Sólo unos días antes de que se haga efectivo su traslado, el
Juez Ruz considera probado que existió financiación ilegal en el PP, durante
dieciocho años, concediendo toda la credibilidad a los llamados papeles de
Bárcenas e intentará sentar en el banquillo a los dos últimos tesoreros del
Partido conservador, además de a los arquitectos que firmaron la obra de
Génova, reclamando asimismo responsabilidades a los dirigentes políticos que,
con toda probabilidad, habrán de hacer frente a la sanción económica que se imponga, una vez celebrado el juicio.
Todas las reiteradas negativas que los principales líderes
del PP y el propio Mariano Rajoy han expresado durante varios años quedan ahora
en entredicho y la historia que en su día se atrevieron a destapar periódicos
como El Mundo o el País, parece responder completamente a la verdadera realidad
de lo que ocurría entre las paredes de la sede madrileña de los populares,
aunque no habrá imputaciones personales de ningún tipo, al haber prescrito
todos los delitos.
Pero si no estuviéramos en España y un escándalo de esta
categoría se hubiera producido en cualquier otro país democrático del mundo, la
propia esencia de esta película de pura y dura corrupción, hubiera sido
suficiente para provocar una inmediata dimisión en cadena de todo el gobierno
conservador, comenzando por su Presidente.
Resulta imposible imaginar, por mucho que Cospedal o Floriano
se empeñen en defender este argumento, que durante dieciocho largos años,
ninguna de las principales figuras del PP, que trabajaban a diario, codo con
codo con Bárcenas y Lapuerta, se dieran cuenta del trasiego de empresarios que
circulaban por los pasillos del edificio, ni de las generosas “donaciones” que
ofrecían, siempre coincidiendo con la concesión de algún contrato con algún
organismo público, ni del cobro periódico de ciertas cantidades en metálico,
dispuestas en misteriosos sobres que después, todos han negado haber recibido.
Menos creíble aún, es que convivieran con la ejecución de las
obras en la sede, sin percatarse de que se estaban ejecutando o que traten de
hacer creer a la población que el manejo del dinero negro era responsabilidad
exclusiva de los ex tesoreros, que de este modo, habrían financiado de su
propio bolsillo, campañas electorales y remodelaciones de inmuebles, haciendo
alarde de una generosidad tal, que traspasa todos los límites de la cordura de
cualquier ciudadano corriente.
Pero estamos donde estamos y uno se acaba preguntando qué más
haría falta para que alguien presente una dimisión, sin comprender que a día de
hoy, Rajoy y los suyos continúen ejerciendo sus funciones de manera absolutamente
rutinaria, como si el Auto del juez, nada tuviera que ver con ellos y sólo
hubieran tenido la mala fortuna de tropezar con dos empleados, a los que ahora
tachan de delincuentes.
Habrá que continuar esperando, pero todo hace presagiar que
ni Bárcenas ni Lapuerta estarían dispuestos a asumir todas las
responsabilidades que de estos delitos se derivan y que por tanto, seguramente
terminarán intentando probar de la mejor manera que puedan y sepan, que su
labor en el PP, no era otra que estar a las órdenes de quienes en cada uno de los momentos llevaban
las riendas de la Formación y que, lógicamente, serían los responsables
auténticos de todo este entramado corrupto de blanqueo de dinero.
Sería sin embargo deseable, para un mejor esclarecimiento de
los hechos, que alguno de los empresarios extorsionados durante estos dieciocho
años , se decidiera a contar ante el juez de qué modo se produjeron aquellos
encuentros, no solo por la obligación que todos tenemos de colaborar
estrechamente con la justicia, sino para contribuir a que se terminen
radicalmente estas malas prácticas y los contratos con organismos de carácter
público nada tengan que ver, nunca más, con sobornos que contaminan a los ojos
de todos, la imagen de unos políticos españoles, que a causa de hechos como
éstos, han ido perdiendo todo atisbo de credibilidad, a los ojos de una ciudadanía, que no da crédito
a lo que ocurre a su alrededor y que espera que la justicia consiga erradicar,
esta plaga que nos invade sin remedio.
Al batacazo producido en Andalucía, el PP ya puede añadir la
vergüenza que supone el detalladísimo auto de Rus e irse preparando para lo que
sin duda acontecerá en las urnas, en las Municipales y generales, en un corto
plazo de tiempo.
Estamos seguros, de que a pesar de la obligación moral de
tener que hacerlo, ni Rajoy ni los suyos, dimitirán. Pero los sucesos
acumulados en la memoria de los españoles, la sospecha continuada de su
implicación en una multitud de casos como la gurtel, la Púnica o ahora éste,
sumada a la perversa gestión política que han perpetrado contra la sociedad en
general, durante sus años de gobierno, bastarán para que cuando llegue la hora
de decidir, ninguno de nosotros vuelva a introducir en las urnas la papeleta
del PP, en mucho, mucho tiempo.

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