Es necesario tener la paciencia de Job, para sentarse a ver
los Debates a tres bandas organizados alrededor de las Elecciones andaluzas y
hacer esfuerzos inconmensurables por mantenerse despierto frente a la pantalla
de televisión, sin que Díaz, Moreno ni Maíllo consigan en ningún momento captar
la atención de los pocos ciudadanos que se atreven a oirlos.
Un escenario más propio de las retransmisiones que se hacían
en América, allá por los años sesenta, con los tres líderes escudados
hieráticamente detrás de un atril y teniendo que atenerse a un marcado y
escrupuloso turno de intervención, sin oportunidad de interrumpir más que
cuando alguno se atreve a romper las normas, recibe a un espectador que en principio, ya advierte la ausencia de
los representantes de nuevos Partidos a los que no se invita aduciendo que
carecen de representación parlamentaria y no hay más que empezar a escuchar a
cada uno de estos intervinientes, para comprender que no solo es la escena la
que parece sacada de otra época, sino que también lo es el viejo y manido
discurso que cada uno de ellos está dispuesto a ofrecernos.
Por un lado, el bipartidismo en estado puro, al que no duelen
prendas en atacar al que hasta ahora, ha
sido su más inmediato contrincante y que no solo ignora que se encuentra
presente el representante de IU, sino que evita referirse a que existen nuevas
Formaciones, como Ciudadanos o Podemos, que vienen empujando con fuerza en el panorama político español y a los que
injustamente se niega la oportunidad de ofrecer su alternativa, para que los
ciudadanos puedan decidir , en libertad y soberanamente, a quiénes otorgarán
finalmente su voto.
Encajonados en idénticas teorías a las que defendieron en
aquellas Primeras elecciones del 77, que algunos, por edad, recordamos, la
Presidenta Andaluza y el cuasi desconocido Moreno Bonilla y también el comparsa
Maíllo, a quién las encuestas auguran un estrepitoso fracaso, ofrecen la penosa
imagen de tres líderes jóvenes, que sin embargo, han sido incapaces de
evolucionar en sus planteamientos políticos, que se limitan a un cruce de acusaciones, ahora indefectiblemente unidas a
los múltiples casos de corrupción y más enfrascados en hacer caer la imagen del
rival que tienen enfrente, que en ofrecer a los andaluces una serie de ofertas
creíbles, con las que puedan ir saliendo de la honda profundidad de la crisis,
que desgraciadamente viven, seguramente por causa de la espantosa gestión que
PP y PSOE han hecho en el País y también en Andalucía, en estos últimos años.
A raíz de lo que uno está oyendo, palabra, que la primera
intención es la de apagar el televisor y marcharse a otra cosa, pero le detiene
la obligación impuesta de tener que informar sobre la pantomima organizada por
esta televisión pública, que cada vez se halla más influida por el partido en
el poder y que ya casi, ni se molesta en ocultarlo.
Pero el tiempo completo del programa, no causa más que una
profunda decepción y la corroboración inmediata de la idea de que estos
individuos, hace ya muchos años que dejaron de representar los intereses de los
ciudadanos.
Sinceramente, oyéndoles, no se puede entender que haya aún
gente, que o bien por cuestiones de miedo, por falsa lealtad o por mera
prudencia, pueda votar a estos impresentables que quiéranlo ellos o no, son una
imagen viva de lo que representa ser casta.

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