lunes, 21 de septiembre de 2015

El voto rebelde


No se rinden los griegos a las exigencias de la troika comandada por los más opulentos líderes europeos y vuelven a votar a Tsipras, haciendo alarde de una rebeldía que no puede extrañar en quiénes descienden de los que fueron los padres de la primera Democracia.
Da el pueblo heleno una lección magistral de probidad, de lucha en libertad por la defensa de una identidad propia y también de fidelidad al único de sus políticos que al no ser capaz de cumplir una promesa electoral, se dirigió a la nación para contar la estricta verdad de lo que estaba sucediendo, a la vez que se retiraba, convocando estas nuevas elecciones.
Perdió Tsipras en este farragoso camino a una parte importante de sus seguidores, que quizá no supieron comprender cuánto difieren los planes que un político tiene cuando se da de bruces con la cruda realidad del poder, viéndose obligado entonces a hacer, lo que sea mejor para la mayoría de su pueblo.
Ganó, sin embargo, la humilde lealtad de la gente de a pie, que no entiende de cifras de macroeconomía y a la que únicamente  interesa tener un puesto de trabajo al que acudir, que le reporte un salario digno con el que mantener a sus familias y conservar intactos esos derechos sociales que se han ido yendo por la alcantarilla, al son del discurso europeo, en los últimos tiempos.
No puede caber duda, sin embargo, que Alexis Tsipras, aún en su espantosa soledad, ha supuesto un punto y aparte en  el concepto de la política europea y que su denodada lucha ante los gigantes extorsionadores de las economías nacionales, está dando y más que dará, algunos frutos.
De momento, su victoria de anoche deja meridianamente claro a Merkel y los suyos, que a pesar de los corralitos, de la presión y la angustia agónica sufrida por los ciudadanos brutalmente, los griegos continúan convencidos de que la historia puede cambiarse y que quién debe liderar el proceso, no es otro que este Presidente.
Luego vendrán las negociaciones, la coacción, el catastrofismo y otra vez,  las teorías del terror, para tratar de dominar, por la fuerza de la pobreza, el alma misma de los ciudadanos.
Pero entretanto, el tiempo corre y las elecciones de otros países también muy heridos, como España, se irán celebrando y el voto de esa indignación generalizada, conseguirá hacerse sitio, aún a empujones, en todos y cada uno de los Parlamentos.
Y no es lo mismo luchar contra uno solo que contra muchos. Quizá por eso, los que dominan se apresuran a intentar desesperadamente ganar terreno de la manera que sea, para que su debacle no alcance las dimensiones que merece la oscura práctica de su tiranía.
¿Cómo? Pues como aquí. Ofreciendo, otra vez, el espejismo de ir abriendo la mano para devolver una mínima parte de lo sustraído durante estos años , como si eso bastara para remediar el terrible daño infringido a millones de seres humanos, en todo el Continente.
Verán, la época de bonanza ha sido absoluta y deliberadamente destruida y nunca volverá. Y un Sistema que hace infelices y pobres a la mayoría de los ciudadanos, no merece continuismo.
La única manera de cambiar, es empujar con la fuerza de los votos, como han hecho los rebeldes griegos, a todos aquellos que son los auténticos responsables de todo lo ocurrido.
Tsipras y la conmovedora lealtad de su pueblo han abierto el camino. Ahora nos toca a los demás hacer posible que el sueño se nos haga tangible.


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