cifras del paro, hasta
ahora mejoradas por las campañas que en el verano ofrecen gran cantidad de
empleos de temporalidad absoluta.
Pero este problema, claro está, no parece preocupar ni a la
prensa, ni a nuestro Presidente y aunque las Elecciones Catalanas no son, en
definitiva, más que unos comicios más de los muchos que se han celebrado en
nuestro País, durante el periodo democrático, algunos se empeñan en
convertirlas en una cuestión de vida o muerte, lo que está resultando verdaderamente
útil para tapar los desmanes que se siguen cometiendo, delante mismo de
nosotros.

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