No es casualidad que
el recién elegido Presidente de Grecia acuse a España y Portugal de conspirar para frenar cualquier posibilidad de éxito en
planteamientos políticos que nada tienen que ver con la austeridad y los
recortes, ni es de extrañar que su opinión sobre la manera de gobernar de Rajoy
en el caso de nuestro país, coincida plenamente con la que manifestaron todos
los líderes de la oposición en el Debate del Estado de la Nación, la semana
pasada.
Teniendo en cuenta que las naciones que ocupan
geográficamente el sur de Europa han venido padeciendo problemas idénticos a
los que acucian a Grecia y que los
ciudadanos lusos y españoles han alcanzado los mismos niveles de indignación
que los helenos en los últimos tiempos, resulta razonable que ahora que se
acercan las elecciones, el voto tradicionalmente otorgado a Partidos
conservadores y socialdemócratas, derive hacia horizontes parecidos a los que
ofrece la formación de Tsipras, por lo que no sería productivo ni para el
Presidente portugués ni para el nuestro, que pudiera cambiar radicalmente el
rumbo político trazado desde Europa, que tan sumisamente llevan acatando, desde
que comenzó esta interminable crisis.
Frenar a Tsipras se ha convertido en una necesidad que
ha de afrontarse a la mayor brevedad
posible y es por tanto, absolutamente creíble el mensaje que el Presidente
Griego se atreve a lanzar, aún a riesgo de poner en peligro las buenas
relaciones existentes hasta ahora con lusos y españoles, al haber comprendido
el primer día de su mandato que no recibirá ningún tipo de apoyo por parte de
estos supuestos aliados, sino más bien, un ataque frontal que evite como sea,
la más mínima posibilidad de que sus medidas se conviertan en exitosas, aún
siendo radicalmente opuestas a las que dicta Merkel desde el bunker inexpugnable que ha
establecido en su amada Alemania, tan poco grato para la mayoría de los
ciudadanos del sur y tan valioso para los prebostes capitalistas que manejan
sin piedad, las riendas de nuestro mundo.
En el caso de España, Rajoy sabe muy bien que si Tsipras
consigue avanzar, aunque sea un palmo, por un camino distinto al que marcan los
dictados de las grandes potencias europeas, la victoria de Podemos, primero en
las Municipales y autonómicas y después en las Generales que se celebrarán a
finales de año, podría estar garantizado y la debacle de un bipartidismo
obsoleto que ya no representa a una gran parte de la sociedad, ser un hecho que
no tendría vuelta atrás, complicando de
manera ostensible todas las previsiones que para nuestro futuro se habían
manejado desde las más altas esferas del Poder absoluto que nos tiraniza.
Así pues, que el Presidente Rajoy responda a las críticas
llegadas desde Grecia con el argumento de que no deben hacerse promesas que
luego no se pueden cumplir, viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando la viga
en el suyo, resulta absolutamente irrelevante, ya que la fuerza de la razón y
el establecimiento de la verdad termina siempre por imponerse a cualquier
subterfugio ideado para escapar airoso de las situaciones que son, en sí
mismas, totalmente adversas.
Porque puede que a Grecia no se la esté dejando actuar, en lo
que constituye una clara injerencia en los asuntos de otro Estado, seguramente
por encontrarse en soledad, aún, frente a los gigantes que manejan la marcha de
una economía exclusivamente diseñada para el enaltecimiento de los ricos, pero
si cunde el ejemplo de lo ocurrido allí y en otras naciones, los ciudadanos
deciden cambiar con sus votos un rumbo político que ya se considera
decididamente insostenible, la fuerza de
los nuevos Partidos políticos y por tanto de sus Presidentes, podría aumentar
considerablemente, consiguiendo que la unión haga viable otra clase de futuro,
libre del yugo asfixiante que nos aplica una Europa desde hace tiempo
desligada, del sentir de la gente.
Puede patalear Rajoy cuánto quiera y puede intentar mil y una
maniobras de persuasión con la única ambición de permanecer en el poder,
incluso volviendo a lanzar un millón de promesas que, como todos sabemos,
después no cumpliría, pero le falta precisamente ese contacto cotidiano con la
realidad que vive esta sociedad, para entender meridianamente que como le
auguran las encuestas, no solo tiene los días contados como Presidente de este
país, sino que además, merece con toda justicia, ser apeado del puesto que
ocupa, no ya por lo que pueda ocurrir o no en el país heleno de ahora en
adelante, sino por la voluntad de estos españoles a los que tanto maltrató, de
todas las maneras posibles, durante el tiempo que duró su mandato.

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