martes, 7 de abril de 2015

La epidemia maldita


El que fuera Ministro de Justicia con el PSOE, López Aguilar, ha solicitado la baja de militancia en su Partido, al ser imputado  por malos tratos a su ex esposa y que presuntamente se produjeron en presencia de sus hijos, causando el asombro general de cuántos le conocían y le consideraban, por su manera pública de actuar, un hombre totalmente pacífico.
No deja de sorprendernos que esta maldita epidemia de la violencia de género nada tenga que ver ni con las clases sociales ni con la educación de los maltratadores y que estos sucesos que muchas veces terminan desembocando en episodios de fatales consecuencias, a veces resulten difícilmente predecibles, si no fuera porque las víctimas se atreven a dar el dificilísimo paso de interponer la denuncia, desenmascarando ante los demás a quiénes para ellos se comportaba como una persona normal y sólo se transformaban en la intimidad de un hogar que habían convertido en un infierno.
Muchas veces hemos denunciado la lacra que representa el machismo fanático para la Sociedad y otras tantas, que las medidas adoptadas hasta el momento para la resolución de un problema que sesga la vida de sesenta o setenta mujeres cada año, resultan, como se puede ver, absolutamente insuficientes.
Pero es que además, los recortes impuestos por el PP en este apartado, han restringido considerablemente los fondos destinados a la protección de las víctimas y muchas de las mujeres que se hallan actualmente en situación de riesgo, ni siquiera se atreven a denunciar, por no tener un piso de acogida al que acudir con sus hijos y optan por continuar al lado de su verdugo, con la esperanza de que sus perspectivas cambien.
Como vemos, si se analizan los perfiles de los maltratadores, lo mismo podemos encontrarnos con un profesor de Universidad, con un médico, un juez o un obrero de la construcción, lo que viene demostrando que la violencia machista nada tiene que ver con la formación académica de quienes la practican y mucho con un exagerado sentido de la posesión, muchas veces mimetizado del comportamiento de los progenitores, durante la época de infancia.
 Hemos dicho también, que la labor de los padres con los hijos varones en este campo resulta fundamental, e incluso hemos advertido del repunte que se viene observando en los jóvenes, al recabar información sobre sus actuales comportamientos.
Luego entonces, habría que intentar y este intento no permite demora, orientar las medidas de prevención hacia otros y más eficaces caminos e incidir en la educación, ya desde las edades más tempranas, en esta materia, para aclarar a los hombres y mujeres de hoy y de mañana que la igualdad entre ellos ha de ser necesariamente total y que no se admiten fisuras, como disculpar algunos pequeños gestos, que casi siempre acaban por radicalizarse, cuando las relaciones se prolongan en el tiempo y se hacen más íntimas.
Si hay que endurecer las penas o invertir mucho más dinero en la atención a las víctimas, o hacer lo imposible para potenciar que la gente que advierte este tipo de actitudes en su entorno, denuncie sin que se sepa nunca su identidad, la obligación de este y cualquier gobierno es llevarlo a la práctica, cueste lo que cueste, a la mayor brevedad posible.
Y en el caso de López Aguilar, que curse o no la baja en el PSOE, resulta ser absolutamente anecdótico y lo que sería deseable es que si llega a demostrarse su culpabilidad, caiga sobre él de manera implacable, todo el peso de la justicia, sin que su condición de aforado pueda influir en modo alguno, en los jueces encargados de dictar sentencia.




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