martes, 17 de marzo de 2015

Los VIP del corralito


Empiezan a conocerse los nombres de gente estrechamente relacionada con ciertas operaciones sospechosas de la Banca Privada Andorrana y los primeros en aflorar, según información del diario El Mundo, ya son suficientemente conocidos para todos los españoles, al haber sido mencionados en multitud de ocasiones como sospechosos en casos de corrupción, aunque ellos lo hayan negado reiteradamente.
Juan Cotino y Miguel Ángel Flores, implicado en el caso del Madrid Arena, se encontraban entre los clientes del Banco Madrid y seguramente tendrán que responder por una serie de movimientos de cuentas que los periodistas se atreven a vincular con los entresijos de la trama Gurtel.
Ya dijimos ayer que este escándalo traería cola, por lo que tiene que ver con operaciones de blanqueo y aunque sólo ha pasado un día desde la intervención de estas Entidades bancarias, el tiempo empieza a darnos la razón y como en otras ocasiones, los únicos auténticamente perjudicados por el cerrojazo, acaban siendo,  los pequeños ahorradores.
Que Cotino, Flores y otros como ellos que irán apareciendo en días venideros pierdan parte de su dinero, sinceramente, no nos preocupa, siempre que no nos paremos a pensar sobre la procedencia de las cantidades mencionadas, porque de ser cierta la información apuntada por El Mundo, se trataría de fondos públicos y por tanto, su pérdida nos afectaría necesariamente a todos nosotros.
Lo peor, es que la situación no solo afecta a los grandes defraudadores de Hacienda, sino también a personas corrientes que por propia voluntad o simple cercanía, habían depositado los ahorros de toda su vida en estos bancos, pensando tal vez que su solvencia estaba garantizada, al estar ubicados en un país que no se había visto afectado por la crisis.
El escándalo ha venido a demostrar que no, que en este mundo globalizado en que vivimos, el funcionamiento de todos los bancos sigue patrones comunes y que no se puede apostar, hasta ahora, porque ninguno de ellos salvaguarde la confianza que depositan en ellos los clientes.
Quizá por ello resulta absolutamente necesario empezar a pensar en crear legislaciones mucho más duras que castiguen con contundencia estas veleidades imperdonables cometidas por la banca y volver a la idea de que el poder ha de residir en la Política y no en el Dios dinero que se ha apoderado del mundo y sus habitantes, como todos sabemos.
Las experiencias vividas en este tiempo que todos recordaremos como la etapa más terrible de nuestras vidas, son un claro ejemplo de lo poco que importan los hombres, sus valores y su ética y de cómo se ha instalado entre nosotros esta apisonadora devastadora que denigra la dignidad personal, hasta límites hasta hace poco, desconocidos.
Si no se pone freno a la inestabilidad emocional que están creando en nosotros, para retomar el camino de la casi olvidada honestidad, mal futuro aguarda a este género humano nuestro, que cada vez es más prisionero de las amargas doctrinas del capitalismo.


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