El voto de los españoles en las Elecciones Autonómicas y
Municipales ha roto finalmente el bipartidismo y ha dejado un panorama en
Parlamentos y Ayuntamientos en el que las recién llegadas minorías resultan
totalmente decisorias.
Ni PP ni PSOE podrán gobernar en la mayoría de los sitios, si
no se afanan en buscar acuerdos con Ciudadanos y Podemos, haciendo concesiones
que ni ellos mismos podrían haber imaginado hace apenas un año y que ahora será
imprescindibles para conseguir un poder que se les ha escapado de las manos por
voluntad expresa de este pueblo.
Las grandes ciudades, Madrid y Barcelona, tendrán con toda
probabilidad alcaldesas que se han presentado a las elecciones acompañadas por
Podemos y también en Valencia perderá el PP la vara de mando, dados los
resultados obtenidos por Compromis, PSOE , Ciudadanos y Podemos, que superan en
mucho las expectativas de una Rita Barberá, que ha pagado las graves sospechas
que se ciernen sobre ella, con su sillón de mando.
Los horizontes no son mejores para los grandes Partidos en el
resto de España y en Especial para el PP, que a pesar de haber obtenido la
mayoría numérica de los votos, ha quedado muy lejos de los resultados logrados
en las anteriores elecciones de este tipo y mucho más, de las Generales que le
llevaran al poder en 2011.
Se impone un nuevo modo de hacer política que nada tendrá que
ver con los viejos cánones establecidos y el poder de la ciudadanía, a través
de muchas formaciones a lo largo y ancho del país, ha irrumpido como un
torrente en las Instituciones, obligando a los viejos gestores a modificar
radicalmente sus comportamientos.
Se acabaron las vacas gordas para los corruptos, que a partir
de ahora estarán infinitamente más vigilados por los recién llegados y tanto PP
como PSOE habrán de cuidarse muy mucho de estudiar hacia dónde deberán dirigirse,
si verdaderamente desean conservar la poca fuerza que les queda, encontrándose
ahora maniatados para tomar decisiones por la voluntad de un pueblo hastiado de
su prepotencia.
Un aire nuevo se cuela por las ventanas de la política
española y obliga también ferozmente a los que ahora se estrenan a mantener
intactas sus promesas electorales, estando como están, las generales, a la
misma vuelta de la esquina.
Lástima que el miedo y la indecisión haya todavía acogotado a
una gran parte de la población, pero no hay como ver resultados para entender
que todo es factible de ser cambiado y que si somos mínimamente civilizados, no
sólo no sucederá la catástrofe que gustan augurar los Partidos viejos, sino que
se puede llegar a la luz por otros caminos, sobre todo si entre todos, de
verdad, ayudamos a construirlos.

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