Intentando no perder para siempre al núcleo duro de su
electorado, el PP parchea la Ley del aborto que se aprobara durante el mandato
socialista y hace retroceder a las mujeres y muy especialmente a las
adolescentes, unas cuantas décadas atrás, privándolas de la libertad de decidir
sobre una maternidad, muchas veces no deseada y otras prácticamente inviable,
por las condiciones económicas en que ahora se vive.
No llega por supuesto la reforma a la dureza que pretendía
Gallardón, pero era el momento de hacer ver al electorado que el PP cumple al
menos alguna de las promesas electorales que hizo para conseguir el poder,
aunque este tema, espinoso por naturaleza, quizá no sea el más idóneo de
cuantos quedaban pendientes en la larga cartera de incumplimientos que el PP
guarda en su mochila.
Pero la presión de las autoridades eclesiásticas y el
evidente distanciamiento de los militantes y simpatizantes más escorados a la
derecha, no han dejado otra salida a un indeciso Rajoy que ha estado retrasando
la aprobación de la nueva Ley, prácticamente hasta el final de la legislatura.
La debacle de las elecciones andaluzas ha debido ser el
detonante que ha hecho sonar la voz de alerta y un PP bastante tocado por los
malos resultados obtenidos, aunque no quiera reconocerlo, ha debido pensar que
no es de recibo permitir que se escape a favor de otras Formaciones ni un voto
más, sea cuales fueren las medidas que deban adoptar, antes de que se celebren
los comicios municipales.
Ya veremos si les sale bien la jugada, porque Rajoy no debe
obviar tan alegremente que su granero de votos también se nutre de otra gente
mucho menos recalcitrante que la del núcleo encabezado por Esperanza Aguirre, a
la que sin duda no ha debido agradar que todo el partido claudique a las exigencias
de quienes representan un problema constante en las relaciones internas del PP,
como se ha demostrado en tantas ocasiones.
Otra vez, Rajoy trata de contentar a toda su prole política
con una medida controvertida y otra vez, probablemente perderá en el camino un
buen puñado de votantes que para nada se sienten identificados con la beatería
propia de la derecha más tradicional y obsoleta.
Lo que ocurre en esta ocasión es que Albert Rivera está
esperando con los brazos abiertos a quienes en otras ocasiones se encontraban
sin tener otra alternativa que votar y que ahora han encontrado en Ciudadanos
un refugio al que acudir, sin tener que plantearse volver con la cabeza gacha,
a un PP que hace tiempo dejó de colmar sus aspiraciones.
De todas maneras, La Ley no parece que vaya a gozar de larga
vida, si se tiene en cuenta la oposición que ha encontrado en la mayoría de los
grupos parlamentarios y por supuesto en partidos como Podemos, que vienen
empujando con fuerza y que sin duda, irrumpirán en el Parlamento español, en
cuanto se celebren las Generales.
Pero de momento, las jóvenes que deseen abortar a partir de
ahora, van a tener que plantearse volver a viajar fuera de España para poder
hacerlo, lo que ya constituye en sí, un agravio para su propia dignidad y una
imperdonable vuelta atrás, que recuerda peligrosamente a épocas que ya creíamos
superadas.
¿Quién nos iba a decir a los españoles, hace sólo unos
cuantos años, que por una causa o por otra, todos seríamos víctimas de este
Partido Popular, al que todos creíamos, por lo menos, mínimamente civilizado?

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