Si todas las teorías conspirativas denunciadas por los
políticos españoles hubieran sido ciertas y se hubiera pretendido ir contra
otros en tantas ocasiones como se ha dicho, a lo largo de los últimos años de
nuestra Historia, muchos de los sucesos
importantes que han quedado plasmados en los libros para la posteridad hubieran
tenido otro final muy distinto al que conocemos y un gran número de personas
que han tenido que enfrentarse después a la justicia por flagrante comisión de
delito permanecerían en el poder, mientras que nuestras cárceles, hoy por hoy,
estarían plagadas de conspiradores.
Pero suena bien declarar ante los medios de comunicación que
se es víctima de persecución cuando pesa sobre uno la sombra de alguna sospecha
y defender a capa y espada una decencia que en muchas ocasiones queda luego
bastante maltrecha cuando aparecen determinadas evidencias, aunque sólo sea
para intentar alcanzar una impunidad que en muchos casos, ha resultado ser del
todo incomprensible.
No pasa un día sin que aparezca una nueva denuncia sobre
algaradas conspirativas y ahora le ha tocado el turno al Presidente de la
Comunidad de Madrid, Ignacio González, en relación con un ático en Estepona,
que viene siendo investigado por la policía desde hace bastante tiempo y que
vuelve al plano de la actualidad, de manos de un periodista del Mundo,
precisamente cuando se daba casi por cierto que Gónzalez sería el candidato
elegido por Rajoy para continuar en el puesto que ocupa, contando con que los
ciudadanos le siguieran otorgando su voto.
Sucesor de Esperanza Aguirre cuando abandonó el puesto,
Ignacio González se ha paseado por una cuerda floja, prácticamente desde el
mismo día en que ocupó su cargo y hasta ahora, había conseguido zafarse de la
multitud de sospechas de toda índole que
han pululado sobre su cabeza, aunque en numerosas ocasiones ha estado a punto
de ser imputado por la justicia, como cuando lo fue su propia esposa, después
liberada sin que se nos haya explicado bien por qué, cosa que viene siendo bastante
habitual, aunque no nos convenza en absoluto.
La respuesta de González a estos artículos de El mundo ha
sido inmediata y cómo no, apoyada en el argumento de la recurrente teoría de la
conspiración, llegando al punto de acusar a varios cargos policiales de haber
intentado extorsionarle en cierta reunión que mantuvieron hace algún tiempo,
por lo que no se explica que sigan ocupando sus cargos.
Le ha debido sentar fatal que cuando prácticamente contaba
con ser proclamado candidato, por cierto tal vez, junto a su amadísima
Esperanza Aguirre, la prensa haya venido a truncar todas sus ilusiones
volviendo a retomar el tema del ático alquilado o regalado, dicen las malas
lenguas que por Enrique Cerezo, insistiendo en que la titularidad del mismo se
consiguió a cambio de determinados favores en el terreno inmobiliario, que se
convirtieron en mucho más importantes, cuando heredó la Presidencia de la Comunidad.
Mientras se prueba o no, Rajoy no se puede permitir incluir
en las listas electorales a González, sobre todo porque tratándose de Madrid,
no debe arriesgarse a perder la
fidelidad de un electorado, bastante escamado últimamente con tantos casos de
corrupción ocurridos dentro del marco geográfico en que habitan.
Así que la retrasadísima elección de candidato, habrá de
hacerse al final, deprisa y corriendo y teniendo que recurrir a algún nombre
que, al menos en principio, se encuentre totalmente limpio de polvo y paja,
dentro de una Autonomía, en la que nadie parece ser lo que parece y en la que
no paran de surgir corruptelas políticas relacionadas de algún modo con el PP,
por mucho empeño que ponga este Partido, en no reconocerlo.
Como otras veces, tampoco le funcionan a González sus
delirios conspirativos y de momento, se ha encontrado con que uno de los mandos
policiales a los que acusa de extorsión, le ha interpuesto una demanda, que ya
veremos si acaba prosperando.
Y es que los
espejismos que sueñan ver algunos, probablemente en un intento desesperado por
escapar a una realidad que se impone por encima de sus deseos más íntimos,
terminan por desvanecerse ante sus propios ojos dejándoles en evidencia ante
una Sociedad que no puede evitar esbozar una sonrisa, cada vez que se le habla
de esta caza de presuntos inocentes, que al final, resulta que no lo son tanto.

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