En una semana en la que el fútbol sorbe el seso de la
población, como si ya no hubiera problemas por los que preocuparse y a todos
nos fuera la vida en que real Madrid y Barcelona jugaran la final de no sé qué
copa europea, la vida política continúa fluyendo por derroteros muy similares a
los que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos y sólo algunas noticias
dignas de reseñar, acaparan la atención de los impenitentes curiosos.
Mientras Podemos presentaba su Programa Electoral para las
Municipales, Susana Díaz perdía en primera vuelta, la votación para ser elegida
Presidenta de la Junta de Andalucía y nuevas grabaciones relacionadas con
Alfonso Rus, contradecían contundentemente su increíble alegato de inocencia.
Pero jugaba el Real Madrid y una gran parte de la gente se
sentaba delante del televisor para ver el Partido, buscando quizá, una vía de
entretenimiento por la que escapar de la espantosa imagen de sus propias
vivencias.
Probablemente por esta razón y no por otra, la aparición del Programa de Podemos no contó
con la repercusión mediática que esperaban sus líderes y no será hasta hoy, una
vez estudiado y analizado el contenido de sus propuestas, cuando los analistas
se atrevan a aventurar una opinión sobre el contenido de las mismas y a
manifestar su apoyo u oposición, según las normas impuestas por la propia
ideología.
También se pasó por alto el hecho de que finalmente Esperanza
Aguirre vaya a sentarse en el banquillo, acusada de un delito de faltas y hasta
que el juez no haya tenido en cuenta el informe presentado por el agente de
movilidad, al que la es Presidenta
arrolló con su coche.
Tampoco tuvo audiencia la retransmisión de la votación por la
investidura en el Parlamento de Andalucía y hasta dio la impresión de que sus
señorías estaban ansiosos por terminar, seguramente deseosos de llegar a casa
para ver el partido.
La fiebre futbolera, que ya hemos denominado a veces como el
actual opio del pueblo, obró otra vez la magia de minimizar cualquier otro
acontecimiento y hasta la densidad del tráfico en las ciudades, se resintió,
como se resentirá seguramente hoy, a la hora que juegue el Barcelona.
A una se le cae el alma a los pies cuando en una situación
tan difícil como la que padecemos, los periódicos dedican las portadas a los
resultados de los partidos y hasta las Editoriales, normalmente firmadas por
las mejores plumas del periodismo, cambian por un día el análisis que suelen
hacer sobre lo que está ocurriendo en el país, por un comentario generalmente
gozoso, sobre tal o cual gol, marcado por alguno de estos ídolos millonarios de
pantalón corto, que se llevan ahora.
Verán, ganen o pierdan Barcelona o Madrid, la precariedad de
nuestro mercado laboral seguirá siendo, si una revolución no lo remedia,
exactamente igual mañana, los bancos continuaran desahuciando a los que
incumplan el pago de su hipoteca y todos nos eternizaremos en las largas listas
de espera que tiene la seguridad social, a causa de los recortes impuestos.
Así que si Mesi o Ronaldo marcan o no, la puta situación que
padecemos, nos estará esperando tras la puerta, en cuanto terminen los
encuentros, por lo que nunca podré comprender la ola de excitación que se
desata por doquier, en cuanto una maldita pelota se pone en movimiento.

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