Después de presumir de los supuestos logros del PP desde que
está en el gobierno, a lo largo y ancho de toda la geografía española, María
Dolores de Cospedal tiene la desfachatez de Presentar su Programa para la
Comunidad de Castilla la Mancha, el último día de la campaña electoral, sin dar
tiempo al electorado de discernir o no si sería capaz de cumplirlo, por
evidente falta de tiempo.
Acostumbrada a que esto de las promesas electorales no son
más que un reclamo para atraer a los votantes y nunca un firme compromiso
adquirido con el pueblo, como ha demostrado fehacientemente el PP, a lo largo
de toda la legislatura, Cospedal evita el conflicto que podría planteársele frente
a sus posibles votantes, si alguno de ellos se atreviese a preguntar sobre
alguna de las líneas que aparecerán en el programa y se viese obligada a
responder, seguramente sin conocer siquiera lo que se expone en el texto.
La fluidez en la oratoria no es precisamente el fuerte de
Cospedal, como todos hemos podido comprobar durante las numerosísimas y
memorables intervenciones que ha protagonizado ante la prensa y podría resultar
muy peligroso para las expectativas de su partido, dejar en sus manos la defensa
de un programa electoral por si se diera un caso similar a la de su
intervención sobre el despido de Bárcenas, aquella de la indemnización en
diferido.
Pero la falta de respeto que demuestra este hurto evidente
que se le hace al electorado, por la imposibilidad de tener siquiera una vaga idea de lo que
piensa hacer Cospedal, si repite como Presidenta de Castilla la Mancha,
constituye en sí mismo, no ya un atentado contra las propias normas de la
democracia, sino además, una ofensa contra la inteligencia de los ciudadanos, a
los que se debe pensar que en el fondo da igual la política que siga quien por
fin les gobierne.
Claro que después de comprobar en carne propia que los
populares no han cumplido ni una sola de las promesas electorales que hicieron,
antes de ser elegidos para regentar el país, presentar el programa a los electores a su
debido tiempo podría traer consigo un efecto perjudicial, si se atreven a
reproducir algunas de aquellas medidas que ya entonces apuntaban como factibles
de ser llevadas a cabo o incluyen otras nuevas, que por su envergadura, será
fácil que también se las lleve después el viento.
Tanto que han criticado a los Partidos recién llegados, a su
eterno rival el PSOE, a UPYD o a IU, todos ellos se han encargado de que al inicio
de la campaña, la Sociedad tuviera acceso a los programas que presentan y sólo
el PP, jugando una vez más en su propio beneficio, tiene la osadía de pensar
que la gente les votará a ciegas o como un gesto de gratitud con las medidas
que la han llevado a la catastrófica situación en que se encuentran.
Otra vez, la soberbia se impone a la razón y el
envanecimiento a la lógica de pelear el voto de los españoles, en buena lid,
con los demás representantes del arco político.
Ya antes hemos vivido esta situación de triunfalismo y por
ello, quizá convendría recordar lo que ocurrió aquel dos mil cuatro, cuando
todas las encuestas daban al PP la
mayoría absoluta….y ganó Zapatero.

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