Mariano Rajoy se ha propuesto llegar a las elecciones del
próximo Otoño aglutinando el mayor número de votos posibles y no hace
últimamente otra cosa que urdir planes que le faciliten en la medida de lo
posible, una permanencia en Moncloa, que no ha merecido ni merece, si se hace
balance de lo que han sido para los españoles sus cuatro años en el Gobierno.
Pero ya se sabe que la erótica del poder acaba envolviendo a
quiénes alguna vez lo tuvieron y resulta tremendamente difícil renunciar a los
muchos privilegios que los cargos de relevancia ofrecen.
Quizá por eso, una de las primeras medidas que ha tomado el
todavía Presidente en esta última etapa de su mandato ha sido la de bajar el
IRPF a los trabajadores que todavía tienen la suerte de estar en activo,
probablemente pensando que las cuestiones que afectan al bolsillo han cobrado
más importancia de la que nunca habían tenido, sobre todo para quiénes como él,
se rinden incondicionalmente ante el ídolo del capitalismo.
Y como, además, ha fracasado estrepitosamente en cuánto tiene
que ver con temas sociales y muy especialmente promulgando una ley que
arrebataba la cobertura sanitaria a los inmigrantes sin papeles, se ha
propuesto ahora resarcir, en parte, a los afectados por la medida, ofreciéndoles
una especie de componenda para que puedan ser atendidos en los Centros, aunque
sin otorgarles la ansiada tarjeta sanitaria que supondría la posibilidad de poder hacer uso de la
medicina, en todo el ámbito de la Comunidad Europea.
Compra con ello, al menos tácitamente, la permanencia de
estas personas en España, considerando quizá, que podrían serle útiles como
mano de obra más que barata, esperando de ellos cierta correspondencia a cambio
de unos servicios sanitarios, que en otra parte les serían negados
sistemáticamente.
Por si fuera poco y en vísperas de la Celebración de las
importantísimas Elecciones Catalanas, encontrar el modo de poder parar a Artur Mas
y los suyos, en sus afanes independentistas, se ha convertido en una especie de
cuestión de honor para el líder del PP y no se le ha ocurrido otra cosa que
hacer uso de su mayoría absoluta para aprobar a la carrera una Ley, que le
permita juzgar y condenar a todos aquellos que atenten contra la unidad de
España.
Nada importa si Europa se enfrenta en este momento al mayor
problema que ha tenido desde que la Comunidad se creara, con la suerte de miles
de refugiados pendiendo de un hilo, aunque sólo sea por cuestiones
humanitarias, ni que el paro en Agosto haya crecido, como era de esperar, contradiciendo
las ínfulas triunfalistas que han sido el motor de su gobierno, ni la oposición
contundente de todos los Partidos a la promulgación de Leyes que, al menos en
apariencia, parecen hechas para favorecer en exclusiva, los intereses del
Partido Popular al que pertenece.
Rajoy quiere, por encima de todo, ganar las Elecciones
Generales y en el tiempo que queda para que se celebren, acuérdense, aún
habremos de ver como su lucha personal se plasma en contentar, de la manera que
sea, a estos votantes españoles que tan
poco le hemos importado durante los últimos cuatro años, pero de los que ahora
depende su futuro y el de todos aquellos que le apoyaron incondicionalmente,
aún en perjuicio de la ciudadanía.

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