El futuro de los Municipios españoles durante los próximos
cuatro años empezará a escribirse el próximo día veinticinco y aún parece que
hay muchos españoles que no han sido capaces de decidir a quiénes otorgarán su
voto, cuando se pongan delante de las urnas el domingo que viene.
No son estas unas elecciones normales, de esas que durante
muchísimos años han supuesto un mero trámite cuando los tiempos eran buenos y
su importancia reside precisamente en que hallándose el país en la peor época
de cuántas se recuerdan desde que empezara la transición, una gran parte de la
Sociedad ha perdido la confianza en la clase política, encontrándose por ello,
en una encrucijada de la que ni siquiera sabe salir, al creer que vote a quién
vote, acabará por defraudar sus expectativas y seguramente, por lucrarse de las
arcas públicas, terminando por corromperse.
Es verdad que la realidad cotidiana que nos vemos obligados a
soportar parece construida para fomentar ese pensamiento y también que las historias que han salido a la luz,
fundamentalmente durante toda esta legislatura, han herido de muerte cualquier
atisbo de honestidad que pudiera quedarle a quiénes ocupen un cargo en cualquier Institución
pública, pero ni el desconcierto ni la abstinencia, en estos momentos, pueden
ayudar a resolver ninguno de los gravísimos problemas que padecemos, sino más
bien, potenciar un continuismo que no parece ser lo mejor, para recuperarnos de
nuestra negra suerte.
Los miles de casos de corrupción, no hay duda, los han
protagonizado los que están, individualmente o en connivencia con los Partidos
a los que pertenecen y los que se han lucrado del saqueo de los fondos de todos
han sido ellos, aunque en la mayoría de los casos no se haga justicia con los
delitos que cometieron.
Tienen estos delincuentes, nombres, apellidos y pertenencia
como militantes a determinados Partidos políticos y a poco que uno se empeñe en
investigar quiénes son, simplemente consultando la hemeroteca, bien se puede
recordar quiénes son y de dónde
proceden, para después decidir libremente, si se quiere o no castigarles
electoralmente por la vileza de sus acciones.
Somos los ciudadanos los que tenemos pues en nuestras manos
el trazo que escribe nuestra historia y también quiénes a través de nuestra
elección personal en las urnas, potenciamos que se produzca o no el cambio
necesario que todos estamos reclamando desde hace tanto tiempo y es esta vez,
ahora, el momento de que nuestra voz pueda ser oída por fin, tras casi cuatro
años de mayorías perversas, en los que hemos tenido que soportar que todas
nuestras justas reclamaciones, desaparecieran por un desagüe, construido para
tal fin, por el poder.
No queda otro remedio, por nosotros y mucho más por los que
vienen, que apartar la apatía, la desesperación, la angustia y la desidia que
han minado la dignidad y alienado nuestras conciencias y dar un paso al frente,
aceptando de manera ineludible un cierto compromiso.
Pensar, analizar, salir de la burbuja oscura en la que nos
han colocado los avatares que hemos vivido y andar los pocos pasos que nos
separan del colegio electoral que nos corresponde, para depositar un voto de
conciencia, en la gran urna de todos los españoles.
Piensen que cuando hay que tomar decisiones difíciles en la
vida, suele ser una buena táctica centrarse primero en lo que uno no querría
que le ocurriera nunca. Al fin y al cabo, a todos los seres humanos lo que en
el fondo nos interesa, es estar lo más cerca posible de alcanzar la felicidad.
Todos tenemos ante nosotros el día veinticuatro una página en
blanco. Anímense a escribir en ella y mañana podrán firmar con su nombre lo que
suceda en el futuro.

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