Tras varios años de lucha para recuperar los ahorros robados
en el asunto de las preferentes, a la gente se le ha agotado hoy la paciencia y
han perdido los nervios, a la llegada de Miguel Blesa a los juzgados,
produciéndose un intento masivo de linchamiento, repelido inmediatamente por
los agentes de la policía nacional.
La injustificable acción, sin embargo, tiene mucho que ver
con lo que hemos ido conociendo, casi con cuentagotas, de la pasada historia de
Blesa y que necesariamente debe afectar mucho más que a cualquiera de nosotros,
a todos aquellos que han visto como sus ahorros de toda la vida se esfumaban
por el coladero ofrecido a todos ellos por la Banca, como una panacea para
incrementar los intereses producidos por el dinero que cada uno poseía y que ha
resultado ser después, una de las estafas más grandes de cuántas se han
producido en este país, sin que por el momento, nada hayan hecho ni los
políticos ni los jueces, para que la totalidad de los afectados puedan
recuperar lo robado.
Entretanto, Blesa, Rato y los suyos disfrutaban
descaradamente de un nivel de vida inimaginable para cualquier ciudadano
decente, despilfarrando auténticos capitales, en la peor época de la crisis,
amparados tras la opacidad de las tarjetas Black que Bankia, la entidad que ha
necesitado ser rescatada y que casi lleva a la quiebra al país entero, ponía a
disposición de estos individuos, por supuesto sin declarar su existencia ante
Hacienda, como todos sabemos.
Cayó el Juez Silva, sin que se le haya restituido en su
puesto, por ordenar la encarcelación de Blesa, seguramente estando seguro de la
podredumbre que se ocultaba bajo su rimbombante puesto y aún hoy, a pesar de
todo cuanto hemos ido conociendo después, este individuo y varios más de los
que se codeaban con él de igual a igual en la Entidad que dirigía, continúan en
la calle, mientras los preferentistas siguen apostados en la calle, clamando en
un desierto, para que les sea devuelto lo que éstos y otros personajes de
similar catadura les estafaron, amparados por el silencio de un Gobierno, que
ha decidido mirar hacia otro lado en esta cuestión, como en tantas otras que
por ser como son, le perjudican considerablemente.
Visto el panorama, lo raro es que la paciencia de los
preferentistas, muchos de ellos personas de avanzada edad, haya conseguido llegar hasta aquí y que nadie haya
perdido los nervios de manera violenta antes de hoy, a pesar de que muchos de
sus compañeros hayan incluso muerto, esperando en vano una resolución para sus
gravísimos problemas.
Cómo esperaba Blesa que reaccionara esta gente ante su
presencia, no lo sabemos, pero sí que hemos podido oír en varias ocasiones lo
que manifestaba sobre el asunto, adoptando por cierto, una actitud
significativamente despreciativa y chulesca, que podría añadir, si cabe, mayor
indignación al sentimiento general que los afectados por las preferentes ya
manifestaban contra él y que hoy se ha materializado en un conato de violencia,
que afortunadamente, no ha quedado después, en nada.
Prepárense sin embargo estos personajes relacionados
directamente con este entramado, para recibir cada vez que aparezcan
públicamente, la repulsa de este casi millón de preferentistas, cuya vida han
convertido en un auténtico calvario y no esperen, desde luego, recibir de
ellos, ninguna comprensión, aún cuando terminen siendo juzgados y condenados
por la justicia.
Al fin y al cabo ¿Qué han hecho ellos por estas personas,
sino atacarles, vejarles y colocarles innecesariamente al borde la ruina
económica, por cierto, sin el menor pudor al hacerlo?

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