Si es cierto que Rodrigo Rato posee una fortuna valorada en
veintisiete millones de euros, un Hotel de lujo en Berlín, varias propiedades
inmobiliarias de incalculable valor y más de treinta y cinco cuentas en varios
bancos, como parece haber detectado Hacienda, el entramado que debe haber
organizado este hombre a lo largo de los años que ha estado ocupando cargos de
relevancia en la política, ha de ser necesariamente faraónico, si se tiene en
cuenta el tiempo que ha tardado en descubrirse.
Insultantemente rico en una España en la que cada vez hay más
pobre y confeso de apoyar una ideología liberal, como la que defiende el PP, el
Superministro de Áznar se ha postulado sin embargo, al lado de los que
defendían a ultranza la necesidad de los recortes, aunque guardándose muy mucho
de aplicar esa misma doctrina a sus propios asuntos de dinero y a los de topos
los que le rodeaban.
Si hubiera que poner cara a la avaricia, esa sería sin duda
la de Rato y si hubiera que señalar con el dedo al menos patriota de todos los
españoles, tal deshonor correspondería también a esa misma persona, que para
mayor inri, ha paseado durante años una exacerbada defensa de una trasnochada españolidad,
que en nada corresponde a sus pensamientos más íntimos.
Declara el Presidente Rajoy, estar profundamente dolido por
la detención de Rato, volviendo a eludir toda la responsabilidad que desde su
cargo tiene en que se continúen repitiendo en su Partido asuntos como éste y en
lugar de poner a disposición de los ciudadanos su cargo de poder, como
ocurriría en cualquier país democrático del mundo, busca un punto de fuga por
el que escapar desesperadamente de la inmundicia que le cerca, utilizando el
enclenque argumento de que el ex Vicepresidente ya no pertenece al PP, cuando
la realidad es que ni siquiera fue capaz de ordenar, en su momento, que se le
diera de baja obligatoriamente.
Saca pecho, presumiendo de honestidad, sabiendo que su nombre
está escrito en los papeles de Bárcenas, como perceptor de múltiples
sobresueldos en negro y que la financiación ilegal del Partido, le acosa desde
los juzgados, como una espada de Damocles a punto de caer sobre su cabeza.
Y al mismo tiempo, se encarga de ocultar durante el mayor
tiempo posible el resto de los nombres de los setecientos investigados por
Hacienda, sin tener siquiera, a pesar de encontrarse en plena campaña
electoral, un gesto con los españoles que tienen derecho a saber una verdad
directamente relacionada con el saqueo de una Hacienda Pública, orquestado en
su mayoría, por cargos relevantes de su propio partido.
Por qué no se han filtrado más nombre que el de Rato y por
qué la prensa afín el PP se ceba exclusivamente con este caso que aunque de
extrema gravedad, no debe ser el único, es algo que no se puede entender si no
se piensa qué otras personas aparecen en esa lista y qué cargos han ocupado,
ahora o en el pasado, en las más altas Instituciones del Estado.
Porque si Rato defraudó, como se piensa, cinco millones de
euros al Erario Público, aún desconocemos qué cantidades sumarán entre el resto
de los investigados en la operación y créanme, que a lo mejor, nos llevamos una
sorpresa.
¿Podrán los españoles perdonar al PP este flagrante atraco a las arcas públicas y sobre todo,
volverán a votar alguna vez, al Partido que alberga a los autores de estos
hechos?

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