Empiezan a conocerse los nombres de gente estrechamente
relacionada con ciertas operaciones sospechosas de la Banca Privada Andorrana y
los primeros en aflorar, según información del diario El Mundo, ya son
suficientemente conocidos para todos los españoles, al haber sido mencionados
en multitud de ocasiones como sospechosos en casos de corrupción, aunque ellos
lo hayan negado reiteradamente.
Juan Cotino y Miguel Ángel Flores, implicado en el caso del
Madrid Arena, se encontraban entre los clientes del Banco Madrid y seguramente
tendrán que responder por una serie de movimientos de cuentas que los
periodistas se atreven a vincular con los entresijos de la trama Gurtel.
Ya dijimos ayer que este escándalo traería cola, por lo que
tiene que ver con operaciones de blanqueo y aunque sólo ha pasado un día desde
la intervención de estas Entidades bancarias, el tiempo empieza a darnos la
razón y como en otras ocasiones, los únicos auténticamente perjudicados por el
cerrojazo, acaban siendo, los pequeños
ahorradores.
Que Cotino, Flores y otros como ellos que irán apareciendo en
días venideros pierdan parte de su dinero, sinceramente, no nos preocupa,
siempre que no nos paremos a pensar sobre la procedencia de las cantidades
mencionadas, porque de ser cierta la información apuntada por El Mundo, se
trataría de fondos públicos y por tanto, su pérdida nos afectaría
necesariamente a todos nosotros.
Lo peor, es que la situación no solo afecta a los grandes
defraudadores de Hacienda, sino también a personas corrientes que por propia
voluntad o simple cercanía, habían depositado los ahorros de toda su vida en
estos bancos, pensando tal vez que su solvencia estaba garantizada, al estar
ubicados en un país que no se había visto afectado por la crisis.
El escándalo ha venido a demostrar que no, que en este mundo
globalizado en que vivimos, el funcionamiento de todos los bancos sigue
patrones comunes y que no se puede apostar, hasta ahora, porque ninguno de
ellos salvaguarde la confianza que depositan en ellos los clientes.
Quizá por ello resulta absolutamente necesario empezar a
pensar en crear legislaciones mucho más duras que castiguen con contundencia
estas veleidades imperdonables cometidas por la banca y volver a la idea de que
el poder ha de residir en la Política y no en el Dios dinero que se ha
apoderado del mundo y sus habitantes, como todos sabemos.
Las experiencias vividas en este tiempo que todos
recordaremos como la etapa más terrible de nuestras vidas, son un claro ejemplo
de lo poco que importan los hombres, sus valores y su ética y de cómo se ha
instalado entre nosotros esta apisonadora devastadora que denigra la dignidad
personal, hasta límites hasta hace poco, desconocidos.
Si no se pone freno a la inestabilidad emocional que están
creando en nosotros, para retomar el camino de la casi olvidada honestidad, mal
futuro aguarda a este género humano nuestro, que cada vez es más prisionero de
las amargas doctrinas del capitalismo.

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