domingo, 8 de marzo de 2015

Dúo de Reinas


El flemático Mariano Rajoy elige, agotando al máximo los plazos, a Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre como Candidatas a la Presidencia Autonómica  y la Alcaldía de Madrid, propinando un tácito varapalo a Ignacio González, tras la reapertura del caso del ático de Benalmádena, que tantos quebraderos de cabeza le ha traído.
No le ha quedado otra opción al líder de los populares que la de apartar al actual Presidente de la Comunidad, que como ya decíamos hace unos días, estaba prácticamente seguro de repetir como candidato junto a su querida Aguirre, que por su parte, no ha dudado en aceptar el llamamiento de su Partido, aún teniendo que prescindir del que fuera su número dos y demostrando que puede más la ambición que la solidaridad con el que fuera su amigo.
Apuesta el PP por este dúo de Reinas, compuesto por dos destacadas figuras archiconocidas en la política nacional, la una por haber sido la número uno del gobierno de Madrid durante los años en que se fueron fraguando las más importantes tramas de corrupción que se encuentran en la actualidad en manos de la justicia y la otra, por haber estado al frente de la Delegación de Gobierno en la capital y haber ordenado todas las actuaciones policiales frente a los múltiples actos de protesta que se han venido sucediendo en esta legislatura y de cuya dureza, no ha quedado a nadie la menor duda, sobre todo en la forma en que se ha perseguido y acosado a los manifestantes, indiscriminadamente y sin que existiera en ninguna ocasión, un móvil que justificara la violencia que se ha ejercido sobre ellos.
Sin embargo, Rajoy parece confiar en que estas dos mujeres consigan aglutinar el voto perdido del PP, la una, por representar manifiestamente los intereses del ala más conservadora de la Formación y la otra porque, al menos en apariencia, estaría más cerca de las posturas centristas que en muchos casos se han ido abandonando durante los últimos años, causando estragos en la intención de voto, según reflejan todas las encuestas.
 Poco o nada parecen importar las enormes diferencias que han tenido Rajoy y Aguirre, prácticamente desde que se conocieron, ni la profunda enemistad existente entre ellos, que ninguno de los dos ha tenido la delicadeza de disimular de cara a la galería, cuando se trata de no perder uno de los graneros de votos tradicionalmente conservadores, que junto a los de la Comunidad valenciana constituyen prácticamente el grueso del poder con que siempre han contado los populares en España.
Pero si los pronósticos se cumplen, ni Cifuentes ni Aguirre ocuparan los puestos a que aspiran durante los próximos cuatro años, en un ambiente convulso que nada tendrá que ver con la plácida comodidad a que estaba acostumbrado el PP, en esta parte del territorio patrio. Todo el protagonismo que tuvieron habrá entrado a partir de entonces en franca decadencia y habrán de enfrentarse no sólo a su tradicional enemigo, el PSOE, sino también a los elegidos pertenecientes a Podemos y casi con toda seguridad,  a los procedentes de los Ciudadanos de Albert Rivera, que representan además, una fuerte competencia ideológica para los populares.
Así que más que Reinas, Cifuentes y Aguirre se convertirán, con toda probabilidad, en dos simples peones de brega a los que no quedará otro remedio que soportar lo mejor que puedan los purulentos ataques que sin duda están por llegar, de parte del resto del arco político, en un periodo en el que seguramente llegará la resolución judicial de muchos de los casos abiertos de corrupción que acucian a su Partido y que hasta ahora, se han ido dilatando en el tiempo, quizá por razones de un poder, que para entonces ya estará perdido.
Puede que la venganza de Rajoy contra Aguirre consista precisamente en eso. En poder verla destronada y lanzada a las fauces de todos los leones que la esperan con avidez para devorarla, en sentido estrictamente político, mientras él hace lo que puede por evitar su propia debacle, si es que eso es aún posible.






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