miércoles, 20 de mayo de 2015

Escondiendo el programa


Después de presumir de los supuestos logros del PP desde que está en el gobierno, a lo largo y ancho de toda la geografía española, María Dolores de Cospedal tiene la desfachatez de Presentar su Programa para la Comunidad de Castilla la Mancha, el último día de la campaña electoral, sin dar tiempo al electorado de discernir o no si sería capaz de cumplirlo, por evidente falta de tiempo.
Acostumbrada a que esto de las promesas electorales no son más que un reclamo para atraer a los votantes y nunca un firme compromiso adquirido con el pueblo, como ha demostrado fehacientemente el PP, a lo largo de toda la legislatura, Cospedal evita el conflicto que podría planteársele frente a sus posibles votantes, si alguno de ellos se atreviese a preguntar sobre alguna de las líneas que aparecerán en el programa y se viese obligada a responder, seguramente sin conocer siquiera lo que se expone en el texto.
La fluidez en la oratoria no es precisamente el fuerte de Cospedal, como todos hemos podido comprobar durante las numerosísimas y memorables intervenciones que ha protagonizado ante la prensa y podría resultar muy peligroso para las expectativas de su partido, dejar en sus manos la defensa de un programa electoral por si se diera un caso similar a la de su intervención sobre el despido de Bárcenas, aquella de la indemnización en diferido.
Pero la falta de respeto que demuestra este hurto evidente que se le hace al electorado, por la imposibilidad de    tener siquiera una vaga idea de lo que piensa hacer Cospedal, si repite como Presidenta de Castilla la Mancha, constituye en sí mismo, no ya un atentado contra las propias normas de la democracia, sino además, una ofensa contra la inteligencia de los ciudadanos, a los que se debe pensar que en el fondo da igual la política que siga quien por fin les gobierne.
Claro que después de comprobar en carne propia que los populares no han cumplido ni una sola de las promesas electorales que hicieron, antes de ser elegidos para regentar el país,  presentar el programa a los electores a su debido tiempo podría traer consigo un efecto perjudicial, si se atreven a reproducir algunas de aquellas medidas que ya entonces apuntaban como factibles de ser llevadas a cabo o incluyen otras nuevas, que por su envergadura, será fácil que también se las lleve después el viento.
Tanto que han criticado a los Partidos recién llegados, a su eterno rival el PSOE, a UPYD o a IU, todos ellos se han encargado de que al inicio de la campaña, la Sociedad tuviera acceso a los programas que presentan y sólo el PP, jugando una vez más en su propio beneficio, tiene la osadía de pensar que la gente les votará a ciegas o como un gesto de gratitud con las medidas que la han llevado a la catastrófica situación en que se encuentran.
Otra vez, la soberbia se impone a la razón y el envanecimiento a la lógica de pelear el voto de los españoles, en buena lid, con los demás representantes del arco político.
Ya antes hemos vivido esta situación de triunfalismo y por ello, quizá convendría recordar lo que ocurrió aquel dos mil cuatro, cuando todas las encuestas daban al  PP la mayoría absoluta….y ganó Zapatero.



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