domingo, 26 de abril de 2015

Delante del televisor


Los que elegimos ver la televisión en la noche del Sábado y descubrimos que saltando de canal a canal podíamos seguir con cierta facilidad dos debates políticos, pudimos notar  enseguida que Pablo Iglesias se consolidaba como uno de los líderes más importantes del país, mientras contestaba a una rueda de preguntas hechas directamente por gente de la calle y que el llamado Bigotes, uno de los principales imputados de la trama Gúrtel, no brillaba precisamente por su inteligencia, sino más bien por todo lo contrario.
Más de un español no pudo por menos que preguntarse cómo un ser de estas características podía haber construido un engranaje tan complicado como el que manejan los jueces que investigan este caso y sobre todo, cómo pudo ningún político, por torpe que fuera, dejarse convencer por él para poner en sus manos los cientos de actos que organizó para su Partido.
 Oyéndole, prestando atención a su burda manera de expresarse y comprobando que su conversación ni siquiera puede resultar atractiva para cualquier persona medianamente inteligente, uno se inclina a pensar si no sería más bien él, quien siendo abducido por las fantasías de ciertos elementos ávidos de obtener riqueza de la forma que fuera, cayó en las redes de un plan perfectamente orquestado desde el mundo de la política y quien ahora paga, como cabeza de turco, la osadía de haber seguido a pies juntillas las indicaciones que se le hacían desde el poder, un poder, al que en ningún momento delató, en el transcurso de toda la entrevista.
Que una forma de tácita extorsión ronda a cualquier empresario que desee obtener algún tipo de contrato con las Instituciones públicas, va quedando bastante claro desde que el Juez Ruz argumentó la financiación ilegal del PP y de las obras de la calle Génova y no es por tanto de extrañar, que este y los otros imputados de Gúrtel, se vieran obligados a hacer el mismo tipo de generosas “donaciones” que Bárcenas describe como habituales en la sede del que fuera su Partido, habiendo sido los primeros en caer en manos de una Justicia, a la que costará aún mucho trabajo esclarecer de dónde partió exactamente la idea que luego desembocó en uno de los asuntos más graves de corrupción, de cuantos se han conocido en España, en los últimos tiempos.
Lo que es verdad, es que hasta para delinquir se necesitan ciertas aptitudes, de las que el Bigotes ciertamente carece y que resulta por tanto, prácticamente imposible que como se viene afirmando desde el principio de la investigación, este individuo sea el cerebro de esta ni de ninguna otra operación de tan enrevesado argumento.
Pero la clase empresarial española parece haber decidido callar y asumir las elevadas “mordidas” que se le proponen desde el poder y su incomprensible conspiración de silencio no hace otra cosa que facilitar la existencia de estas mafias perfectamente asentadas entre nosotros, que impiden con sus actuaciones un desarrollo para este País, tan necesitado de esos mismos recursos que desaparecen después, en los Bancos de los paraísos fiscales.
He de reconocer que indignada, abandoné la entrevista del Bigotes antes de que llegara a su fin y preferí escuchar a un Pablo Iglesias exultante, que al mismo tiempo, ofrecía una serie de interesantes propuestas para terminar de raíz con estos casos de corrupción y de paso, con la imagen terrible que están dando a los ciudadanos, estos impresentables políticos.
Poco ha tardado Rajoy en calificar de alucinógenas sus propuestas, pero ¿qué se puede esperar de un Presidente que alberga bajo su manto a un numeroso grupo de corruptos y que se encuentra él mismo, bajo la  sombra de la sospecha?




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