Igual que ocurriera con la crisis del ébola, el gobierno no
ha sabido gestionar de manera correcta las acciones de salvamento de los tres
espeleólogos españoles que cayeron a un acantilado en Marruecos y que se ha
saldado finalmente con la pérdida de dos vidas, a pesar de que hasta allí se
habían desplazado unos cuantos compatriotas expertos en estas materias, a los
que las autoridades marroquíes han impedido intervenir, probablemente por una
falta total de coordinación con el Ministerio de Exteriores de España.
Atrapados en una roca situada en un lugar de difícil acceso,
los espeleólogos se han visto obligados
a esperar una semana a que los equipos de rescate de Marruecos pudieran por fin
llegar hasta donde se encontraban, acción que ha costado la vida al menos a uno
de ellos, que probablemente habría podido salvarse si las labores no se
hubieran interrumpido de noche, como sugerían los compañeros desplazados allí,mucho
más acostumbrados a librar batallas de este calibre.
Ya sabemos que a pesar de las apariencias, las relaciones con
Marruecos nunca han sido fáciles y que desde hace tiempo, en toda negociación
entablada subyace en parte de los autoridades alauís, un deseo fehaciente de
recuperar Ceuta y Melilla para integrarlas en su territorio nacional, por lo
que casi nunca resulta factible conseguir un acuerdo que satisfaga plenamente a
los diplomáticos españoles.
Pero quizá en esta ocasión, no pueda atribuirse toda la culpa
a las reticencias de Marruecos y el origen del retraso en iniciar las labores
de búsqueda se deban en realidad, a que en un primer momento en España no se
concedió la importancia suficiente a la desaparición de estas personas,
confiando erróneamente en que la experiencia con la que contaban, les haría
volver sanos y salvos al punto de partida, sin necesidad de tener que recurrir
a la vía diplomática, si podía evitarse.
Una vez iniciadas las gestiones, tampoco se ha debido incidir
en la exigencia de que los espeleólogos que habían viajado desde España
participaran activamente en el rescate y
lo que podía haber quedado en un susto, ha terminado convirtiéndose en una
agónica aventura para los protagonistas de esta historia, ante la indignación
de los compañeros que esperaban, sin que les fuera permitido intervenir, al borde mismo del abismo en que
se desarrollaba una escena dantesca.
Como otras veces, el Ministro ya se ha encargado de recibir
al superviviente a pie de avión, a su regreso a España y a pesar de la
insistencia de los medios en que ofreciera explicaciones sobre los graves
errores cometidos en este asunto, se ha limitado a lamentar la pérdida de las
dos víctimas, sin asumir, en lo que le toca, su parte de responsabilidad en la
mala gestión del asunto.
Indignados, los compañeros de los fallecidos y del
superviviente, que soportaron con impotencia una prohibición que les resultaba
inexplicable, no han tardado en manifestar que estando allí les había parecido
evidente que la falta de entendimiento entre los dos gobiernos, era la única
causa que retrasaba de manera fatal, el desarrollo de unas labores que podían
haberse concluido mucho antes.
También las familias han manifestado su intención de
denunciar y aún se asombran de que uno de los espeleólogos haya conseguido
sobrevivir en condiciones tan adversas, aunque naturalmente, las secuelas
psicológicas que le quedarán tras haber visto morir a sus dos compañeros, serán
posiblemente irrecuperables.
Tras los sucesos de los inmigrantes muertos en el mar, esta
crisis de los espeleólogos, se le echa encima como un huracán al Ministro de
Exteriores, volviendo a demostrar su ineficacia para ocupar el puesto y pone en
evidencia, otra vez, su buena voluntad para ofrecer a los españoles un relato
veraz de los hechos, aunque el paso de los días se encargue de que otros, como
siempre, terminen por hacerlo, afortunadamente para todos nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario