lunes, 7 de septiembre de 2015

El padre de la abeja


Muere José María Ruíz Mateos, uno de los primeros personajes mediáticos que conocimos los españoles como implicado en un delito de corrupción y cuyas empresas fueron nacionalizadas por el Estado, siendo Presidente Felipe González, en los primeros años ochenta.
El empresario, que no tardó después en convertirse en una imagen esperpéntica, por la lucha privada que mantuvo durante años contra el que fuera Ministro de Economía, Miguel Boyer, no tardó sin embargo en recuperarse, al menos aparentemente, de los estragos que según él, había causado en sus financias el Gobierno socialista y tras una aventura también fracasada como dueño del Club de Futbol Rayo Vallecano, emprendió una nueva y arriesgada odisea comprando un buen número de negocios y sacando a la venta una serie de participaciones, que muchos incautos compraron, creyendo en las vanas promesas de rentabilidad que a través de la televisión, ofrecía el propio dueño. 
Aquellos inversores, pronto empezaron a comprender que la oferta del  jerezano no era más que otra estafa monumental que sólo sirvió para mantener durante cierto tiempo el tren de vida de la numerosísima prole de la familia de Ruiz Mateos, teniendo muchos de sus miembros, incluido el padre, que enfrentarse nuevamente con la justicia, en otro episodio delictivo que aún no se ha cerrado, debido a la cuantía de las deudas.
Entretanto y habiendo ganado cierta popularidad entre la gente, ante la que aparecía continuamente disfrazado de un buen número de conocidísimos personajes y acudiendo reiteradamente a múltiples entrevistas de televisión, Ruíz Mateos, se atrevió incluso a crear un Partido Político, siendo elegido Eurodiputado, por una de esas cosas inexplicables que a veces ocurren en el mundo de la política.
 Católico recalcitrante, miembro del Opus Dei y ultraderechista convencido, no cabe duda sin embargo que Ruíz Mateos ha podido representar, exactamente, lo que nunca podría considerarse como un empresario ejemplar, sino más bien como lo que la lengua española define como “vividor”, sin que ningún otro calificativo exprese mejor lo que de este personaje pensamos la mayoría de los españoles.
Parece mentira que habiendo sido ya cuando el asunto Rumasa, desposeído de sus empresas por el estado, se le permitiera  de nuevo iniciar un episodio de similares características que, naturalmente, acabó como era previsible, de forma catastrófica.
Tras su muerte, lo que ocurra con su familia, absolutamente implicada en los negocios fraudulentos que el padre emprendiera durante toda su vida, es una incógnita que a todos los ciudadanos nos encantaría resolver, aunque no nos faltan razones para pensar que probablemente, todo este caso se diluya, sin que los estafados lleguen nunca a recuperar  el montante de sus inversiones.
Otra de ésas fábulas que parece directamente sacada de las manos del genial Luis Berlanga, pero que constituyen una página negra más, de las muchas que últimamente se están escribiendo en nuestra historia más reciente.




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