Estremece pensar que la generación de jóvenes sin futuro que habita nuestro país, entiende como causa prioritaria para tomar las calles, cualquier evento que tenga que ver con el fútbol, pero la verdad es que cada vez que algún equipo se proclama campeón en alguno de los ,muchos torneos que se celebran en esta modalidad deportiva, una multitud enfervorizada sale inmediatamente de sus casas para reunirse en algún lugar emblemático, a celebrar el triunfo.
Estos hombres y mujeres que forman parte de nuestra sociedad y que por tanto, comparten también los gravísimos problemas que nos acechan en la actualidad, son exactamente los mismos que permanecen inertes mientras soportan la larga letanía de agravios que nos hacen padecer a diario los nefastos políticos que nos gobiernan y sin embargo, únicamente alzan la voz para cantar el alirón, si es su equipo el que vence en la contienda.
Están afectados, como todos, por las altas tasas de desempleo que atacan directamente su dignidad sin permitirles pensar en el mañana, son víctimas de los recortes sanitarios teniendo que sufragar a partir de ahora una parte de los medicamentos necesarios para curarse de sus dolencias y también habrán de pagar unas tasas de matrícula desorbitadas si pretenden seguir recibiendo algún tipo de educación. Son explotados por empresarios que los contratan para cubrir jornadas maratonianas mientras sólo declaran un par de horas en los organismos pertinentes y en la mayoría de los casos, son despedidos de sus empleos sin explicación y sin derecho a indemnización alguna.
Y sin embargo, ninguna de estas causas parece afectar suficientemente a nuestros conciudadanos como para hacerlos abandonar la comodidad del hogar cuando se requiere su presencia en algún tipo de convocatoria de protesta. Su indignación no ha debido alcanzar aún una cota lo suficientemente alta, como para hacerlos salir de su mutismo.
Pero basta que cualquiera de los clubes que conforman el panorama futbolero español requiera de ellos, para estar como un clavo en el lugar de la cita y aclamar embravecidamente a los “héroes” que cometieron la proeza de derrotar a su inmediato rival, convirtiendo las calles en lugares intransitables y aguantando en ellas hasta el amanecer, cada vez que la ocasión lo requiere.
Nada importa si en este País, donde a a diario se sigue recortando de las partidas destinadas a lo social, el club favorito debe al Estado una cantidad de dinero suficiente para poder sacar del desempleo a una enorme cantidad de españoles o las cifras astronómicas que se pagan por los jugadores, al lado mismo de donde viven los que como único recurso, cuentan con un subsidio de cuatrocientos euros. Nada importa que las entradas para los partidos alcancen precios incosteables para el bolsillo de cualquiera, ni que el deporte se haya convertido en un negocio, las más de las veces asociado a personas que acaban teniendo que rendir cuentas ante la justicia, ni que los directivos de dichos clubes sean por lo general, dueños de capitales inmensos, aunque morosos con cualquier cosa que tenga que ver con Hacienda.
Si los equipos llaman, se pone en marcha todo un mecanismo de atracción fatal y los españoles responden a la llamada, como si les fuera la vida en ello y el fútbol fuera a sacarlos de su miseria, en una especie de milagro repentino.
Puede que la labor de alienación ejercida desde los gobiernos sobre los ciudadanos más influenciables esté dando los frutos apetecidos y el montaje organizado con la aquiescencia de los medios de comunicación, haya conseguido idiotizar a la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
Porque si la gravedad de los acontecimientos que soportamos obtiene como única respuesta un ensordecedor silencio y el circo futbolero mueve a millones de personas todos los días, a lo largo y ancho del territorio patrio, o algo está funcionando mal, o somos mucho menos inteligentes de lo que podría esperarse a estas alturas de nuestras vidas.
Si la prioridad del pueblo español es la marcha de la liga, en lugar de encontrar un medio para detener el `retroceso que se está sufriendo, a causa de la mala gestión de quienes nos gobiernan, habría que empezar a pensar que muchas de las cosas que se nos dicen no son verdad y que en todo caso, se exageran sin límite, como una forma más de hacernos caer en la trampa que se nos tiende, sin aclarar los fines que se persiguen.
Si a la ciudadanía en general, le preocupa mucho más quién gane la liga que poner fin a una situación de desempleo continuado, por ejemplo, o no existe tal número de parados, o el mundo se ha convertido en un lugar que no entiende ni el más inteligente de los sabios.
Estos hombres y mujeres que forman parte de nuestra sociedad y que por tanto, comparten también los gravísimos problemas que nos acechan en la actualidad, son exactamente los mismos que permanecen inertes mientras soportan la larga letanía de agravios que nos hacen padecer a diario los nefastos políticos que nos gobiernan y sin embargo, únicamente alzan la voz para cantar el alirón, si es su equipo el que vence en la contienda.
Están afectados, como todos, por las altas tasas de desempleo que atacan directamente su dignidad sin permitirles pensar en el mañana, son víctimas de los recortes sanitarios teniendo que sufragar a partir de ahora una parte de los medicamentos necesarios para curarse de sus dolencias y también habrán de pagar unas tasas de matrícula desorbitadas si pretenden seguir recibiendo algún tipo de educación. Son explotados por empresarios que los contratan para cubrir jornadas maratonianas mientras sólo declaran un par de horas en los organismos pertinentes y en la mayoría de los casos, son despedidos de sus empleos sin explicación y sin derecho a indemnización alguna.
Y sin embargo, ninguna de estas causas parece afectar suficientemente a nuestros conciudadanos como para hacerlos abandonar la comodidad del hogar cuando se requiere su presencia en algún tipo de convocatoria de protesta. Su indignación no ha debido alcanzar aún una cota lo suficientemente alta, como para hacerlos salir de su mutismo.
Pero basta que cualquiera de los clubes que conforman el panorama futbolero español requiera de ellos, para estar como un clavo en el lugar de la cita y aclamar embravecidamente a los “héroes” que cometieron la proeza de derrotar a su inmediato rival, convirtiendo las calles en lugares intransitables y aguantando en ellas hasta el amanecer, cada vez que la ocasión lo requiere.
Nada importa si en este País, donde a a diario se sigue recortando de las partidas destinadas a lo social, el club favorito debe al Estado una cantidad de dinero suficiente para poder sacar del desempleo a una enorme cantidad de españoles o las cifras astronómicas que se pagan por los jugadores, al lado mismo de donde viven los que como único recurso, cuentan con un subsidio de cuatrocientos euros. Nada importa que las entradas para los partidos alcancen precios incosteables para el bolsillo de cualquiera, ni que el deporte se haya convertido en un negocio, las más de las veces asociado a personas que acaban teniendo que rendir cuentas ante la justicia, ni que los directivos de dichos clubes sean por lo general, dueños de capitales inmensos, aunque morosos con cualquier cosa que tenga que ver con Hacienda.
Si los equipos llaman, se pone en marcha todo un mecanismo de atracción fatal y los españoles responden a la llamada, como si les fuera la vida en ello y el fútbol fuera a sacarlos de su miseria, en una especie de milagro repentino.
Puede que la labor de alienación ejercida desde los gobiernos sobre los ciudadanos más influenciables esté dando los frutos apetecidos y el montaje organizado con la aquiescencia de los medios de comunicación, haya conseguido idiotizar a la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
Porque si la gravedad de los acontecimientos que soportamos obtiene como única respuesta un ensordecedor silencio y el circo futbolero mueve a millones de personas todos los días, a lo largo y ancho del territorio patrio, o algo está funcionando mal, o somos mucho menos inteligentes de lo que podría esperarse a estas alturas de nuestras vidas.
Si la prioridad del pueblo español es la marcha de la liga, en lugar de encontrar un medio para detener el `retroceso que se está sufriendo, a causa de la mala gestión de quienes nos gobiernan, habría que empezar a pensar que muchas de las cosas que se nos dicen no son verdad y que en todo caso, se exageran sin límite, como una forma más de hacernos caer en la trampa que se nos tiende, sin aclarar los fines que se persiguen.
Si a la ciudadanía en general, le preocupa mucho más quién gane la liga que poner fin a una situación de desempleo continuado, por ejemplo, o no existe tal número de parados, o el mundo se ha convertido en un lugar que no entiende ni el más inteligente de los sabios.

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