martes, 3 de marzo de 2015

Frenar a Tsipras


No es  casualidad que el recién elegido Presidente de Grecia acuse a España y Portugal de conspirar  para frenar cualquier posibilidad de éxito en planteamientos políticos que nada tienen que ver con la austeridad y los recortes, ni es de extrañar que su opinión sobre la manera de gobernar de Rajoy en el caso de nuestro país, coincida plenamente con la que manifestaron todos los líderes de la oposición en el Debate del Estado de la Nación, la semana pasada.
Teniendo en cuenta que las naciones que ocupan geográficamente el sur de Europa han venido padeciendo problemas idénticos a los que acucian a Grecia  y que los ciudadanos lusos y españoles han alcanzado los mismos niveles de indignación que los helenos en los últimos tiempos, resulta razonable que ahora que se acercan las elecciones, el voto tradicionalmente otorgado a Partidos conservadores y socialdemócratas, derive hacia horizontes parecidos a los que ofrece la formación de Tsipras, por lo que no sería productivo ni para el Presidente portugués ni para el nuestro, que pudiera cambiar radicalmente el rumbo político trazado desde Europa, que tan sumisamente llevan acatando, desde que comenzó esta interminable crisis.
Frenar a Tsipras se ha convertido en una necesidad que ha  de afrontarse a la mayor brevedad posible y es por tanto, absolutamente creíble el mensaje que el Presidente Griego se atreve a lanzar, aún a riesgo de poner en peligro las buenas relaciones existentes hasta ahora con lusos y españoles, al haber comprendido el primer día de su mandato que no recibirá ningún tipo de apoyo por parte de estos supuestos aliados, sino más bien, un ataque frontal que evite como sea, la más mínima posibilidad de que sus medidas se conviertan en exitosas, aún siendo radicalmente opuestas a las que dicta Merkel  desde el bunker inexpugnable que ha establecido en su amada Alemania, tan poco grato para la mayoría de los ciudadanos del sur y tan valioso para los prebostes capitalistas que manejan sin piedad, las riendas de nuestro mundo. 
En el caso de España, Rajoy sabe muy bien que si Tsipras consigue avanzar, aunque sea un palmo, por un camino distinto al que marcan los dictados de las grandes potencias europeas, la victoria de Podemos, primero en las Municipales y autonómicas y después en las Generales que se celebrarán a finales de año, podría estar garantizado y la debacle de un bipartidismo obsoleto que ya no representa a una gran parte de la sociedad, ser un hecho que  no tendría vuelta atrás, complicando de manera ostensible todas las previsiones que para nuestro futuro se habían manejado desde las más altas esferas del Poder absoluto que nos tiraniza.
Así pues, que el Presidente Rajoy responda a las críticas llegadas desde Grecia con el argumento de que no deben hacerse promesas que luego no se pueden cumplir, viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando la viga en el suyo, resulta absolutamente irrelevante, ya que la fuerza de la razón y el establecimiento de la verdad termina siempre por imponerse a cualquier subterfugio ideado para escapar airoso de las situaciones que son, en sí mismas, totalmente adversas.
Porque puede que a Grecia no se la esté dejando actuar, en lo que constituye una clara injerencia en los asuntos de otro Estado, seguramente por encontrarse en soledad, aún, frente a los gigantes que manejan la marcha de una economía exclusivamente diseñada para el enaltecimiento de los ricos, pero si cunde el ejemplo de lo ocurrido allí y en otras naciones, los ciudadanos deciden cambiar con sus votos un rumbo político que ya se considera decididamente  insostenible, la fuerza de los nuevos Partidos políticos y por tanto de sus Presidentes, podría aumentar considerablemente, consiguiendo que la unión haga viable otra clase de futuro, libre del yugo asfixiante que nos aplica una Europa desde hace tiempo desligada, del sentir de la gente.
Puede patalear Rajoy cuánto quiera y puede intentar mil y una maniobras de persuasión con la única ambición de permanecer en el poder, incluso volviendo a lanzar un millón de promesas que, como todos sabemos, después no cumpliría, pero le falta precisamente ese contacto cotidiano con la realidad que vive esta sociedad, para entender meridianamente que como le auguran las encuestas, no solo tiene los días contados como Presidente de este país, sino que además, merece con toda justicia, ser apeado del puesto que ocupa, no ya por lo que pueda ocurrir o no en el país heleno de ahora en adelante, sino por la voluntad de estos españoles a los que tanto maltrató, de todas las maneras posibles, durante el tiempo que duró su mandato.






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