Todas las teorías conspiratorias de Ignacio González, con
respecto al asunto del ático, se vinieron abajo ayer, cuando se hicieron
públicas unas grabaciones en las que instaba a la policía a ocultar la
información que se manejaba en ese momento, en un tono de complicidad que no deja lugar a dudas
sobre la relación existente entre los interlocutores de esta conversación, que
en todo momento pretendía preservar el buen nombre del actual Presidente de la
comunidad de Madrid.
Ni las amenazas ni la extorsión de que decía haber sido
víctima González se reflejan en ninguna de las frases grabadas, sino más bien,
un ambiente distendido de confianza, propio entre dos personas, que más que
superior y subordinado, dan la impresión de ser amigos.
Caen así, los castillos de naipes que con minuciosidad
extrema ha estado levantando González delante de los medios y queda en
entredicho la pretendida inocencia que procuraba defender, haciendo más que
visible, la sombra de una enorme sospecha.
Probablemente, Rajoy ya conociera la existencia de las
grabaciones cuando decidió no postular a González como candidato y como ya
decíamos, no podía permitirse que un nuevo y monumental escándalo terminara por
embarrar del todo la poca credibilidad que le queda al partido que dirige.
Esclavo de sus propias palabras y también de la inmensa
torpeza de discutir a través del teléfono un asunto tan delicado, Ignacio
González empieza a estar cada vez más cerca de ser imputado por la justicia,
viniendo a sumarse a la gran cantidad de miembros del PP de Madrid que han
protagonizado historias de corrupción, como sus correligionarios de la Púnica o
de Gurtel.
El otro protagonista de la grabación, tampoco parece estar
limpio de polvo y paja, pues siendo un simple Comisario de Policía, se le
considera dueño de unas doce empresas millonarias, que cuesta trabajo creer
hayan podido ser levantadas, sólo con el montante de su sueldo.
Pero la historia personal del policía no exime de culpa a
González y las conversaciones mantenidas entre ellos podrían, si nadie lo
remedia, representar la muerte política del todavía Presidente madrileño.
Tampoco esta vez, el PP se afana demasiado en defender la
inocencia de González y sólo el Ministro de Interior se ha prestado a referirse
explícitamente al tema, por cierto, para decir que cuando la conversación
grabada tuvo lugar, el PP todavía no había llegado a la Presidencia del país y
que por tanto, la investigación hubiera correspondido aún, al gobierno de
Zapatero.
Ya debiera saber González, por todo lo que ha sucedido
anteriormente a su alrededor, que a partir de ahora habrá de enfrentarse al
problema en absoluta soledad y que ni tan siquiera podrá esperar la ayuda de su
amantísima Esperanza Aguirre, enfrascada como está, en su propia guerra contra
la cúpula de Génova y la preparación de una campaña electoral que se le viene
encima en pocas fechas.
Así que al Presidente madrileño, le quedan pocas
oportunidades para ejercer su poder, justamente hasta que cualquier otro ocupe
su cargo, por lo que deberá darse prisa en tratar de aclarar, a la mayor
brevedad posible, toda esta trama que le cerca irremediablemente, si no quiere
que le ocurra exactamente lo mismo que le pasó a Bárcenas, al que ahora mismo
debe entender mucho mejor que cuando profería auténticos insultos contra él,
como todos hemos podido oír, no hace demasiado tiempo.
Mirar hacia otro lado,
hacer como si las cosas no existieran o culpar directamente a otro de
todo asunto sucio que solo a este Partido incumbe, ha sido la tónica general
adoptada por el PP y no será el caso de Ignacio González, una excepción en esta
práctica.
Tras años de vida relajada y familiaridad con las altas
esferas, las vacas flacas aguardan detrás de la puerta, a que Ignacio González
culmine su mandato y ya veremos a ver qué le depara exactamente, su incierto
destino.

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