Todas las ínfulas triunfalistas del PP, todas las promesas de
nuevo cuño, urdidas artesanalmente para convencer a las masas en la pasada
campaña electoral y el falso orgullo de haber gestionado brillantemente las
medidas estrictamente “necesarias” para salir airosamente de la crisis, se han
venido de pronto abajo, cayendo vertiginosamente desde su pedestal virtual, por
la voluntad de un pueblo andaluz, que ha sido el primero en ser consultado
desde la llegada de Rajoy al poder y el primero en responder categóricamente
que el camino elegido por los conservadores, no era el más adecuado a seguir y
que no ha satisfecho, en absoluto, los intereses de la gente.
Se han terminado de un plumazo, los discursos que en tono
irónico cuestionaban la existencia de un aumento generalizado de la pobreza o
la presunción de estar creando puestos de trabajo que satisficieran la dignidad
de los españoles, colocando a Rajoy y a los suyos, de manera inopinada y
contundente, exactamente en medio de esa realidad que sistemáticamente se
negaban a ver y que ahora les atrapa entre sus afiladas garras, haciéndoles ver que la verdad termina por
imponerse a la invención, haciéndose patente en cuanto puede y ridiculizando a
todos aquellos que la empujaban reiteradamente intentando ocultarla, tras el
espejismo imaginado con la pérfida intención de engañar a un pueblo demasiado
dolorido por su propia historia cotidiana.
Y no es que Susana Díaz represente en sí misma una ruptura
con el modo de gobernar que han preconizado hasta ahora los viejos Partidos, ni
que se diferencie sustancialmente, en las formas, de la esencia que mueve a los
conservadores en esta España que nos ha tocado sufrir en los últimos tiempos,
pero su triunfo en las elecciones andaluzas, por el modo en que se ha producido,
seguramente marcará un tiempo diferente en la línea que se habrá de seguir,
vigilada como estará, muy de cerca, por dos Formaciones absolutamente nuevas y
sobre todo, limpias de fantasmas de corrupción, dispuestas a no consentir según
qué cosas, de cara a un futuro, en el que el PP no tendrá cabida.
Podemos y Ciudadanos, vienen al menos, con esas ganas de
trabajar que resultan absolutamente necesarias en los momentos que vivimos, en
contraposición con las formas cansinas que ponen en práctica los bipartidistas,
demasiado acostumbrados a una alternancia en el poder, que empieza a peligrar,
afortunadamente, gracias a la acción de unos electores, cansados de los
gravísimos errores cometidos en los últimos tiempos.
Que algo empieza a cambiar, es evidente. Que no se produce
este cambio con la rapidez que algunos esperábamos y que habrá que esperar un
poco más para que algo nuevo y diametralmente diferente suceda, nadie podría
negarlo y no hay como seguir trabajando, si se quiere lograr esa transformación
prodigiosa que hasta hoy se nos niega, pero lo que está claro es que las
Elecciones Andaluzas han lanzado un claro mensaje de rechazo al Presidente de
Gobierno de este País, un mensaje que seguramente terminará materializándose
del todo cuando en Municipales y Generales, los ciudadanos terminen de apearle
de la posición de poder que ahora ocupa, recordándole con sus votos, que
ciertas cosas no se perdonan.

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