El flemático Mariano Rajoy se abstiene de hacer autocrítica
tras los malos resultados de las elecciones y como si no hubiera pasado nada,
se niega a hacer cambios en su Gobierno, pensando como siempre, que las cosas
se arreglarán sin tener que mover un dedo.
No piensa así un nutrido grupo de gente relevante en su
Partido y ya empiezan a oírse voces que piden desesperadamente que el
Presidente no sea el candidato del PP para las generales.
Los ciudadanos miran con cierto regocijo, cómo determinados
líderes, hasta ahora intolerantes con cualquier tipo de oposición, suplican los
apoyos de los recién llegados de corbata e incluso apelan a la solidaridad de
los socialistas, con tal de que no accedan a los cargos, los miembros de
Podemos.
El miedo ancestral que la derecha ha tenido siempre al
progreso, se refleja en sus gestos, dando la razón a los que dijimos que desde
el primer momento habían subestimado a Iglesias y a los suyos, considerando que
su ascenso era una moda pasajera y que la Sociedad no daría ningún crédito a lo
que ellos consideraban como disparatadas propuestas.
No han contado con que Iglesias sería capaz de traer
esperanza a una ciudadanía absolutamente vapuleada por su imposible situación,
ni tampoco con que la imagen, los trajes de marca y las camisas de seda, no son
en sí mismos, capaces de construir a un buen político, quedándose ahora,
estupefactos ante los logros obtenidos por un Partido recién nacido y por sus jovencísimos
dirigentes.
De nada han valido los continuos ataques perpetrados sobre
los líderes de Podemos, ni las insinuaciones continuas de que era su intención
terminar con la Democracia que ahora tenemos, ni airear las cuentas de sus
principales dirigentes, ni tratar por todos los medios de radicalizar su
pensamiento para ganar la voluntad de los españoles.
Podemos ha llegado muy lejos para contar con un solo año de
existencia y las críticas vertidas sólo han valido para favorecer el liderazgo
de Iglesias y los suyos, que se han convertido para un gran número de
ciudadanos, en la imagen de la lucha contra la corrupción de un Sistema, herido
de muerte en su funcionamiento y necesitado de un cambio urgente para
sobrevivir, aunque sea por otros caminos.
Es lo que tiene abusar del poder y llevar a la práctica
ciertas políticas demasiado apegadas a los mercados y alejadas de las personas.
Es natural, que sintiéndose abandonados, los hombres y mujeres que conforman la
geografía nacional, se vean obligados a
buscar nuevas soluciones para problemas que el Estado no les resuelve y que
sigan el camino que les marca quién les habla en su mismo idioma, entendiendo y
compartiendo su terrible cotidianidad, a pie de calle y a su lado.
Mucho ha tardado este pueblo sufridor y sumiso en despertar,
dado lo que hemos visto a nuestro alrededor, en los últimos tiempos y es lógico,
que una vez abandonada la desidia, se haya lanzado sin prejuicios a combatir,
de la mejor manera que entiende, los desmanes de una clase política falaz,
corrupta y deleznable, que habita en una especie de fortaleza inexpugnable a la
que nadie tiene acceso, hasta que se vuelven a convocar elecciones.
Y eso que a muchos, les han aterrorizado con la amenaza de
perder la pensión o el subsidio miserable que el Estado les ha dejado tras
potenciar por medio de la Reforma Laboral que les despidieran de su empleo,
atenazándoles a una servidumbre vitalicia que nunca les concederá siquiera, la
libertad de poder decidir libremente a quiénes votarían en conciencia.
Sin embargo, el panorama que se ofrece a partir de este mismo
momento, demostrará sin duda que es posible una realidad bien diferente.
Podemos, gobernará en Comunidades y Ayuntamientos y tendrá la oportunidad de
probar, ahora sí, que no tenían razón los que auguraban un futuro tan negro.
Ya, ni siquiera importa que Rajoy cambie o no su gobierno. La
suerte está echada y no favorece, en nada, las pretensiones de la derecha.

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