Desvela la prensa que Naseiro, el que fuera contable del PP
antes que Bárcenas, depositó un documento ante notario en el que ya denunciaba
la existencia de una caja B y responsabilizaba directamente a José María Áznar, de quien, según reza, recibía todas las órdenes.
Encontrándose el ex tesorero de entonces acusado por la
justicia y temiendo ser abandonado ante ella por la cúpula de su Partido,
consideró que una manera de curarse en salud sería guardar bajo vigilancia notarial, tanto la carta en que
presentaba su dimisión de manera absolutamente educada y correcta, como otra en
la que se dirigía a Áznar admitiendo haber acatado sus órdenes en todo momento
y que seguramente le sirvió como medida de presión, para no ser repudiado
inmediatamente por el ex Presidente.
Los documentos, cuya importancia judicial carecen hoy de
importancia por el tiempo transcurrido, si vienen a demostrar la versión de los
que sostienen que el PP se financió ilegalmente, prácticamente desde su
nacimiento y sobre todo, que las prácticas ilegales de corar comisiones a los
empresarios a cambio de la concesión de obras públicas, era perfectamente
conocidas por los dirigentes.
La revelación añade aún más suciedad sobre la ya manchada
reputación de los populares y coloca a Rajoy en una incómoda posición de la que
no va a poder escapar, pues no le quedará otro remedio que responder a las
preguntas que, con toda seguridad, le hará la prensa.
Porque ya no es sólo Bárcenas quien afirma que los cargos más
importantes del PP conocían y manejaban los fondos millonarios ocultos en una
contabilidad paralela, ni tampoco, la primera cabeza de turco que los populares
han ofrecido a la justicia, como un medio de huir apresuradamente de otras
acciones más contundentes, en las que podrían haber caído gente de mucha más
relevancia.
La imagen de Áznar no se salva de este mayúsculo escándalo de
corrupción política y bien podría quedar manchada para siempre ante los ojos de
quiénes le consideraban como ejemplo de profesionalidad y limpieza.
Quizá de ahí, el empeño del Ministro de Justicia en imponer
fuertes sanciones a los medios que denuncien casos de corrupción y puede, que
hasta la negativa a desvelar los nombres de los setecientos implicados en la
famosa lista de Hacienda, entre los que podrían aparecer personajes de
demasiada importancia en el Partido que actualmente nos gobierna.
La gravedad de estas revelaciones no puede ser mayor, pues ya
afecta a la misma cabeza de los conservadores, probando que ni siquiera el que
fuera Presidente de este país, se encontraría a salvo de ser sospechoso de
según qué clase de deshonrosos delitos.
Y no vale que hayan prescrito las acciones a las que ahora se
refiere el periódico que publica los documentos, porque la inmoralidad, la
ignominia de haber participado en ciertas prácticas del todo inaceptables, por
muchos años que hayan pasado, ha de ser eternamente recordada por la memoria de
los ciudadanos, cada vez que deban acudir a las urnas.
Otro mito que cae y que sin embargo, no mueve a
rectificaciones inmediatas a los actuales dirigentes de un PP, en el que ya no
queda casi nadie que pueda demostrar su limpieza.
Si este pueblo nuestro les vota otra vez, habrá que entender
que a partir de ahora, cada uno de nosotros tiene exactamente lo que merece.

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