No se rinden los griegos a las exigencias de la troika
comandada por los más opulentos líderes europeos y vuelven a votar a Tsipras,
haciendo alarde de una rebeldía que no puede extrañar en quiénes descienden de
los que fueron los padres de la primera Democracia.
Da el pueblo heleno una lección magistral de probidad, de
lucha en libertad por la defensa de una identidad propia y también de fidelidad
al único de sus políticos que al no ser capaz de cumplir una promesa electoral,
se dirigió a la nación para contar la estricta verdad de lo que estaba
sucediendo, a la vez que se retiraba, convocando estas nuevas elecciones.
Perdió Tsipras en este farragoso camino a una parte
importante de sus seguidores, que quizá no supieron comprender cuánto difieren
los planes que un político tiene cuando se da de bruces con la cruda realidad
del poder, viéndose obligado entonces a hacer, lo que sea mejor para la mayoría
de su pueblo.
Ganó, sin embargo, la humilde lealtad de la gente de a pie,
que no entiende de cifras de macroeconomía y a la que únicamente interesa tener un puesto de trabajo al que
acudir, que le reporte un salario digno con el que mantener a sus familias y
conservar intactos esos derechos sociales que se han ido yendo por la
alcantarilla, al son del discurso europeo, en los últimos tiempos.
No puede caber duda, sin embargo, que Alexis Tsipras, aún en
su espantosa soledad, ha supuesto un punto y aparte en el concepto de la política europea y que su
denodada lucha ante los gigantes extorsionadores de las economías nacionales,
está dando y más que dará, algunos frutos.
De momento, su victoria de anoche deja meridianamente claro a
Merkel y los suyos, que a pesar de los corralitos, de la presión y la angustia
agónica sufrida por los ciudadanos brutalmente, los griegos continúan
convencidos de que la historia puede cambiarse y que quién debe liderar el
proceso, no es otro que este Presidente.
Luego vendrán las negociaciones, la coacción, el
catastrofismo y otra vez, las teorías
del terror, para tratar de dominar, por la fuerza de la pobreza, el alma misma
de los ciudadanos.
Pero entretanto, el tiempo corre y las elecciones de otros
países también muy heridos, como España, se irán celebrando y el voto de esa
indignación generalizada, conseguirá hacerse sitio, aún a empujones, en todos y
cada uno de los Parlamentos.
Y no es lo mismo luchar contra uno solo que contra muchos.
Quizá por eso, los que dominan se apresuran a intentar desesperadamente ganar
terreno de la manera que sea, para que su debacle no alcance las dimensiones
que merece la oscura práctica de su tiranía.
¿Cómo? Pues como aquí. Ofreciendo, otra vez, el espejismo de
ir abriendo la mano para devolver una mínima parte de lo sustraído durante estos
años , como si eso bastara para remediar el terrible daño infringido a millones
de seres humanos, en todo el Continente.
Verán, la época de bonanza ha sido absoluta y deliberadamente
destruida y nunca volverá. Y un Sistema que hace infelices y pobres a la
mayoría de los ciudadanos, no merece continuismo.
La única manera de cambiar, es empujar con la fuerza de los
votos, como han hecho los rebeldes griegos, a todos aquellos que son los
auténticos responsables de todo lo ocurrido.
Tsipras y la conmovedora lealtad de su pueblo han abierto el
camino. Ahora nos toca a los demás hacer posible que el sueño se nos haga
tangible.

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