domingo, 15 de marzo de 2015

La causa de todos los males


Con unos cuantos años de retraso, la incertidumbre se apodera de Andorra en forma de gran escándalo bancario, poniendo al pequeño país casi hermano que durante décadas ejerció de paraíso fiscal para tantos evasores de impuestos, en la misma situación que ya padecimos con anterioridad en España y viniendo a demostrar que cuando se empieza a hablar  de crisis, sólo es una la causa de todos los males.
La Banca, esa institución que se supone fue creada para que los pequeños ahorradores guardaran de modo seguro el escaso montante que les quedaba después de haber sufragado los gastos de primera necesidad, hace ya tiempo que decidió posicionarse, sin corazón, al lado de las grandes fortunas  e ignorar descaradamente los límites marcados por la legalidad, dedicando todos sus esfuerzos y recursos a la única intención de engrosar los pingues beneficios de sus ya multimillonarios dueños.
En estos últimos años, ya habíamos conocido flagrantes casos de evasión de capitales que indefectiblemente terminaban relacionados con Andorra, como los de la familia Pujol o en menor medida, el de Moserrat Caballé, por ejemplo, aunque siempre han existido fundadas sospechas de que para los ricos españoles, el país vecino era un destino que por su cercanía se consideraba perfecto, si se trataba de ocultar fortunas de cierta envergadura, a los ojos inquisidores de Hacienda.
Pero últimamente la Banca no ha sido precisamente un ejemplo del buen funcionamiento empresarial y como hemos podido ver y conocer en el caso de nuestro país, muchas de ellas han tenido que ser intervenidas o restacadas por gestiones que incluso han llegado a poner en peligro la economía nacional, aunque a toda costa se haya intentado maquillar u ocultar los datos que demostraban el riesgo de quiebra.
La intervención de la Banca Privada Andorrana y la inmediata investigación de su filial en España, el banco de Madrid, han hecho saltar todas las alarmas la semana pasada, con el agravante de que al ser Andorra una nación de una extensión muy limitada, el problema podría hacer tambalearse fulminantemente la estabilidad económica del Principado, que hasta ahora había conseguido escapar brillantemente de los efectos más negativos de la crisis.
Para sus habitantes, seguramente bien enterados de lo mal que han ido las cosas en España en los últimos tiempos, la sola posibilidad de que el terrible ejemplo pudiera cundir dentro de sus fronteras, ha de ser necesariamente un grave motivo de preocupación, ya que la banca ha de constituir sin duda alguna, su fuente más importante de ingresos.
Tanto es así, que el mismo Presidente decidió intervenir en televisión para tranquilizar, en principio, a los ciudadanos, aunque precisamente esa intervención podría dar idea de que la situación es mucho más grave de lo que hasta el día de hoy se podría haber creído.
 Porque si el prestigio de la Banca en Andorra termina por deteriorarse y los dueños de las grandes fortunas allí depositadas comienzan a pensar  que su dinero ya no está seguro en el Principado, pronto habrá una huída masiva de estos capitales hacia otros destinos supuestamente más solventes y a la pequeña Andorra sólo le quedarán los ingresos que pueda obtener por medio del turismo de nieve o el comercio.
La historia vuelve a repetirse y tal como ocurriera aquí hace unos años, nada bueno puede derivarse de la inestabilidad de un sector que se considera fundamental para el desarrollo de la economía de cualquier país, en este mundo globalizado y capitalista en que vivimos.
A los ciudadanos de Andorra, les ha llegado el turno de conocer en carne propia los efectos devastadores del paro y la miseria. Y qué casualidad, sus penurias empiezan, exactamente en el mismo lugar en que comenzaron las nuestras.






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