lunes, 25 de mayo de 2015

Minorías decisorias


El voto de los españoles en las Elecciones Autonómicas y Municipales ha roto finalmente el bipartidismo y ha dejado un panorama en Parlamentos y Ayuntamientos en el que las recién llegadas minorías resultan totalmente decisorias.
Ni PP ni PSOE podrán gobernar en la mayoría de los sitios, si no se afanan en buscar acuerdos con Ciudadanos y Podemos, haciendo concesiones que ni ellos mismos podrían haber imaginado hace apenas un año y que ahora será imprescindibles para conseguir un poder que se les ha escapado de las manos por voluntad expresa de este pueblo.
Las grandes ciudades, Madrid y Barcelona, tendrán con toda probabilidad alcaldesas que se han presentado a las elecciones acompañadas por Podemos y también en Valencia perderá el PP la vara de mando, dados los resultados obtenidos por Compromis, PSOE , Ciudadanos y Podemos, que superan en mucho las expectativas de una Rita Barberá, que ha pagado las graves sospechas que se ciernen sobre ella, con su sillón de mando.
Los horizontes no son mejores para los grandes Partidos en el resto de España y en Especial para el PP, que a pesar de haber obtenido la mayoría numérica de los votos, ha quedado muy lejos de los resultados logrados en las anteriores elecciones de este tipo y mucho más, de las Generales que le llevaran al poder en 2011.
Se impone un nuevo modo de hacer política que nada tendrá que ver con los viejos cánones establecidos y el poder de la ciudadanía, a través de muchas formaciones a lo largo y ancho del país, ha irrumpido como un torrente en las Instituciones, obligando a los viejos gestores a modificar radicalmente sus comportamientos.
Se acabaron las vacas gordas para los corruptos, que a partir de ahora estarán infinitamente más vigilados por los recién llegados y tanto PP como PSOE habrán de cuidarse muy mucho de estudiar hacia dónde deberán dirigirse, si verdaderamente desean conservar la poca fuerza que les queda, encontrándose ahora maniatados para tomar decisiones por la voluntad de un pueblo hastiado de su prepotencia.
Un aire nuevo se cuela por las ventanas de la política española y obliga también ferozmente a los que ahora se estrenan a mantener intactas sus promesas electorales, estando como están, las generales, a la misma vuelta de la esquina.

Lástima que el miedo y la indecisión haya todavía acogotado a una gran parte de la población, pero no hay como ver resultados para entender que todo es factible de ser cambiado y que si somos mínimamente civilizados, no sólo no sucederá la catástrofe que gustan augurar los Partidos viejos, sino que se puede llegar a la luz por otros caminos, sobre todo si entre todos, de verdad, ayudamos a construirlos.

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