jueves, 28 de mayo de 2015

La triste soledad


Habría que remontarse hasta la desaparición de la UCD de Adolfo Suárez para recordar una guerra interna de las dimensiones de la que está ocurriendo en el PP a día de hoy y  que sólo se entiende, si los Partidos están asentados sobre unos cimientos que ya se tambaleaban considerablemente, antes de que se produjera el fracaso electoral acaecido en las últimas elecciones.
El Presidente Rajoy, que hace sólo unos días presumía de haber salvado a España de una catástrofe económica, empleando un tono triunfalista que resultaba incomprensible para los ciudadanos, es ahora directamente culpabilizado por los principales líderes de su Formación de todas las pérdidas de votos que han despojado a los conservadores del poder en las principales ciudades y choca de bruces contra un ejército de perdedores, que no aceptan el hecho de tener que abandonar sus cómodos cargos en Comunidades y Ayuntamientos.
Mucha razón debía tener Áznar, cuando  reclamaba unidad entre las filas del PP, pues parece imposible que en tan poco tiempo, toda la estructura popular se haya venido abajo de una manera tan evidente y  muy frágil debía ser ya el liderazgo de Rajoy, si sólo han bastado dos días desde la celebración de los comicios, para que desde varios frentes se reclame que no vuelva a ser el candidato en las generales y esa petición se acompañe con un alto número de dimisiones, que sin embargo, no parecen afectar a las intenciones futuras del Presidente.
Es verdad que Rajoy siempre estuvo un poco solo, oculto en la burbuja personal que para sí construyó en la atalaya de Moncloa, pero esa soledad, nunca había resultado tan explícita para los ciudadanos como ahora y podemos decir que al final ha terminado por volverse en su contra, pues de tanto huir de los demás, ha logrado  parecerse cada vez más, a uno de aquellos antiguos ascetas.
Esta soledad, que no tendría importancia si contara al menos con el apoyo de la ciudadanía, se agrava poderosamente si se tiene en cuenta la impopularidad que se ha ganado a pulso Rajoy, durante sus años de mandato.
La distancia que ha venido estableciendo sistemáticamente entre su propio yo y la Sociedad, le pasa ahora una factura imposible de satisfacer y le arroja irremisiblemente a los pies de sus detractores, que además, para su mal, proceden de su propio Partido.
Es tan fácil contar con apoyos en tiempos de bonanza, que uno suele olvidar que la suerte puede cambiar en un instante y cuando se vive el presente sin hacer ningún tipo de previsión de futuro, aún es peor poder sobrellevar el fracaso, sobre todo si por encontrarse aislado de la realidad, no se cuenta con que pueda llegar  tan pronto.
Este fracaso ha debido pillar a Rajoy por sorpresa y si ya contaba con las críticas feroces que recibiría de la oposición, por cómo se han ido desarrollando los acontecimientos durante su legislatura, la deslealtad de los suyos, el éxodo masivo de barones que se está produciendo, ha debido dejarle estupefacto, pues no ha recibido más que aplausos de todos ellos, en cualquiera de sus artificiales intervenciones.
Ha caído el Presidente, de pronto, en el mismo centro de la realidad, despertando del dulce sueño que para él han estado construyendo sus  asesores y descubriendo que el color de rosa era, para su mal, mucho más oscuro de lo que le habían hecho creer, quienes le informaban de manera sesgada de lo que ocurría en el país y también en su propio Partido.
No le queda otro remedio que abandonar el puesto, si quiere conservar un mínimo de dignidad, que como decíamos ayer, es lo último que debe perder cualquier hombre.

Pero  no sucederá. No tendrá esa suerte este pueblo, al que tanto ha dañado con su manera de entender la política.

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