Muere José María Ruíz Mateos, uno de los primeros personajes
mediáticos que conocimos los españoles como implicado en un delito de
corrupción y cuyas empresas fueron nacionalizadas por el Estado, siendo
Presidente Felipe González, en los primeros años ochenta.
El empresario, que no tardó después en convertirse en una
imagen esperpéntica, por la lucha privada que mantuvo durante años contra el
que fuera Ministro de Economía, Miguel Boyer, no tardó sin embargo en
recuperarse, al menos aparentemente, de los estragos que según él, había
causado en sus financias el Gobierno socialista y tras una aventura también
fracasada como dueño del Club de Futbol Rayo Vallecano, emprendió una nueva y
arriesgada odisea comprando un buen número de negocios y sacando a la venta una
serie de participaciones, que muchos incautos compraron, creyendo en las vanas
promesas de rentabilidad que a través de la televisión, ofrecía el propio
dueño.
Aquellos inversores, pronto empezaron a comprender que la
oferta del jerezano no era más que otra
estafa monumental que sólo sirvió para mantener durante cierto tiempo el tren
de vida de la numerosísima prole de la familia de Ruiz Mateos, teniendo muchos
de sus miembros, incluido el padre, que enfrentarse nuevamente con la justicia,
en otro episodio delictivo que aún no se ha cerrado, debido a la cuantía de las
deudas.
Entretanto y habiendo ganado cierta popularidad entre la
gente, ante la que aparecía continuamente disfrazado de un buen número de
conocidísimos personajes y acudiendo reiteradamente a múltiples entrevistas de
televisión, Ruíz Mateos, se atrevió incluso a crear un Partido Político, siendo
elegido Eurodiputado, por una de esas cosas inexplicables que a veces ocurren
en el mundo de la política.
Católico
recalcitrante, miembro del Opus Dei y ultraderechista convencido, no cabe duda
sin embargo que Ruíz Mateos ha podido representar, exactamente, lo que nunca
podría considerarse como un empresario ejemplar, sino más bien como lo que la
lengua española define como “vividor”, sin que ningún otro calificativo exprese
mejor lo que de este personaje pensamos la mayoría de los españoles.
Parece mentira que habiendo sido ya cuando el asunto Rumasa,
desposeído de sus empresas por el estado, se le permitiera de nuevo iniciar un episodio de similares
características que, naturalmente, acabó como era previsible, de forma catastrófica.
Tras su muerte, lo que ocurra con su familia, absolutamente
implicada en los negocios fraudulentos que el padre emprendiera durante toda su
vida, es una incógnita que a todos los ciudadanos nos encantaría resolver,
aunque no nos faltan razones para pensar que probablemente, todo este caso se
diluya, sin que los estafados lleguen nunca a recuperar el montante de sus inversiones.
Otra de ésas fábulas que parece directamente sacada de las
manos del genial Luis Berlanga, pero que constituyen una página negra más, de
las muchas que últimamente se están escribiendo en nuestra historia más
reciente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario