Siguiendo el ejemplo marcado por Argentina, el Presidente Evo Morales expropió ayer la Filial de la Red Eléctrica en Bolivia, en lo que podría convertirse en una cadena de intervenciones sobre el capital español en el cono sur, que pondría en entredicho el futuro de las empresas que se establecieron allí, buscando un modo de expansión que en principio, se consideraba como provechoso.
Ante la falta de respuesta del gobierno Rajoy a lo sucedido con Repsol la pasada semana, más de un país ha debido considerar que ha llegado una buena oportunidad de recuperar organismos cedidos en graves momentos de tensión económica, pero que las inversiones de los pasados años han ido saneando hasta convertirlos en negocios ciertamente florecientes.
Apelando en todos los casos a un nacionalismo populista, que convierte estas acciones en una especie de desvinculación de un colonialismo extranjero, los Presidentes hispanoamericanos tratan de recuperar estas sociedades por un precio infinitamente menor que el de su valor real y a ser posible, eludiendo tener que pagar costo alguno por las expropiaciones, si consiguen dilatar en el tiempo, el momento de hacer efectivas las compensaciones..
Subyace además en el asunto, un cierto rencor encubierto hacia la “madre patria” que tanta riqueza arrancó de estas tierras en los tiempos del descubrimiento y que nunca devolvió realmente a los auténticos propietarios de aquellas riquezas. Es como si aún se esperara una declaración de culpabilidad por parte de los españoles, asumiendo los muchos desmanes que se cometieron contra los pueblos indígenas de entonces y que en tan mala situación los dejó cuando acabó la etapa de ocupación que allí ejercieron durante tanto tiempo.
Este sentimiento podría explicar que las expropiaciones solo se hayan dirigido contra empresas españolas, permitiendo quedarse a otras entidades provenientes de otros países, como Estados Unidos, por ejemplo, y que además lleguen en el momento en que España atraviesa una de las peores crisis de su historia, teniendo que atender con prioridad absoluta a los asuntos más urgentes de su cotidianidad, sin que le quede mucho tiempo para reclamaciones o pleitos, allende sus fronteras.
Pero, volvemos a repetir, el perjuicio mayor de esta historia, lo llevan los pequeños inversores que pusieron en estas empresas los ahorros de toda una vida y que ahora quedan en total desamparo, si las expropiaciones se confirman y no ha lugar a recuperar el capital en la resolución final del asunto.
^Puede que estas acciones satisfagan en su totalidad a los ciudadanos de Hispanoamérica y que reafirmen su identidad popular dándoles la sensación de haber terminado con el opresor que explotaba sus fuentes de riqueza, pero habrá que esperar un tiempo prudencial para ver en qué y quiénes revierte la productividad conseguida a partir de ahora, aunque lo más seguro es que no palie en nada la situación de pobreza extrema de las clases humildes y acabe engrosando los capitales de los poderosos, abundando en las diferencias sociales ya existentes en esta parte del mundo.
De momento, si el gobierno Rajoy no avanza una respuesta rápida y no acaba de conseguir contundencia por parte de sus socios europeos para que estos hechos no se repitan, la reacción de otras naciones cercanas a Bolivia y Argentina podría ser la de dar un paso adelante para expropiar también, en vista de que las consecuencias de hacerlo son de una tibieza inusitada.
Empresas como Telefónica, Mapfre, y algunas otras relacionadas con los seguros y las comunicaciones, ven tambalearse su futuro en Sudamérica y seguramente estarán urgiendo al ejecutivo español para que no deje pasar lo ocurrido sin actuar de manera tajante.
Este inesperado mazazo proveniente del otro lado del Océano viene a sumarse a la gran cartera de problemas que acucian al Partido Popular, a sólo cuatro meses de su llegada al poder y vuelve a poner en evidencia su inutilidad para manejar situaciones difíciles, ni aquí, donde los parados están a punto de alcanzar los seis millones de almas, ni allí, donde permite que se nos arrebate un modo de generar beneficios, sin atreverse a caminar un solo paso sin el beneplácito de la señora Merkel.
Ante la falta de respuesta del gobierno Rajoy a lo sucedido con Repsol la pasada semana, más de un país ha debido considerar que ha llegado una buena oportunidad de recuperar organismos cedidos en graves momentos de tensión económica, pero que las inversiones de los pasados años han ido saneando hasta convertirlos en negocios ciertamente florecientes.
Apelando en todos los casos a un nacionalismo populista, que convierte estas acciones en una especie de desvinculación de un colonialismo extranjero, los Presidentes hispanoamericanos tratan de recuperar estas sociedades por un precio infinitamente menor que el de su valor real y a ser posible, eludiendo tener que pagar costo alguno por las expropiaciones, si consiguen dilatar en el tiempo, el momento de hacer efectivas las compensaciones..
Subyace además en el asunto, un cierto rencor encubierto hacia la “madre patria” que tanta riqueza arrancó de estas tierras en los tiempos del descubrimiento y que nunca devolvió realmente a los auténticos propietarios de aquellas riquezas. Es como si aún se esperara una declaración de culpabilidad por parte de los españoles, asumiendo los muchos desmanes que se cometieron contra los pueblos indígenas de entonces y que en tan mala situación los dejó cuando acabó la etapa de ocupación que allí ejercieron durante tanto tiempo.
Este sentimiento podría explicar que las expropiaciones solo se hayan dirigido contra empresas españolas, permitiendo quedarse a otras entidades provenientes de otros países, como Estados Unidos, por ejemplo, y que además lleguen en el momento en que España atraviesa una de las peores crisis de su historia, teniendo que atender con prioridad absoluta a los asuntos más urgentes de su cotidianidad, sin que le quede mucho tiempo para reclamaciones o pleitos, allende sus fronteras.
Pero, volvemos a repetir, el perjuicio mayor de esta historia, lo llevan los pequeños inversores que pusieron en estas empresas los ahorros de toda una vida y que ahora quedan en total desamparo, si las expropiaciones se confirman y no ha lugar a recuperar el capital en la resolución final del asunto.
^Puede que estas acciones satisfagan en su totalidad a los ciudadanos de Hispanoamérica y que reafirmen su identidad popular dándoles la sensación de haber terminado con el opresor que explotaba sus fuentes de riqueza, pero habrá que esperar un tiempo prudencial para ver en qué y quiénes revierte la productividad conseguida a partir de ahora, aunque lo más seguro es que no palie en nada la situación de pobreza extrema de las clases humildes y acabe engrosando los capitales de los poderosos, abundando en las diferencias sociales ya existentes en esta parte del mundo.
De momento, si el gobierno Rajoy no avanza una respuesta rápida y no acaba de conseguir contundencia por parte de sus socios europeos para que estos hechos no se repitan, la reacción de otras naciones cercanas a Bolivia y Argentina podría ser la de dar un paso adelante para expropiar también, en vista de que las consecuencias de hacerlo son de una tibieza inusitada.
Empresas como Telefónica, Mapfre, y algunas otras relacionadas con los seguros y las comunicaciones, ven tambalearse su futuro en Sudamérica y seguramente estarán urgiendo al ejecutivo español para que no deje pasar lo ocurrido sin actuar de manera tajante.
Este inesperado mazazo proveniente del otro lado del Océano viene a sumarse a la gran cartera de problemas que acucian al Partido Popular, a sólo cuatro meses de su llegada al poder y vuelve a poner en evidencia su inutilidad para manejar situaciones difíciles, ni aquí, donde los parados están a punto de alcanzar los seis millones de almas, ni allí, donde permite que se nos arrebate un modo de generar beneficios, sin atreverse a caminar un solo paso sin el beneplácito de la señora Merkel.

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